La elección del Rector y los directores

No es propia la idea, pero coincidimos totalmente con ella.
Nuestra Universidad Autónoma de Tamaulipas ha convertido los procesos de selección de sus dirigentes en meros eventos políticos, donde poco o nada tiene que ver en diversas circunstancias el devenir académico y educativo que debe manejar una casa de estudios.
Entendemos que el rector debe ser una persona preparada para administrar y concertar con los directores de cada Facultad, Unidad o escuela, pero diferimos totalmente en la forma con que se lleva el proceso.
No podemos, en cada escuela, ver que los candidatos se conviertan en bufones de la comunidad y se oferten al mejor postor, ofertando privilegios por votos. Así sucede, y los candidatos van y ofrecen las perlas de la virgen por el voto.
No es la esencia académica. No, al menos, en la que se supone es la parte más pensante de nuestra sociedad.
Somos de la idea de que un Rector debe ser nombrado y no elegido, y no debe gener injerencia el gobernador en turno ni nadie que esté en la política: debe elegirse de entre la comunidad universitaria, de acuerdo a los directores que estén fungiendo como tales, quienes tendrán la responsabilidad de escoger al más idóneo.
¿Ejemplos? El Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, la mejor escuela que tenemos en el país, designa a su rector y no lo elige una comunidad universitaria que aprovecha para no asistir a clases en esos días, para estar en los conciertos, rifas eventos deportivos y sociales, bailes y todo lo que se organice.
Tampoco tiene un candidato por qué regalar plumas o playeras para obtener un voto. Eso no da calidad ni talento, solo es populismo del más barato.
Y los directores deben ser designados por el Claustro docente. Nada tenemos contra los jóvenes universitarios, pero siendo sinceros, vemos que muchos de ellos no votan “porque cae gordo el candidato”, emitiendo un sufragio por simpatía o por lástima, lejos de analizar el aspecto académico.
Haga una prueba: pida a los jóvenes que voten por quien ajustará un menor número de faltas para aprobar, privilegiará la investigación y la obligación de titularse con tesis, y verá que, seguramente, no obtendrá un solo voto.
Estamos abaratando procesos y puestos, desde la óptica de muchos verdaderos universitarios.
Somos de la idea de que el “Señor Rector” es intocable y sus decisiones son divinas y omnipotentes. ¡Sorpresa1 TODOS los rectores que han estado en la UAT son humanos y tienen yerros como tales, aciertos y buenas y malas cosas. No son divinos, y eso no es producto de una investigación concienzuda, sino del sentido común
Luego entonces, sería prudente que la Asamblea Universitaria de apertura a los Consejos de cada Unidad para nombrar –y no elegir- a sus directores, y que éstos, en consenso, elijan al rector en turno, porque no es un juego electoral: nos jugamos la reputación de la formación y la investigación, y para ello, se requiere no un político, sino un académico de tiempo y vocación totales.
Los estudiantes votan por gusto, por simpatía o porque les piden apoyar a tal o cual, pero no conocen reglamentos, estatutos, planes de desarrollo ni educativos, entonces, ¿con qué criterio se toma en cuenta este tipo de voto?
Queremos pensar que los votantes, los que eligen lo hacen con el mejor hombre y no con el más “chistoso” o agradable. Eso no funciona.
Queremos directores y rectores capaces, íntegros, académicos, que privilegien realmente la investigación y la docencia, y que hagan de nuestra Alma Mater lo que todos queremos y merecemos que sea.
Las campañitas, las playeras y las agenditas, deben ser cosas del pasado. Hay que evolucionar como universitarios, que ya se lo debemos a la sociedad, que es la que nos mantiene.