Se fue Castorena y nos ha dejado a todos “Acastorenados”

Reynosa TamAULIPAS.-A “Castorena” como lo llamaban todos los que compartimos el manjar de su amistad y atención esmerada con la que cultivaba sus amistades y amigos. Lo conocí cuando yo era un niño (creo que tenía 11 o 12 años). Era parte del grupo cotidiano de reporteros que solían venir a mi casa a participar en los encuentros sociales y carnes asadas que organizaba mi padre Gilberto M. Reyna Villegas (qepd).
Fundador del Club de Periodistas de Reynosa por allá de mediados de la década de los 80’s.

Juan Mario fue un periodista empírico, formado en la vieja escuela periodística, aquella que como decía Juan Ramos Rodríguez (qepd). “Egresado de la Universidad de la Vida, Cuyo Único Certificado…Es una Acta de Defunción”.

Castorena era el “padrino” sin nombramiento oficial de gestionar el hielo y lo que se pudiera de “cheve o whiskeys” entre los amigos que a su vez eran mecenas de aquellos encuentros memorables de periodistas, entre ellos recuerdo por ejemplo al querido José Benjamín Tamez (qepd), José Chávez, Pedro Hernández Wilson, Carlos Soto (qepd), Ernesto López Acosta, José Luis Rodríguez “El Puma”, Juan Ramos Rodríguez (qepd), Hermelinda García, Magüe Tavizón de Cepeda, entre otros muchos.

Mi papa falleció el 31 de marzo de 1989 y Castorena estuvo ahí, despidiendo al colega, al amigo y yo al hombre que admiro más en vida y quien me heredo no solo su pasión por el periodismo, sino además a muchos de sus amigos.

Mis pasos me llevaron en 1993 al periódico “Valle del Norte”, ahí me encontró a Juan Mario como reportero de la nota policiaca al lado de otros reporteros avezados como Juan Carlos Rodríguez “El Chivo”, Gil Vicente Galindo y Hermelinda García. Fueron muchas las ocasiones en que acompaña a Castorena en sus pesquisas de sucesos relevantes, fuga de reos, asesinatos, hechos de violencia en aquel Reynosa de mediados de los 90’s en donde aún no era tan aciaga la inseguridad como hoy.

Recuerdo que a la sala de redacción Castorena llegaba se enfundada sus anteojos y se ponía a redactar, nos atacábamos de la risa “El Chivo” y Gil y yo, cuando veíamos que cuando cometía un error ortográfico o una mala palabra escrita, borraba toda la línea e iniciaba de nuevo a escribir.

Siempre andaba con la prisa, no recuerdo haberlo escuchado quejarse de cansancio o desvelo, pues su lema que lo regía era “Andamos trabajando, combatiendo el hampa y la corrupción”. Escucharlo decir su estribillo era como escuchar decir a “Superman” “A luchar por la Justicia”, lo elevaba a nivel de héroe el tremendo “Cástulo”.

Por nuestras razones personales. Juan Mario Castorena salió del “Valle del Norte”, después se fue Juan Carlos Rodríguez y yo después de 11 años me fui también, coincidimos nuevamente los tres como colaboradores en el periódico “Multicosas” de mi tocayo Hugo Ramos Domínguez.

Y de ahí en adelante –me quedó esa certeza reafirmada en los hechos- que nuestra amistad maduró y se consolidó, aun cuando la “policiaca” fue una “fuente” a la cual yo recurría poco en mi labor reporteril, pero Castorena siempre traía los datos últimos de cualquier hecho por muy insignificante que fuera, él traía como se dice en la jerga informativa “todo el tamal” y lo compartía y nos emocionaba escucharlo, siempre acostumbraba provocar el debate de opiniones.

Lo recordábamos siempre apasionado con sus hijos a bordo de sus autos que parecía haberlos sacado de competencias destructivas de autos, siempre corriendo de los juzgados a la Procuraduría a “La 12” a donde fuese necesaria su presencia y en otras no tanto….

De buen humor y hablando siempre de una sola forma, derecha sin ambages decía consciente de la dureza de sus palabras lo que pensaba y sentía, no tenía la necesidad de agradar a nadie ni muchos lisonjear innecesariamente, era provocador y recio, pero siempre se quebraba al final cuando sabía que había excedido en la sinceridad u ofendida en los sopores etílicos de algún convivio o festejo.

Cuando perdió a su compañera Otilia, madre de sus hijas y su “domadora” recuerdo que me enteré estando yo trabajando en el periódico “El Cinco” olvide decirles que cuando salí del “Valle del Norte”, ingrese a ese proyecto invitado por mi amigo y maestro Arturo Solís Gómez (qepd) y apoyar a su vez a Adalberto “Beto” Garza Dragustonovis. Luis Edgardo Sánchez y David Díaz fueron el conducto penoso de aquel dolor a Castorena y pronto acompañamos al amigo que sufría.

Me hizo llorar su crónica grafica amorosa publicada en “Multicosas”, en donde Castorena con esa sensibilidad ausente de la rudeza que entraña el oficio de quien ha visto las peores expresiones de maldad humana, compartía ese lado sumamente delgado y tan suyo. A su manera nos hizo saber de su dolor por la perdida. Quedó al frente de su familia a quien condujo con sagacidad y esfuerzo. A “Paquito” su hijo mayor lo despidió hace unos pocos años a quien el con devoción cuido y protegió en la enfermedad.

La última vez que vi a Castorena, lo salud no recuerdo en que evento exactamente, pero si recuerdo que fue y era el mismo de siempre, sonriendo con su gorra distintiva, su camisa sport desfajado y sus gruesos lentes,” Que hay compadrito, todo bien que hay que hacer”, -todo bien Castorena, aquí andamos cuídate- recuerdo lo que le dije y lamento haber sido tan escaso de palabras que hoy me servirían de consuelo como pre-despedida. Sin embargo quien puede adivinar el futuro y destino de cada quién?….Solo DIOS.
Se ha ido el mejor reportero policiaco que conocí, un envidiable compañero y hombre de familia y profesional en su labor. Muchas veces leí en sus crónicas policiacas cuando describía el comportamiento de las personas fuera de sus sentidos los calificaba de “Acastorenados”, aludiendo a la pérdida de control y limite coherente de sus actos, cuando se embriaga, ante la necesidad como lo hemos hecho todos los del oficio de exorcizar nuestros demonios internos y apaciguar el alma ante tanta, tanta experiencia negativa y triste que el periodista acumula en la memoria para no olvidar jamás.

Se fue el gran, único y gran amigo del amigo de los reporteros. Castorena nos ha dejado tristes con su inesperada partida y ausencia física, nos ha dejado en silencio y “Acastorenados”. Hoy tendremos que acostumbrarnos y habituarnos a extrañarlo y echarlo de menos en la brega informativa que sigue.