No cabe duda que la mejor campaña que pudiera tener cualquier instituto político en estos tiempos, cuando el desprestigio y la vergüenza abundan en sus elementos, en sus filas, y en sus postulados, es el hecho de trabajar en pro de los demás realmente, dejando a un lado lo que ya sabemos y vemos todos los días en los medios: el cinismo con que nos roban nuestro dinero y no se hace nada contra ellos.
Y los ejemplos más claros los tenemos con el señor Duarte del vecino estado, o los de Chihuahua y muchos más que han sido inclusive, detenidos y liberados en cuestión de horas, como sucedió con el de Nuevo León, quien a todas luces se hizo multimillonario y por un tecnicismo ha salido libre y goza de la impunidad propia de un sistema caduco que no sirve más que para solapar a sinvergüenzas, y clara muestra de ello es el escuchar al dirigente de apellido Ochoa Reza, cuando declara cínicamente que están en contra de al corrupción, y que su partido –el PRI, por si no sabía- está luchando contra la corrupción.
Es menester aclarar, y todos lo sabemos, que el acontecimiento político importante de nuestros días que tiene que ver con Tomás Yarrington fue posible gracias a la intervención de la justicia norteamericana, y para nada participaron en el resultado ni autoridades municipales, estatales o nacionales de un México que duele por su impunidad y sed de justicia.
El caso es que los que ahora están en los cargos de referencia tendrán que demostrar que pueden ser confiables: en el tema legislativo nos hemos dado cuenta que no hay iniciativa propia ni voluntad ni compromiso con los votantes, sino con quien manda en la entidad, y que de una forma por demás servil se han mostrado los integrantes de la actual legislatura, sin que lo anterior quiera decir que anteriores diputados no lo hayan hecho, aunque no tan manifiesto, pero con los mismos resultados: aplaudir y aprobar la impunidad, y clara muestra es que todas las cuentas públicas de todos los alcaldes y gobernadores están aprobadas por los diputados en turno, de acuerdo a sus tiempos (y sus intereses y la orden de su patrón).
Pero los alcaldes…
Buscan una reelección con la nueva ley que les permite hacerlo, y en ese sentido están muchos de ellos trabajando fuertemente, con los pocos recursos de que se dispone, en el entendido de que hay recesión oculta pero real, y que los dineros que se les otorgan no son suficientes: es cuando han de tener imaginación para gastar todo lo que se pueda y que luzca mejor.
Y aquí vale la pena mencionar el alquiler de tremenda maquinaria por parte del Ayuntamiento de Victoria para la reparación de calles, en un esfuerzo de la administración que encabeza Oscar Almaraz por tener mejor vialidad en general.
Entendemos que no es fácil y es blanco de muchas críticas, pero no podemos dejar a un lado el hecho de que al alcalde Almaraz se le entregó una ciudad aniquilada en sus arterias, y con el poco dinero que permite la situación actual, aunado a las gestiones ante instancias federales y estatales ha obtenido beneficios que ya están ahí, en las calles de nuestra castigada capital tamaulipeca, que sufre diariamente el embate de un revanchismo político contundente, que ha dejado sin empleo a cientos de “cuerudos”, por el hecho de haber cometido el pecado de trabajar muchos años en administraciones que no tienen una buena reputación.
Las calles cambian, y si cualquiera de los 43 alcaldes desea reelegirse, deberá entender que el trabajo que se nota en la comunidad es el que deben realizar, dejando a un lado revanchismos, trafiques y muchas acciones naturales de antaño: es hora de gobernar y bien, y demostrar que se pueden hacer las cosas con vocación de servicio, lo que falta a muchos de esos vividores que manejan obra pública y piden comisiones a espaldas –suponemos- de sus jefes superiores.
Es hora de manejarse con honestidad, poner el ejemplo, hacer las osas bien, y entonces…
…Pedir de nuevo el voto, cuando les corresponda.
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