Enoja, enferma, indigna el hecho de ver los abusos de que son objeto los seres humanos por sus “iguales”, en este caso, los funcionarios y trabajadoras dela aerolínea United Airlines, quienes, en un alarde de brutalidad, falta de criterio, educación y principios, arrastraron a un doctor de 69 años por el pasillo de un avión, con la única finalidad de satisfacer los requerimientos o caprichos de una línea aérea que, como su presidente del país, se vanagloria de violar los derechos de los demás.
Vale la pena preguntarnos cuántos nos quejamos y exigimos que la ley se respete, que haya un trato decente para con quienes los hacen ricos día a día.
El ejemplo de United Airlines aplica a todo: no es posible tener autoridades que violan nuestros derechos, que abusan de sus uniformes o placas; ya vemos los ejemplos en los cuerpos policiacos de la Unión Americana, o en el mismo México –y en Tamaulipas- donde las redes sociales consignan los abusos, pero nadie es capaz de extender una queja oficial y formal, en aras de que se detengan los abusos.
Sucede con los hoteleros, comerciantes, con gerentes de banco y los abusivos de esas oficinas de pacotilla que se dedican a acosar clientes de banco con el propósito de cobrar, en aras de quedar bien con su banco y cobrar una comisión, sin importar los antecedentes: no checan nada y piden una cobranza a todas luces ilegal, pero la gente no se queja. El columnista buscó a un abogado para demandar a los más abusivos banqueros de México: Santander, y la respuesta fue catastrófica: “para que los demandas: te va a costar mucho dinero y tiempo, y al final, cuando te paguen, porque tienes la razón, te va a salir contraproducente”.
En tanto, los banqueros y sus arrastrados cobradorcillos salen con la suya de villar los derechos de los ciudadanos.
Lo vemos en todos los ambientes, porque en nuestro país no nos podemo quejar so pena de sufrir represalias.
Nadie puede quejarse del gobierno porque le congelan un posible beneficio que pudiera tener, o lo despiden o algo por el estilo: es la práctica común en una nación enferma de corrupción, donde el que gobierna es un claro ejemplo de todo lo malo que puede surgir en una nación, en cuanto a corrupción y demás.
No es posible creer que nadie sabía de los asuntos del tema del ex gobernador Yarrington, y hay muchas cosas más que no podemos decir, porque nos va mal.
Vimos como la PGR se colgó el milagro de la detención en Italia, y vimos también, como la PGJ también dijo que ellos fueron el eslabón prioritario: se adornan con acciones que surgen de otras partes, y si usted o yo nos dedicamos a criticar o demandar, sálvenos Dios de las represalias, levantones o algo más.
No tenemos la cultura de la demanda, no tenemos el valor de demandar y decir a la autoridad de lo que somos capaces de inconformarnos.
Somos muy buenos para chismear y decir que hay mal gobierno, que tal o cual funcionario es un ladrón, pero no tenemos la calidad y la solvencia para demostrarlo, para demandar, o para hacernos sentir justicia.
Tenemos que cambiar la actitud de una vez por todas.
No podemos permitir tantos abusos: nos cuesta a todos el solaparlos y dejar que la autoridad, el prestador de servicios o bienes lo haga.
Nadie tiene por qué abusar de nadie, y eso aplica para todos los ambientes. Cada sexenio llegan “paridos por Dios” a Victoria que sienten que les debemos sumisión y obediencia.
Nada de eso: son tan mortales como cualquiera, y también les huelen los pies.
Es hora de exigir equidad, no de género, sino una equidad entre seres humanos, que todos seamos capaces de responder a la ley, y de hacerlas valer.
O ¿no cree usted que se debe exigir un mundo más justo?