Vivir en orden

Decía Eduardo Aranda y Navarrete, entonces, jefe de la oficina de mercados en la Delegación Política Benito Juárez, y miembro del grupo político que encabezaba el tampiqueño Manuel Jiménez San Pedro: “Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”, como primera lección de una serie de medidas tendientes a conformar un grupo político.
Eran los años ochentas, y ya pasó mucho más que tres décadas, sin embargo, el principio de Aranda era, es y seguirá siendo vigente: orden, disciplina y escrúpulos para hacer las cosas.
Y es que Eduardo era un meticuloso del orden, confiando en que con ello tendríamos la disciplina para todo, incluyendo las acciones cívicas en las que pudiéramos participar.
Eran tiempos en que nos enseñaron a cumplir, a no vivir al margen de la ley, y viene lo anterior a colación porque Victoria cada vez se inunda más de automóviles ilegales, que, solapados por centrales que no tienen un registro valedero, nos orillan a transitar en medio de un mar de personas que no tienen idea de lo que es conducir, y que cuando tienen accidentes dejan sus automóviles tirados y huyen, por el costo del mueble y las consecuencias que por lo general son superiores.
Hemos insistido en las declaraciones de un funcionario del pasado que decía que no se podía hacer nada, porque propiciaría un estallido social a lo que pensamos en qué sucedería si los que hoy pagamos dejáramos de hacerlo, y también entráramos en la ilegalidad vehicular, sin pagar impuestos derechos y más.
O si por otra parte, hiciéramos caso omiso de los lineamientos de tránsito que, de por sí, nadie hace caso, pero… ¿qué sucedería si hubiera más anarquía en ello?
El estado de Tamaulipas tiene muchas cosas valiosas, y tenemos que propiciar su crecimiento en todos sentidos, y eso se hace con orden. Algunos emisarios del gobierno que criticaron a los que se fueron por sus excesos han comenzado a cometer algunos de ellos y vemos niños en primarias con vehículos oficiales, algunos que “charolean” a los agentes amenazando con cesarlos si aplican las multas y todas esas cosas imperdonables.
Si el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca no comete infracción alguna, ¿por qué permitir a los subalternos? No hay ciudadanos de primera y de segunda clase: todos tenemos los mismos derechos y obligaciones.
Y perdone el lector si insistimos en el tema, pero no hemos tenido eco en la autoridad competente que pueda meter en orden a los que gustan de vivir fuera de toda legalidad.
Es hora, sinceramente, de que todos hagamos el esfuerzo necesario para respetar reglamentos, y sobre todo, enseñar a nuestros hijos que la ley es para observarse, nos guste o no, y si somos inconformes con sus observaciones, pugnemos legalmente por un cambio a través de los representantes populares, de un juicio o cualquier camino legal, pero que no rompamos la ley porque lo único que propiciamos es que otros hagan lo mismo argumentando que “si ellos lo hacen…¿Por qué nosotros no?” lo cual es inaceptable.
Finalmente, qué trabajo nos cuesta observar la ley, cumplirla y vivir como ciudadanos dentro de la ley. Nuestros hijos necesitan aprender orden y legalidad, y somos nosotros los indicados para inculcárselos.
Igual en materia de nutrición y salud, si no lo aprenden en casa, ¿cree uisted que lo aprenderán fuera de ella? Claro que no, porque lo que no se aprende de educación en el hogar, difícilmente se aprende fuera de él.
Hagámosles un favor y entremos en la legalidad en todos sus rubros, pidamos que se cumpla lo establecido y pugnemos porque todos hagamos lo mismo, ya que, si lo logramos, seguramente tendremos una mejor ciudad, un mejor estado, pero sobre todo, una mejor sociedad.

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