No puede una persona que no cuida su apariencia personal, física y de presentación, su lenguaje y actitudes estar al frente de un sistema educativo por pequeño que sea. Es el grave problema que tiene el sector de referencia: está invadido de gente sin capacidad, sin vocación y poseedores de una voracidad que asusta. Tal es el caso de algunos profesores y directores de instituciones educativas oficiales que, lejos de ayudar, perjudican a la población y dejan en ella estelas de frustración y malos pensamientos.
Como si no fuera suficiente el hecho de vivir en el terror y el miedo, en la zozobra de ser o no asesinado, levantado o descuartizado cada día, además tenemos que soportar a estas verduleras que, disfrazadas de docentes ejercen puestos directivos en escuelas tan importantes como son los jardines de niños, donde se otorgan los primeros roces y cambios en el individuo.
Como todas o casi todas las escuelas de la localidad, el Jardín de Niños Primavera está ubicado en una zona residencial perteneciente a Las Adelitas; ahí confluyen muchos pequeños para recibir instrucción preescolar que, suponemos, debe ser acorde a la calidad de sus profesores o directivos.
En el caso de sus directivos, entendemos que tengan poca preparación y educación, que no tengan cultura, que sean faltos de formación cívica, pero: aue les dejemos a nuestros hijos a su cuidado, eso nunca debe suceder, so pena de hacer que ellos tomen sus propios juicios y se nos suban a las barbas, como dijera el buen Pablo Haces.
Hay que ser especial para que alguien que ocupe el cargo de directora en un jardín de este tipo guarde su rencor y frustraciones por casi tres décadas, o al menos, así lo hizo saber al momento de recibir el reclamo ciudadano por el abuso que hacen los padres de familia en las calles y zonas de estacionamiento.
Sucede lo que en cualquier escuela: miles de personas se estacionan donde quieren y como quieren, invadiendo cocheras y espacios reservados para otros fines, y les importa más que pura m… el hecho de no causar molestias entre los vecinos.
Los mentores reciben a los vecinos enfundados en sus camisas azules con el logotipo de todos conocido y presumiendo ser parte de esos vientos de cambio que aún no significan beneficio para la ciudadanía. Sale la mujer con una actitud prepotente, grosera y retadora, y lejos de hacer algo porque la escuela sea bien aceptada, la mujer recuerda pasajes que sucedieron hace ¡28 años! Frente al que fuera su domicilio según dijo.
Dicho sea con todo respeto y sinceridad: al columnista le importa poco –o más bien, nada- en donde vivía o vive esa mujer, qué hace y como vive; la verdad, no nos interesa en absoluta su prepotente existencia.
Nos preguntamos si con esa actitud vengativa, prepotente, rencorosa y falta de educación y formas consideran que es adecuado formar chicos de nivel preescolar, por eso la sociedad está como está: llena de gente sin valores, sin formación y sin educación ni sentimientos solidarios para con la comunidad. Es imperdonable que alguien que se precie de haber estudiado para maestra de educación preescolar se maneje con las ínfulas que maneja la persona de referencia.
No hay respeto a los vecinos, a nadie, porque no lo conocen, y cuando uno se molesta con ellos, sacan su altanería y prepotencia, inclusive amenazando a los vecinos.
Ojalá los que se encargan de las políticas educativas tuvieran in bien estudio del perfil de estos puestos, porque consideramos grave, muy grave, que se deje en la dirección de un jardín de niños a quien lejos de ser conciliador y formativo, es vengativa y falta de formas de conducción hacia los demás.
Urge hacer algo, porque estamos dejando que la sociedad se pudra, se eche a perder, y si dejamos en cargos importantes a este tipo de personajes, condenamos a nuestros hijos a recibir una formación falta de educación y sentimientos solidarios, logrando, seguramente, que en unos años sean unos verdaderos patanes, prepotentes y arbitrarios ciudadanos.
Que para allá vamos, de seguir con estos directores de jardín de niños.