Jueves de Corpus

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Corpus Christi puede significar para la región tamaulipeca como un lugar al sur de Texas, en la Unión Americana. Incluso suele relacionarse con la cantante Selena, cuya muerte trágica, enlutó el corazón de muchos latinos.
Corpus Christi está relacionado a la iglesia católica desde 1246 cuando el Papa Urbano IV expandió esta celebración a la Iglesia Universal con la Bula Transiturus, fijando la fecha para el domingo posterior a la celebración de la Santísima Trinidad.
En México desde tiempos de la colonia se estableció el Día de Corpus Christi, por lo que a los niños y niñas se les disfraza de “inditos” colgándoles en la espalda un huacal con trastes pequeños de barro y hoja de lata para que lleven flores a la iglesia.
Esta es una de las tradiciones mexicanas muy arraigadas hacia los estados del centro de la república, donde todavía se observa la bendición de animales, particularmente de la ‘mulas’ porque se argumenta es su día.
Jueves de Corpus Sangriento es el libro que relata la historia real de la matanza estudiantil de la Ciudad de México en las inmediaciones de la Escuela Nacional de Maestros, al inicio del sexenio presidencial de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976).
La triste y fatídica historia empieza con la idea de exigir al gobierno del presidente Luis Echeverría el esclarecimiento del 2 de octubre de 1968, la masacre de Tlatelolco, puesto que Don Luis había sido el Secretario de Gobernación en el sexenio anterior.
Los líderes estudiantiles, nuevamente unificados, acordaron una marcha que partiría del Casco de Santo Tomás (sede del IPN) hasta el Zócalo (Oficinas de la presidencia) a las 6 de la tarde del 10 de junio de aquél 1971.
El gobierno de Echeverría solo dejó avanzar a los estudiantes unas cuantas calles y abrieron fuego.
En este asesinato masivo tuvieron vida activa un grupo de jóvenes no mayores de 20 años de edad identificados como Los Halcones, que el gobierno del DF, en aquel entonces a cargo del neolonés, Don Alfonso Martínez Domínguez, tenía en su nómina.
Los Halcones de Martínez Domínguez estaban registrados en el gobierno de la CDMX como jardineros, pero con sueldos especiales, puesto que era el grupo de choque del gobierno federal.
Cada Halcón tenía una capacitación extraordinaria en defensa personal, al grado que uno solo estaba preparado no solo para luchar, sino para asesinar a 10 personas, solo con manos, pies y cabeza. Sabían bien donde golpear.
Aquél fatídico 10 de Junio, Día de Corpus Christi, jueves, los cándidos estudiantes entonando el Himno Nacional Mexicano, fueron atacados en la esquina de Av. de los Maestros y Calzada México Tacuba, en las inmediaciones de la Escuela Nacional de Maestros, dirigida por el tamaulipeco Profr. Napoleón Villanueva Cruz.
La masacre no fue cubierta por la prensa nacional porque fue controlada por el gobierno vigilante del presidente Echeverría.
No fueron los tiempos de las olimpiadas en México como en el 68, cuando había corresponsales extranjeros que de inmediato informaron al mundo la matanza de Tlatelolco. Esta vez no. Esta vez el genocidio fue local.
La única publicación que denunció fue la Revista ¿Por qué? Cuya edición del 10 de junio de 1971 fue decomisada por el ejército mexicano, en aquél entonces con Hermenegildo Cuenca Díaz (1902-1977). Solo unos cuantos ejemplares circularon clandestinamente.
¿Cuántos muertos, heridos, desaparecidos hubo el 10 de junio de 1971 en la Ciudad de México? Nadie lo sabe, porque unos estudiantes se refugiaron en la Nacional de Maestros y cayeron muertos en el estacionamiento de esa benemérita escuela, para ser más tarde recogidos con palas mecánicas y trascabos que subieron a camiones de basura.
La sangre dejada en pisos y paredes de las jóvenes víctimas fue lavada con chorros de agua que emanaban de los carros bomba de la central de bomberos de la capital del país.
Jueves de Corpus sangriento cumple, por día hoy, 46 años de silencio.