Migrar¦ duele

Sí­ es difí­cil migrar, es duro tomar la decisión porque por principio de cuentas dejas atrás el terruño que te vio nacer, no es nada fácil desprenderse de los olores, los colores y los sabores de tu Patria.
Mucho menos de los lazos familiares y del afecto entrañable de los amigos; se migra por muchas razones no íºnicamente por intereses culturales como en su momento defendió el entonces presidente Vicente Fox justificando que la gente en México se va œpor motivos culturales más que por causas económicas.
En esencia los factores más comunes son los siguientes: 1) Por motivos económicos; 2) por un contrato laboral en el extranjero; 3) realizar algíºn tipo de estudio o intercambio de investigación y/o docencia; 4) por amor, la consumación de una pareja; 5) por lazos familiares, sanguí­neos y consanguí­neos de primera, segunda o tercera generación.
Los más extraordinarios pasan por: 1) Dejar el paí­s de origen debido a una guerra civil, amenazas para la vida derivada de diversas inestabilidades polí­ticas; 2) amenazas por grupos terroristas y o insurgentes; 3) persecución polí­tica o por ideas religiosas o bien por discriminación de género; 4) porque las condiciones climáticas son adversas o inclusive persisten hambrunas o insuficiencia hí­drica.
También se desplaza gente a otro territorio por invasiones extranjeras, gobiernos dictatoriales, guerras de exterminio étnicas, por terremotos, tsunamis y desde luego por el simple hecho de quererlo hacerlo.
Hoy la Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebra el œDí­a Internacional del Migrante, una conmemoración de piel delicada en momentos en que Europa œla humanitaria no sabe qué hacer con los miles de refugiados sirios tocando, desesperados, a las puertas del Viejo Continente.
De acuerdo con la Comisión Europea (CE) desde marzo de 2016 que se llevó a cabo la Declaración UE-Turquí­a se han logrado reducir los flujos de potenciales inmigrantes luego de esa especie de efecto llamada que Europa realizó tras aseverar que se acogerí­an a todos los refugiados sirios
Y en el mosaico humano se mezclaron además de sirios otros muchos grupos provenientes desde ífrica, la situación en mayíºsculas ha desbordado a las autoridades europeas y ha implicado abrir una gran zanja divisoria en los gobernantes: los paí­ses del sur sumamente reticentes se han rebelado en varias ocasiones contra la polí­tica de cupos obligatorios.
Es más, Polonia, Hungrí­a y otros paí­ses de Europa del Este no lo han respetado sino todo lo contrario han vallado sus lí­mites territoriales y han perseguido a todos los refugiados.
A la canciller germana Angela Merkel le ha costado el reelegirse con la holgura necesaria para formar Gobierno, ella fue una defensora decidida y terca de los cupos migratorios de refugiados sirios¦ es más prácticamente la impuso.
Aunque en la práctica cada paí­s sigue teniendo la potestad de decidir a quienes sí­ o no; a cuántos sí­ o no; y cómo y el tiempo para legalizarlos adentro de sus fronteras.
Al final han prevalecido las expulsiones en caliente, regresarlos de inmediato hacia Turquí­a, la nación gobernada por Recep Tayyip Erdogan, ha servido de coladera y a la vez tapón en el renglón migratorio hacia Europa.
De acuerdo con el periódico El Paí­s œde los 1.4 millones de migrantes arribados a las costas mediterráneas entre 2015 y 2016, el reparto solo alcanzaba a 160 mil. Y de esa cantidad, finalmente, se han distribuido 29 mil 144 candidatos.
A COLACIí“N
Segíºn la ONU y el Banco Mundial, la fuerza económica de los migrantes se tradujo este año en 596 mil millones de dólares en flujos de remesas enviados a los paí­ses en ví­as de desarrollo; aunque también se enviaron 450 mil millones de dólares en remesas a paí­ses desarrollados.
La ONU remarca este dí­a señalando que fueron migrantes los que fundaron o cofundaron empresas como: Google, Intel, WhatsApp, PayPal, eBay, Tesla y Yahoo.
Emigrar nunca será un camino de rosas, a veces de espinas: el camino es árido, agreste, con altibajos y muchos desafí­os a los que sobreponerse comenzando por el estado de ánimo (siempre dan ganas de volver) y el llamado de la sangre, dos latidos perennes en las personas que deciden irse de su paí­s natal.