¿Relax vacacional?

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En este lapso vacacional de diciembre las grandes televisoras y medios informativos dejan a los empleados ˜estrella™ que gocen de su periodo de descanso porque los mismos polí­ticos nacionales no asoman mucho la cabeza.
Quienes están en busca de micrófonos, cámaras de video o fotográficas, son los que ya se ˜destaparon™ para la silla grande de Los Pinos -con partido o independientes- y desde luego, quienes aspiran a ser gobernadores o alcaldes, -en los estados que corresponde elegir- o bien legisladores locales o federales.
Mientras, el grueso de la población está de vacaciones en el territorio nacional y seguramente pocos en el extranjero y los menos están en su casa sin trabajar en su lugar habitual, con la familia intentando una integración.
Quienes seguro están trabajando duro son los asesores de imagen polí­tica que están diseñando mensajes de audio, video y fotografí­as para la campaña que tienen encomendada. Una tarea adicional o inmersa en la campaña es la observación a los adversarios, ya metiéndose a las redes sociales que les indiquen el saber, el escuchar, el incrustar mensajes.
Hasta aquí­ todo puede ser normal, lo malo de estos tiempos es que la población se ha vuelto desconfiada no solo con las autoridades del nivel y tema que me diga, sino con los mensajes que circulan por todos lados.
En la radio y TV nacional los ciudadanos escuchamos y oí­mos sobre el apellido paterno del ˜aspirante™ a la candidatura presidencial (2018-2024) de un partido ˜emanado de la revolución™ y que resulta pertenece a un mexicano ejemplar, porque aseguran ese nombre está en muchos lugares de la Repíºblica. Hasta calles hay con ese apelativo.
La realidad es que la gente ha aprendido a no confiar, a no creer, a no considerar la palabra escrita, la expresión verbal, hasta ni de la imagen ní­tida, porque puede ser un montaje para vanagloriar o desprestigiar a alguien.
Hay comentarios sobre un supuesto, o real evento masivo en el interior del paí­s, donde llegó el aspirante presidencial y aunque los cientos de camiones abarrotaban hasta campos de fíºtbol aledaños, la gente estaba ausente.
Dice la noticia -insisto real o manipulada- que estaban abarrotados los mercados, tiendas de conveniencia y de autoservicio. Que los ˜simpatizantes™ se dirigí­an a los autobuses cargados de bolsas de mandado.
Usted sabe, como lector de noticias, que existen comentarios muy adversos en contra de polí­ticos locales -y no solo me refiero al tema Tamaulipas- sino a todo lo largo y ancho del paí­s, así­ como de la gente de la farándula, pero en la mayorí­a de los casos quedaron en escándalo.
Los analistas de la información polí­tica más que en otras ocasiones debemos estar muy alertas porque existe un manipuleo muy marcado en el manejo de la noticia electoral, sea por el medio que me diga.
En otros tiempos se hablaba de las posibles demandas por œdifamación de honor y digo posible, porque en la realidad nunca se supo mucho de esta figura legal y cuando empezó a insistir sobre el tema, hubo desviaciones muy cercanas al olvido.
En el sexenio pasado, aquí­ en Tamaulipas se divulgó la noticia de que un polí­tico, de profesión ingeniero, estaba involucrado en lavado de dinero con los vecinos del norte. Quienes conocen de la polí­tica estatal aseguraban que el ingeniero pintaba para ser candidato a la gubernatura y no lo soltaron hasta que renunció al cargo de secretario que vení­a desempeñando en la administración de Torre Cantíº.
Hace muchos años tildaron en Tamaulipas a un polí­tico ˜El Diputado de 5 mil™, porque ganó la curul federal apenas con cinco mil votos y en ese distrito electoral habí­a 6 veces más ciudadanos.
Finalmente me parece que hay que revivir el amor y respeto por las urnas, el sentir cí­vico del voto debe darse en torno a un candidato, a un partido, a una coalición, a una causa, a un deber ciudadano.
Lamentablemente la gente que vota está harta de escuchar mentiras y hasta peleas verbales entre los candidatos.
Estamos cansados hasta ˜del montón que le echan™ a un candidato, como en las pasadas elecciones locales se ensañaron con uno, que finalmente de ser ví­ctima se convirtió en triunfo de las urnas.