Dí­a del Periodista

El eterno debate por el dí­a en que quienes hemos abrazado tan apasionante y comprometida profesión celebramos sigue en pie: para unos, en junio se lleva a cabo, y para la mayorí­a de nosotros el 4 de enero significa una fecha especial, porque es cuando nos reunimos a recordar el compromiso social y comunitario que adquirimos cuando decidimos dar vida a una actividad que tiene que ver con el observar, interpretar y comunicar: el periodismo, que, como dice Antonio López de Zuazuo Algar, es la œactividad de informar cada cierto espacio de tiempo, y que tiene una serie de compromisos sociales principalmente, que deberí­an llevarnos a la verdad.

Somos hoy en dí­a los periodistas vistos en la comunidad como œperros del mal en muchos sectores, por la forma en que se ha desvirtuado la profesión, de parte de algunas personas y de autoridades que se han encargado de convertirla en una de las más peligrosas profesiones del mundo. México, especialmente, se ha convertido en un campo peligrosí­simo para nosotros, por la impunidad con que quien no está de acuerdo a la visión que ha visto algíºn periodista, lo acalla con violencia o lo desaparece, sabedor de que la impunidad se hará presente y no pasará de ser una cifra más en la estadí­stica que vivimos y que ha acumulado luto en el gremio.

El dí­a del periodista lo aprovechamos algunos para elevar los votos de compromiso social que enmarca Marí­n en su manual del periodismo y que tienen que ver con la sociedad a la que servimos, y no con la clase gobernante u otros grupos, y que tiene que ver con la verdad, así­ como la más fiel interpretación de los hechos que se suscitan cotidianamente.

Y en Victoria se acostumbra desde hace ya varios años, celebrar con un servicio religioso que tiene lugar en la Catedral del Sagrado Corazón de Jesíºs, y que preside el Obispo de la Diócesis de Victoria, Antonio González Sánchez, en un evento en el que muchos nos congregamos y aprovechamos para saludar a nuestros colegas, a los que muchas veces no podemos ver durante el año, por compromisos profesionales, personales, o por culpa de los avances tecnológicos que cada dí­a nos alejan más de las redacciones periodí­sticas y nos convierten en ermitaños usuarios de redes sociales y medios electrónicos para la transmisión de la información, la que llega en forma más inmediata que antes, más clara y más a distancia.

Es el periodismo del nuevo milenio, y el periodismo que hemos de manejar en este momento histórico que nos toca vivir, tratando de hacerlo de la mejor y más completa forma posible, sirviendo a los que nos rodean, principalmente, para la difusión de aspectos que nos dejarán algíºn beneficio en comunidad.

Somos los periodistas como los antiguos juglares: llevamos la información y las noticias a los pueblos y comunidades afines, con la esperanza de ser escuchados o leí­dos, y de cambiar el entorno, o con la idea de trascender en cualquiera de sus rubros.

Entendemos que como todas las profesiones, no hay comunidad perfecta, y en la nuestra se han colado vividores, mercaderes de la información y deformadores de lo que acontece, así­ como sensacionalistas que gritan cada momento or insignificante que sea, o aprovecha cualquier gota para convertirla en un rí­o de sangre, sin haberse puesto a pensar en su base, sus inicios: una pulcra y buena redacción, clara ortografí­a, congruencia gramatical y sobre todo, APEGO A LA VERDAD, como sustancia prioritaria en esta apasionada actividad que la vida nos ha permitido ejercer desde el año de 1978: 39 años ya de procurar llevar la información en lo personal, con la idea de trascender o convertir aquel acto cotidiano en parte de la historia.

Somos los periodistas la base de investigaciones de historiadores que conforman los libros donde testimoniamos los seres humanos lo vivido.

Y es el 4 de enero, cuando celebramos nuestro dí­a, con un Gracias a quien debemos la vida y la existencia, la sapiencia y el poder ejercer aíºn.

Feliz dí­a del periodista a todos los colegas, pues.

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