Cataluña: presidente en el maletero

0

No va a parar y no será desde luego nada fácil para España sumida en un atolladero polí­tico derivado de la crisis secesionista en Cataluña, la intervención del Gobierno del presidente Mariano Rajoy con la aplicación del artí­culo 155 es una especie de intervención en la vida autonómica catalana.

Ni siquiera la convocatoria a elecciones el pasado 21 de diciembre ha dado una salida, un respiro viable para recuperar la normalidad institucional no nada más en Cataluña sino en el resto del paí­s ibérico. Un paí­s que no puede andar por mucho tiempo con la pata coja.

Hay una severa crisis polí­tica en conflicto, entre un grupo que planteó la ruptura y convocó a un referéndum contra las fuerzas del Estado que desde la Moncloa se niegan a dialogar, para dar una salida polí­tica certera, durable y creí­ble a esta tensión que mantiene atrapada en una burbuja de desvarí­o a 7.5 millones de habitantes.

La novela no parece tener pronto final, cada dí­a se escribe un nuevo capí­tulo, otro episodio inverosí­mil que desgrana la polí­tica sectaria predominante; no importa ni el daño económico, ni la caí­da en el turismo, ni las inversiones foráneas que se han retrotraí­do en la región autonómica aguardando por una solución factible.

Es irrisorio: las elecciones que son resultado del voto popular democrático de los ciudadanos han dado la victoria a Inés Arrimadas del partido Ciudadanos que es la nueva marca de confluencia cercana a la ideologí­a del Partido Popular (PP) no obstante, Arrimadas no quiere arriesgar a buscar la investidura porque no cuenta con los votos necesarios en el Parlament para quedarse con el gobierno catalán.

Las democracias europeas son presas de una fenomenologí­a que cada dí­a cuestiona más la voluntad popular en las urnas, porque la estrella contra una compleja red en la bíºsqueda de entendimientos para gobernar; no siempre el candidato más votado resulta investido porque para ello requiere contar con los legisladores afines necesarios para entonces sí­ ejercer el mandato por mayorí­a absoluta o bien por la simple (arriesgándose en esta íºltima opción a ser constantemente taponeado por el Legislativo).

Tampoco es que a la joven Arrimadas se le vean muchas ganas de gobernar, los de Ciudadanos suelen ser buenos oradores, tienen una presencia fresca, inteligencia y talento pero no dejan de ser ñoños no se les ve con mucho í­mpetu para realmente ejercer el poder porque llegar a él pueden¦ pero ejercerlo, gestionarlo y digerirlo con toda la acidez que provoca el desgaste diario de la toma de decisiones¦.

Con Arrimadas a un lado, el triunfo es para los independentistas con una mayorí­a que suma en el Parlament y que permitirí­a investir a Carles Puigdemont, fugado en Bruselas.

No nada más cuenta con el apoyo de la mayorí­a de los legisladores sino que la gente le votó (Arrimadas obtuvo el 25.4% de los votos y Puigdemont el 21.7%) y ahora, por ende, quiere volver a Barcelona para presentar su candidatura para investirse y defenderla ante el estrado el próximo 30 de enero a las 15 horas.

Sin embargo, desde el 21 de diciembre pasado, cuando quedó resuelto el puzzle electoral “ya pasó un mes- ha sido imposible conciliar polí­ticamente con el presidente Rajoy, no hay diálogo, el jefe del Ejecutivo está totalmente cerrado dispuesto a agotar todos los cauces, y los tiempos, dejando que sea la justicia la que resuelva la problemática catalana.

La región pide a gritos la vuelta a la normalidad, y requiere para ello una solución polí­tica, aunque lo que obtiene es una carga de baterí­a de justicia que no hace más que prolongar el desgaste de todos¦ desde luego también desgaste aní­mico.

Largos dí­as de editoriales, tertulias, toda la información alrededor de Cataluña, a Puigdemont le han puesto en el flechero cotidiano para disfrute de la jaurí­a que en los medios de comunicación sirven a la Moncloa. Todos los dí­as son palo tras palo al polí­tico fugado como si a vuelapluma pudieran convencerle de entregarse a la justicia en vez de tratar de gobernar como resultado de una elección.

A COLACIí“N

Si entra a España para tratar de investirse por supuesto que por orden de la Justicia será detenido, los memes estos dí­as ridiculizando a Puigdemont en una hipotética y secreta entrada al paí­s rayan en lo chabacano; las autoridades están en alerta, sagaces, esperando que no se monte una cortina de humo para camuflar su ingreso al Parlament.

Ayer, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santa Marí­a anunció que recurrirá ante el Tribunal Constitucional la candidatura de Puigdemont y de contar con el aval del Tribunal, los independentistas deberán ponerse de acuerdo entre sí­ para proponer a otro candidato para la investidura si no la crisis prolongará más allá de la Semana Santa porque habrá que convocar a otras elecciones.

Quizá lo más surrealista sea que el presidente Rajoy tenga la mente puesta en un tercer perí­odo de mandato, de hecho, intenta convencer a la gente de que él serí­a la mejor opción cuando ni siquiera puede sacar los presupuestos generales ni cuenta con la capacidad polí­tica para apagar el fuego catalán.

¿Soluciones? Hablar es lo más sensato. Su viabilidad pasa por sentarse en la mesa, con un café de por medio, para encontrar con todas las fuerzas polí­ticas catalanas un concilio que proporcione entendimiento entre las partes. También la inmovilidad y llegar tarde tienen un costo¦