Fuera parásitos

Definitivamente, lo que nos hace falta en el paí­s es una buena sacudida de parásitos, de los que dañan realmente a los mexicanos y que se expanden peligrosamente en todos los sectores, zonas y regiones.

Estos tienen como íºnica misión de vida succionar, chupar, robar el recurso disponible: se pegan fuertemente y, como las garrapatas, no dejan de succionar hasta que ocasionan su desaparición o la de donde están pegados. Son peligrosos, y hoy en dí­a se registran especies con el mismo ADN -origen- que se tiene la idea de que viene a ser más de lo mismo.

Cuando prendemos los televisores, todaví­a tenemos oportunidad de ver algunas cosas que nos ayudan y orientan, pero no podemos dejar a un lado esos comerciales polí­ticos que cansan ya, y que nos hablan de una supuesta pre–campaña, detalle tan criticado por los ciudadanos y que la autoridad se empeña en hacerlo ver como algo que no existe. Es como tratar de decir que no existe el sol que cala y deslumbra, o que la lluvia no ha tenido presencia, cuando todos estamos empapados. Y dicho sea con toda honestidad, salvo los dos o tres de siempre, los demás tamaulipecos ya estamos cansados de ver lo mismo de siempre, y de ver también la forma en que algunos emisarios del pasado se aferran a desaparecer, con la complicidad de funcionarios actuales que les dan juego¦ y recursos.

Algunos, por ejemplo, estuvieron asignados durante el sexenio fatal anterior a aspectos y áreas determinantes para la difusión, y hoy en dí­a, sabedores de que apestan por los resultados obtenidos y por la desmedida forma de hacerse millonarios han optado por refugiarse en los pocos municipios donde tuvieron aceptación y/o cabida, y siguen cobrando onerosas facturas por servicios, obviamente, no prestados, a una administración que no quiere -o no puede- encontrar la forma de sacudirse a esa gentuza.

Siguen viviendo de los presupuestos oficiales, pese a haber desviado muchos miles de pesos en campañas y antes de ellas, y han sido perdonados al parecer, cuando lo que gastan a diario es dinero de los tamaulipecos, y no propio de alguna persona o institución.

Los dineros píºblicos son de la gente, y como decí­a Don Manuel: es el dinero destinado a los que tienen una tarea especí­fica con estas áreas el que más ruido hace, por la naturaleza de sus destinatarios.

Cierto: quedaron ya muy lejanos los viajes a New York o La Habana, pero siguen estando ahí­, pegados en las nóminas y cuentas por pagar mes a mes de la forma más inusual¦ e ilegal.

Suponemos que dependencias como la Contralorí­a o algo parecido detectarán estas anomalí­as, y tarde o temprano les darán el fin justo que se merece por los demás,, porque el que estén viviendo con nuestros recursos como que no es lo más honesto.

Y mientras, los que quieren volver al cargo en un proceso de reelección curioso, siguen teniendo esa sombra en sus equipos de trabajo.

Deben, suponemos, tener el valor y la inteligencia de sacudirse a esos parásitos que les están haciendo muy mala fama, y que destinando sumas muy fuertes de dinero les hacen flacos favores, porque los demás nos damos cuenta de sus desví­os materiales y financieros.

No es justo, no por los que viven del gobierno sin serlo, del presupuesto sin devengar, y que siguen en un nefasto compadrazgo, facturando mes a mes, y puntualmente sacando sus recursos para vivir como sultanes.

¿O es eso digno en una entidad que pugna por desterrar la corrupción?

Es ahí­ donde también debiera hacerse un ejercicio de auditorí­a muy penetrante.

Para sacar a todas las alimañas de las cuentas píºblicas, de los presupuestos¦. Y que dejen de vivir de los impuestos.