
Parece de 15, por sus fotografías, pero en realidad está por cumplir 90 y la rompe en la red.
Yo simplemente quiero traer alegría. Este es el secreto de mi felicidad y me gustaría seguir mientras esté con vida.Kimiko Nishimoto.
Kimiko Nishimoto nació en 1928, tiene 89 años, tres nietos y seis bisnietos; vive en Kumamoto, al suroeste de Japón, y empezó a tomar clases de fotografía a los 72 años.
Durante su juventud se dedicó a pasar la vida como ama de casa, pero finalmente logró ser reconocida como fotógrafa. A los 82 años organizó su primera exposición en su ciudad natal.
En diciembre del año pasado, Kimiko tuvo otra exhibición en Tokio, a la que muchos seguidores acudieron para disfrutar sus obras impresas y en gran formato.
Lo de Kimiko con la foto “fue un flechazo”.
“Amo mi cámara de fotos. La guardo junto a mi cama cuando duermo, por si acaso. Siempre la tengo cerca de mí”.Kimiko Nishimoto.
Las imágenes que realiza evidencian que para ella no hay edad para divertirse. Y que además de ser fan de la foto, es una ferviente seguidora del arte teatral.
En sus imágenes la vemos sobre una escoba que vuela, disfrazada de conejo, colgada como si fuera ropa híºmeda, con una pala en la cabeza, con un sombrero de cerveza, con un disfraz de rana, como si fuera un bebé…
Siempre mostrando el rostro necesario para darle mayor credibilidad a haber caído de la bicicleta, a haber sido atropellada o a haber sido atacada por una bandada de cuervos negros.
Selfis disparatados, en conclusión.
En su perfil de Instagram, Nishimoto cuenta con más de 41 mil seguidores, que ha sumado en sólo dos meses, gracias a los divertidos retratos que comenzó a publicar más regularmente en noviembre. La casi nonagenaria toma las fotografías con un pequeño control remoto, ella misma hace la edición o los ajustes necesarios y luego publica todo en instagram.
Al principio no sabía que mis fotos eran tan populares. No es que yo intente sorprender a la gente, simplemente tomo las fotos que encuentro divertidas.Kimiko Nishimoto
Kimiko Nishimoto vive sola, su esposo murió hace cinco años; su íºnica compañía es un robot blanco semiandroide tipo Pepper que le regaló su hijo. “¡Ay! No lo he encendido desde hace un tiempo. ¡Esta cosa es más una molestia que otra cosa!”, dice sobre él.
Kimiko sigue mostrándole sus fotos a su difunto esposo, “el siempre me apoyaba en todo lo que decidiera hacer”, afirma. Aunque estas imágenes no le vienen de repente a la mente, cada vez que va a un lugar nuevo, imagino “de qué manera divertida podría vestir yo ese lugar”. Su íºnico objetivo es divertirse mientras se fotografía y llevarle alegría a quienes ven sus imágenes.
Fuente:
excelsior.com.mx