Ojos que no ven¦

œCorazón que no siente, se completa el dicho popular, y se refiere a muchas cosas, porque cuando no estamos ciertos de lo que acontece, no podemos manifestarnos a favor o en contra, o al menos, no serí­a legí­tima la opinión por carecer de un elemento que pudiera sostenerla.

Y es que luego del enorme daño que hacen las redes sociales a la difusión de eventos de orden píºblico, tenemos el problema de una total y autentica falta de comunicación. Muchas veces hemos pedido una explicación a una instancia oficial, sin embargo, no tenemos una respuesta adecuada, y la verdad, el proceso de comunicación al estar interrumpido propicia œruidos, es decir, mala comunicación y mal destino y resultado de los mensajes.

Cuando usted enví­a un correo electrónico a alaguna dependencia, nunca recibimos respuesta: pareciera que los de las dependencias, en los tres órdenes, fueran algo así­ como tocados por Zeus o Divinos, porque no osan comunicarse con el pueblo, vulgar y comíºn.

Nada les quita el ser un poco -solo un poco- educados y confirmar de recibido. No se pide que den la respuesta positiva obligada, porque sabemos que, aíºn cuando el ciudadano tenga la razón, no lo harán por su espí­ritu burocrático, pero al menos sí­ podrí­an decirnos si recibieron el mensaje, ¿no cree?

Hacemos una solicitud o un trámite administrativo, y nos pasamos semanas esperando una respuesta; luego de mucho tiempo, nos desesperamos y acudimos para ver qué sucede, y nos encontramos con un œno llegó bien tu correo, mándamelo de nuevo, con la desfachatez que ocasiona el ser prepotente y olvidar que las administraciones son de tres o seis años. No más.

No se vale que nos traten así­, no son especiales ni ellos ni nosotros: somos parte de un engranaje administrativo que requiere trámites, y como tales queremos que nos respondan.

Hace mucha pero mucha falta en la administración ese sentido humano que en las campañas se hace patente.

Respecto a esto íºltimo, alguien dijo que le llamaba la atención aquel candidato a Senador que dice que luchará por nuestra seguridad, cuando en su anterior cargo œpíºblico como legislador nunca le vimos por nuestras calles siquiera escuchándonos.

Es risible que vuelvan con el mismo discurso a nuestras casas y nuestras calles, porque la verdad, estamos fastidiados de esas faltas de respuesta obligada.

Y sucede en la comunicación vertical curiosamente, donde alguien enví­a un correo al jefe y no recibe respuesta; caso contrario, cuando lo manda éste, inmediatamente tiene la respuesta de todos sus subalternos.

¿Sabrán lo que es reciprocidad? Lo dudamos.

Es por ello que quizá haga falta instrumentar alguna serie de cursos de relaciones píºblicas y comunicación en la administración estatal y municipal, porque no sabemos nunca lo que quieren o decidieron, sino hasta que hay consecuencias.

Una prueba de ello es el aumento a las tarifas del agua autorizado el mes pasado y publicado en el diario oficial. Nadie dijo nada y en Comapa dicen que es culpa del alcalde, que él lo ordenó.

¿Y por qué no manejaron la información correspondiente?

Los ciudadanos quisiéramos que nos anuncien las cosas buenas y malas, as obligaciones y todo lo que concierne a nuestro papel como tales, para poder responder a la autoridad como debemos hacerlo, y entonces, exigir nuestros derechos, cumpliendo con nuestras obligaciones, de forma que la administración tenga recursos y nosotros los beneficios de una autoridad eficiente y progresista.

Como que ya es hoya de bajar de la nube, dar unos cuantos pasos por el 17 o alguna calle aledaña, y darse cuenta que son tan mortales como cualquiera de nosotros, incluyendo los que son figuras polí­ticas, artí­sticas o culturales.

A los ojos de Dios, todos somos iguales, ¡apréndanselo!