Bien calificado

Ni hablar, se juzga lo que se ve, lo que ellos “los victorenses- sienten, lo que viven, lo que los mueve y lo que acapara su atención cuando alguien les es simpático, pero sobre todo, porque ha procurado que los decore un sistema de vida razonable que no permite que desaparezca de su rostro una sonrisa, que debe ser interminable.
Impactante, conmovedor, sensacional, no se puede calificar de otra manera al mar de gente que regó ayer las calles de Ciudad Victoria, Tamaulipas, para apoyar al hombre de la sonrisa franca, abierta, al fornido, al saludador, pero sobre todo al personaje más trabajador que ha conocido esta capital, que gracias a él todos los dí­as, cambia.
Como cisnes, como hormiguitas y como urracas, vestidos de blanco, rojo y negro, unas siete mil almas se concentraron afuera de la sede municipal del PRI Victoria para apoyarlo a él, a esa figura que da la cara, que se entrega, que da soluciones de inmediato y que lleva por nombre Oscar de Jesíºs Almaraz Smer, quien se registro para buscar la reelección en la comuna.
La míºsica, el canto, el quiebre de cadera dominó el ambiente durante el recorrido que hizo la mancha urbana hasta llegar al IETAM, donde Oscar, acompañado por su bella, amable y simpática señora Tony “su esposa-, entrego la documentación para internarse en esta nueva aventura.
Eso resulta valioso, como también lo es el hecho de que tal vez Oscar no estuvo pendiente de los gritos y de los comentarios que hací­an a unos metros quienes marchaban. œNo te dejes Oscar. œTe queremos de nuevo. œNo nos defraudes, grito un hombre de edad avanzada y le pregunte el motivo: œEs que dicen que ya todo está arreglado a favor del PAN y que esto es pura finta, fue su respuesta.
Y dio risa un grupo de mujeres que se aparto rápido de la marcha.¿Que paso?, las interrogue. œEs que nos arrimaron el camarón, lo que provocó que soltara una ruidosa carcajada.
La mayorí­a de las féminas lucí­a pintado en la mejilla un diminuto corazón rojo, lo que claro que significa que apoyan que Oscar permanezca en la silla principal de la presidencia municipal por varios años más.
Entre los simpatizantes del aspirante a la reelección destacaba la presencia de personajes que fueron muy cercanos al Doctor Rodolfo Torre Cantíº, ex candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas que fue ultimado y ex funcionarios de administraciones anteriores que hasta en silla de ruedas se desplazaron hasta el recinto electoral.
A una calle de ese lugar, sentada en un ventanal de una mueblerí­a, estaba doña Beatriz Anaya de Villarreal, esposa del ex gobernador Américo Villarreal Guerra, esperando a Oscar. A la señora, como que aun la mueven los recuerdos del PRI, aunque sea la madre de un œnuevo morenito œque de pronto le gusto probar la rebeldí­a.
Y no sabí­a, pero sorprende lo expertos que son para bailar los funcionarios del actual ayuntamiento prií­sta, los diputados y una que otra chica fresa, quienes al ritmo guapachoso de la cumbia picante se lucí­an con un quiebre de cadera que fue calificado con un diez.
Fue un ambiente inigualable, pero ordenado, y una masa de gente que no se cansaba de gritar el nombre de Oscar para que sintiera que solo están con él y que valoran su titánico trabajo por el bien de Ciudad Victoria.
Es, otra carta que ya está sobre la mesa.
Un paso, que tiro a la basura una serie de dudas que brotaron en las redes sociales.
Y un desafí­o, que calla la boca de muchos venenosos.
Que buscaron que Oscar, cayera en su juego.

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