Los Golpes Bajos

La polí­tica moderna implica el uso de nuevas tecnologí­as para difusión, y otras para convencimiento de la ciudadaní­a, en aras de tener la mayor cantidad de simpatizantes y que se refleje en las urnas. De esa manera se puede decir que es una polí­tica triunfadora.

Sin embargo, históricamente la clase polí­tica, -que nada tiene de clase en sentido estricto de la palabra, porque entra cualquier rufián, malandro o sinvergí¼enza, – gusta de hacer uso de estrategias que se encuentran entre el lí­mite de la moral y la porquerí­a: a eso le conocemos como œguerra sucia.

Hace unos dí­as en la localidad un grupo de jovencitos de bachillerado, especí­ficamente del CBTIS, hicieron uso de lo que llaman œun derecho parra manifestarse contra la gente del PRI, orquestados, obviamente, por gente del Movimiento Ciudadano, ante las pruebas contundentes que presentaron prií­stas, ecologistas y muchos más.

Convocaron los niños a una rueda de prensa -como ellos le llaman- y se trataron de defender, resultando más malo lo que obtuvieron, porque se les volvió a exhibir como acarreados, ignorantes y más, con el agregado que quien los usa incurre en delito electoral, porque hace uso de menores que, como siempre, son menores para cumplir, pero se sienten mayores para defender o exigir.

Una de las preguntas clave de este enredo es ¿Dónde están los padres de estos niños mal informados, manipulados y neófitos en asuntos de polí­tica?

Porque fueron exhibidos como ignorantes, como desconocedores de la ley electoral, y además, ¿desde cuando un menor puede hacer este tipo de actos sin consentimiento de sus padres? ¿Quién se responsabiliza si les sucede algo?

Hay quien presume que los tutores legales de estos niños fueron ya œatendidos por los naranjas que los utilizaron en una de las acciones más bajas y sucias emprendidas en los íºltimos comicios.

¡Vaya!, para la presidencia de México hay 5 opciones, para diputaciones y senadurí­as, muchas, y para alcaldí­as también, de forma que todos habremos de elegir por quienes votaremos, de acuerdo con nuestra mentalidad, ideologí­a, preferencia u ocurrencia: el caso es que tenemos que hacernos notar con el voto.

Y los candidatos y partidos están llamados a convencernos, solamente que no está bien que se haga con trampas y acciones ilegales, porque ello rompe con el estado de derecho que debiera privar en nuestro castigado paí­s, donde no hay ley que valga ante un gobierno impositivo.

Y cuando elijamos, queremos hacerlo en total libertad por tal o cual, y sobre todo, no queremos guerra sucia los electores.

Estamos cansados de la porquerí­a que lanzan todos los dí­as, desde el primer candidato presidencial hasta los que van por una alcaldí­a apenas, y que, como son poquilla cosa electoral, convierten su lucha en una pasión electorera, donde lo importante es llegar para incrustarle el colmillo al presupuesto oficial.

Por eso, los ciudadanos no los bajamos de tramposos, vividores, oportunistas, nepotistas, abusivos y ladrones, a reserva de mejorar los calificativos que les endilgamos a estos parásitos sociales.

No tienen el menor asomo de decencia para conducirse en una campaña limpia, argumentando que œlos otros también lo hacen, y así­, un cí­rculo vicioso, donde cualquiera puede ganar por sus trampas y no pro sus méritos.

Pero estos entes vivirán en nuestras boletas y nuestros gobiernos en la medida que permitamos que sigan abusando de nuestra apatí­a y buena voluntad.

Como que ya está despertando el ciudadano exigente, pensante, y tendrán que hacer magia para lograr captar nuestro voto.

Porque ya las despensas y los œcien pesitos no funcionan como antaño, cuando la ignorancia era más manifiesta que hoy, aunque sigue habiéndola.

Y lo triste, es que sigue posesionada de los que pretendemos cambiar al paí­s con un voto. Así­ no se podrá experimentar un cambio, porque hay mucho que perder¦ y poco que ganar.