Debate municipal

No hemos terminado de asimilar el resultado del primer debate presidencial, y ya algunas personas piensan lo que serí­a el debate por la alcaldí­a de Victoria, con sus contendientes, entre los que se encuentran algunos conocidí­simos victorenses, el actual alcalde Oscar Almaraz, y miembros de partidos polí­ticos que han hecho alianzas y esas cosas raras de la polí­tica moderna.

Desgraciadamente, o al menos es nuestra percepción, los debates han servido para sacar los trapos al sol de otros contendientes y no para escuchar propuestas y debatir sobre el estado actual del municipio y lo que se pretende hacer, en caso de ganar las elecciones de julio próximo.

Todos sabemos el estado que guarda Victoria, y luego de unos dí­as de lluvias, vemos que ha renacido el descontento por la cantidad inmensa de baches que se han formado y dejan al descubierto la mala calidad de los programas que entusiastamente ha emprendido la autoridad y aliviaron durante muchos meses nuestro más amargo lamento.

Hay más necesidades, y si nos fuéramos colonia por colonia, zona por zona, encontrarí­amos que hay muchas áreas de oportunidad en las que podrí­a impactar la autoridad, y nos gustarí­a saber qué harí­a cada uno de los aspirantes al cargo en caso de ganar, no para solucionar -cuasi imposible- sino para aliviar nuestras carencias, y poder dar la cara en la forma que merece la ciudadaní­a.

Cuando la autoridad no hace, se le critica, y cuando hace, también. Aunque hay que ser justos y reconocer que muchas obras de ornato han sido edificadas por las administraciones estatales, pero los alcaldes en turno no se atreven a afirmar lo real, por temor a sufrir represalias de quien manda en la entidad.

Recordemos que nuestro régimen nos proporciona algo así­ como un emperador omnipotente que manda en todo y para todos, que solo su voluntad vale, y que no puede ser objeto de contradicciones, ni siquiera observaciones.

Pero serí­a muy enriquecedor escuchar a Eduardo Gattás explicar las acciones para solucionar la problemática de obra píºblica, o a Nayma Barquiaerena que explique de qué forma los programas de asistencia social e infraestructura estarán vigentes.

Algo que es tema de todos los cafés y metideros polí­ticos es la forma en que se vigilará el presupuesto, porque de todos es motivo de queja el hecho de que no alcance, y muchos, pero muchos entienden que lo primero que hacen los que gobiernan es hincarles el diente a los dineros de todos. Esa mentalidad debe cambiar, y tenemos que recuperar la confianza en los que gobiernan, con acciones que emprendan de forma transparente.

En materia de obra píºblica, nos gustarí­a escuchar a Mario Arizpe decir que auditarí­an las obras realizadas, y que si una constructora no cumple o si no dura el pavimento y se levanta al primer aguacerillo, estarí­an obligados a volverlo a reparar sin costo para el Ayuntamiento, es decir, que se hicieran las obras con una verdadera garantí­a, y dejar de complacer a compadres y familiares que se llevan la lana de las obras, y que suman muchos pero muchos millones.

Interesante saber que harí­a Xico con todo el apoyo oficial estatal, y de qué forma dejarí­amos de pensar en el jinete de a caballo y ubicarlo como servidor píºblico. Muchos no lo imaginamos en un escritorio sirviendo a la gente, y a caballo¦ como que no funciona ya la administración.

Y así­, todos quisiéramos que el debate se transmitiera por los canales locales, que ocupen los tiempos oficiales para que no nos cueste a los ciudadanos, pero que todos tengamos acceso al mismo, para darnos una idea objetiva y clara de cómo piensa cada uno de los que aspiran a sentarse en el 17 Hidalgo, y entonces sí­, hacer una profunda reflexión y meditación sobre quién merece que se le otorgue la confianza necesaria, y disponernos a apoyarle, con la idea de que se le exigirí­a más que siempre, porque la situación actual no está para tirar recursos, esfuerzo ni dinero.

Quisiéramos un alcalde honorable, trabajador y accesible, porque luego se olvidan de sus gobernados y se encierran en una burbuja de cristal.

Bueno, entendemos: es mucho pedir, pero¦