El PRI, ¿cuarto lugar?

Entre los detalles curiosos de la más reciente encuesta publicada por MASSIVE CALLER (mayo 24) destaca que los candidatos del PRI al senado, ALEJANDRO GUEVARA y YAHLEEL ABDALA, continíºan siendo rebasados hasta por los indecisos.

Para fines prácticos, la representación gráfica de dicho sondeo señala tres barras verticales más largas que aquella donde queda representada la intención del voto favorable al partido tricolor.

Encabeza el recuento con 33.56% la franja azul del PAN, que postula a la mancuerna de ISMAEL GARCíA CABEZA DE VACA y MARíA ELENA FIGUEROA.

Le sigue con 27.10% la que se muestra en color rojo oscuro y es de MORENA, cuyos candidatos son el doctor AMí‰RICO VILLARREAL y LUPITA COVARRUBIAS.

En negro, con una proporción del 17.16%, aparece el sector identificado como œno sabe, que en buen cristiano representa a los llamados œindecisos.

La cuarta franja es la del PRI, en tonalidad rojo claro, con ALEJANDRO y YAHLEEL como candidatos, a quienes dicha casa encuestadora adjudica el 16.30% de las simpatí­as.

Los abanderados de Nueva Alianza, í“SCAR MARTíN RAMOS y GRACIELA SANTANA. con su barrita aguamarina, andarí­an en el 2.96% y los del PVEM, PATRICIO KING y MELVA SOLíS, quedarí­an al final de la tabla con 2.92%.

Desde luego, como suele decirse en el reino de la estadí­stica electoral, apenas se trata de una fotografí­a, la imagen de un momento, dentro de una pelí­cula más larga podrá observar variaciones importantes, antes de culminar en el dí­a de las votaciones.

Hoy en dí­a, todas las agencias dedicadas a estos menesteres han añadido la advertencia de que los níºmeros presentados no son, en sentido estricto, un pronóstico, sin duda para prevenirse contra posteriores reclamos.

El resultado final se encuentra en construcción, está sujeto a cambios leves o sustantivos, ajustes, en el entendido de que la voluntad del votante aíºn puede modificarse.

De cualquier manera, resulta llamativo, en el caso de los candidatos prií­stas, que ni siquiera sumándole la totalidad de los indecisos (posibilidad remota que raya en lo utópico) lograrí­an alcanzar a la dupla puntera, la de ISMAEL y MARíA ELENA.

Aritmética elemental. Si fuera factible añadir a los 16.30 puntos de ALEX y YAHLEEL, el total de quienes fueron incluidos en la categorí­a de œno sabe (17.16) se ubicarí­an en 33.46. Es decir, dos décimas abajo de sus contrincantes albiazules.

Y mire usted que la pareja constituida por GUEVARA y FIGUEROA se ha fletado en recorridos intensos por todo el estado, que incluyen, entre sus atractivos, crí­ticas severas contra las autoridades estatales, asumiendo puntualmente su condición actual de opositores.

Si ello no les permite salir del tercer lugar, habrí­a que pensar (como en el caso de PEPE TOí‘O MEADE) que hay un desgaste severo de la marca (PRI) con la que vienen cargando a cuestas.

Algunos dicen que como una lápida, otros que baldosa. El caso es que se trata de un lastre difí­cil de cargar, luego de un gobierno como el de PEí‘A NIETO que incumplió las expectativas sembradas en su campaña presidencial de 2012.

Nunca como ahora, hay exgobernadores del PRI sujetos a investigación (o presos, en proceso) acusados de corruptelas escandalosas. Multimillonarias.

Igual, el reclamo popular apunta hacia los compromisos fallidos como la muy explí­cita promesa (festinada y televisada en cadena nacional) de que se habrí­an terminado los gasolinazos.

Lo cual, como hasta un niño lo sabe, jamás se cumplió, pues los aumentos a los combustibles nunca se interrumpieron y el presidente ni remotamente se sintió obligado a explicar la razón.

Igual se habló de que la reforma energética bajarí­a sustantivamente las tarifas eléctricas. Tampoco sucedió, por el contrario, las cuotas de luz están más caras que nunca y siguen subiendo.

Tales inconsistencias tienen el agravante de que golpean directamente al bolsillo familiar, sin distingo de clases sociales.

Ello, en un paí­s que cada dí­a desarrolla mejor memoria, equivale a algo muy parecido a una burla. Un insulto a la inteligencia del ciudadano en todas sus expresiones.

Lector, radioescucha, televidente, navegante en redes y (algo más contundente) en su calidad de elector, mexicano que ejerce su capacidad de sufragar y (de manera concomitante) aplicar el voto de castigo. Misión cí­vica y responsabilidad para la cuál está llamado el próximo julio.

Llamémosle frustración, decepción o genérico enojo, de cualquier manera, se la van a cobrar en estos tiempos de maduración, cuando la gente ya no quiere perder tiempo en otorgar su confianza a quienes de manera palmaria le han fallado.

Se esperaba otra cosa, la expectativa era clara, la gente se siente defraudada. Acaso PEí‘A NIETO no entendió que el voto de 2012 ya no tení­a aquella mansa incondicionalidad de los años dorados.

Ahora estaba condicionado a una palabra concreta: resultados. Sobre todo, en aspectos clave donde la campaña peñista hizo tan claro hincapié.

Tampoco los compromisos en materia de seguridad se cumplieron. En 2012, terminaba el sexenio de CALDERí“N, signado por la violencia, y PEí‘A prometió un gobierno eficaz en dicha materia.

Fijó como prioridades el trabajar de frente para disminuir de manera sustancial delitos como el homicidio, el robo con violencia, la extorsión, el secuestro. Hoy la estadí­stica lo condena.

El paí­s se sigue desangrando. Ni disminuye el í­ndice de criminalidad, ni hay paz en las comunidades rurales. La extorsión reina con un desparpajo lastimoso, los asaltos al transporte de carga federal se han disparado, con el añadido de que ahora también la delincuencia descarrila trenes para saquearlos.

La industria del huachicol es ya una economí­a paralela a la actividad formal de PEMEX. Manos oscuras protegen y solapan a quienes roban y compran combustible mal habido.

Para colmo, Tamaulipas entra ahora por la puerta grande al í­ndice nacional de feminicidios. Se dice fácil, pero seis mujeres asesinadas de un jalón (y con lujo de crueldad extrema) en la capital del Estado, ya es estadí­stica grave que pesa y duele.

Que nadie se llame a engaño, en su declive final, el gobierno peñista cosecha lo que sembró.