¿Violencia electoral?

Sinceramente, tenemos la idea de que a nadie nos gusta la violencia, menos en una entidad que ha sido salpicada -inundada- de hechos de esta naturaleza, donde todos los estratos, grupos, comunidades y niveles sociales han sido afectados. Nadie ha escapado a tal fenómeno y la verdad es que quienes hemos vivido estos acontecimientos no quisiéramos que se repitieran, ni en nosotros ni en nadie en el mundo entero.

El proceso electoral actual ha dejado una estela de violencia en el paí­s: 106 personas han perdido la vida en forma violenta por intereses polí­ticos, 106 que tuvieron que ser sustituidos en las planillas electorales.

Y para acabarla de amolar, vemos en las redes sociales, el mayor y más vulgar lavadero del mundo, una innumerable cantidad de epí­tetos ofensivos contra los œsimpatizantes de Ricky, los œChairos, los œcorruptos del PRI y muchos más: nos hemos dedicado a insultar, a denostar, a difamar y mentir.

Este domingo apareció una imagen donde surgen chicas en bikinis con los logos del PRI, en un montaje más burdo que nada, para hacer creer a los que todo se creen en las redes, que el PRI utiliza œencueratrices para convencer; de igual manera, fotos con despensas y dinero, acompañados de un logotipo, dependiendo del destino, para afirmar que hay copra de votos.

Los de un candidato nos pen¦ a los demás porque ellos tienen la razón y no conciben que nosotros apoyemos a otra persona.

Está degenerando el proceso, y a poco menos de un mes aíºn podemos hacer algo por merecer unas elecciones dignas.

Mire, el ejemplo lo vemos en Victoria, o al menos así­ parece: los candidatos están en su lucha: desde un alcalde que quiere reelegirse hasta candidatos independientes, de fórmulas partidistas o un solo instituto polí­tico, que han sacado a flote las carencias y lo que consideran necesario para convencer.

Sin embargo, y es loable, no se han dedicado a tirar estiércol a los demás candidatos. Es natural que no les vayan a dedicar una pieza de oratoria resaltando sus virtudes, pero ha habido un buen nivel de respeto, dentro de lo que cabe.

Donde se pierde la civilidad polí­tica es en algunos miembros de los equipos que denostan y otros que pagan por difamar a los demás.

Uno de ellos, especí­ficamente, maneja buen presupuesto para la descalificación mediática de los contrincantes de su jefe. No estamos de acuerdo con estos procedimientos.

Por muy desinteresados que parezcamos, todos sabemos qué hay y que no hay en las administraciones de todos niveles, y todos tenemos una opinión acerca de los protagonistas de la batalla polí­tica, así­ que sobra el mundo de epí­tetos y difamaciones que se empeñan en publicar. No necesitamos eso más.

Debemos parar esta violencia polí­tica, y garantizarnos todos, absolutamente todos, el respeto a la voluntad de cada uno de los votantes, para que en un ambiente de libertad pueda emitir su voto en favor de quien le plazca, y que éste, su voto, sea respetado por todos los actores del proceso.

Demostremos civilidad y congruencia: rechacemos la violencia en todos sentidos, y en ese sentido, procuremos que no haya más violencia.

Los simpatizantes de AMLO se han empeñado en atacar y sentirse atacados. Basta de cuestiones negativas: si son pro-López Obrador, ellos sabrán, pero por favor, que dejen de inventar, de difamar, de atacar y amenazar.

Igual recomendación para los de Anaya, del Bronco y de Meade. En Victoria, prudencia para los de Almaraz, Arizpe, Gattás, González Barquiarena¦

No necesitamos más violencia. Paremos esta espiral, y dejemos de compartir tanta estupidez que circula en redes sociales, y que, a fuerza de ser francos, no nos consta. No colaboremos con las feke news de la polí­tica mexicana.

Demostremos que somos una sociedad civilizada, capaz de enfrentar un proceso democrático con madurez, por favor. Enseñemos a nuestros hijos lo que es participar polí­ticamente correcto, que nos urge.

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