Aumenta rechazo a refugiados

El drama de la inmigración desdibuja un mundo hipócrita e indiferente al dolor ajeno, son pocas y generosas las manos que acuden presurosas a ayudar al prójimo.

Entre los tabíºes, la xenofobia y los prejuicios, se suma el comercio de personas, el tráfico inhumano de menores de edad y la edificación no solo nacional sino internacional de amplias redes de tratas de hombres, de mujeres y de niños; y no se diga las poderosas mafias encargadas del trasiego por barcos, por tíºneles o camionetas de los potenciales emigrantes.

Ellos se encargan de sacarlos y también de introducirlos en los respectivos paí­ses para que como inmigrantes ilegales inicien el periplo de la acogida y el limbo de vivir sin papeles.

No muchas veces “son pocos entre millones- acontecen casos de éxito porque está el rechazo social, el estigma de que al nuevo se le darán papeles, trabajo, ingreso o bien subsidios que serán pagados por los ciudadanos. Hay siempre un rechazo inmediato.

Los inmigrantes abandonan sus respectivos terruños por diversas razones personales no siempre por motivos económicos o culturales sino expulsados por la violencia, la inseguridad, las guerras civiles; muchos y muy violentos dramas humanos dejan secuelas de por vida como acontece en ífrica con pueblos arrasados por grupos radicales que violan, matan y hasta mutilan como trofeo de guerra.

Desde 2000, no han amainado las corrientes migratorias, el recrudecimiento de varios conflictos en ífrica y el surgimiento de otros en Asia y en Oriente Medio han contribuido a seguir expulsando gente a la que no le queda de otra más que dejarlo todo y huir.

¿Quién cruza en una balsa hinchable sobrecargada el Mediterráneo o bien otros mares inestables? ¿Quién hace una travesí­a desde Centroamérica para probar suerte en la Bestia y llegar lo más cerca de la frontera de México con Estados Unidos y allí­ contratar algíºn coyote o aventurarse en la locura de cruzar el desierto?

Siempre he creí­do que lo hace alguien sin miedo a morir: carece de opciones, ha tirado el dado de la vida probando suerte a ver si le sale bien la jugada.

Falta mucha empatí­a e inteligencia emocional para trasladar a las polí­ticas píºblicas una serie de acciones que permitan rentabilizar a favor ese caudal humano.

Si en vez de perseguirles se les utilizara, si en vez de dejar que se queden para poblar las calles con más miseria humana se les diera una oportunidad de integrarse verdaderamente en el tejido de la nueva sociedad que los acoge.

Es muy complicado, porque por más que Estados Unidos amuralle su frontera eso no frenara los intentos por llegar a su paí­s, siempre habrá la suspicacia y la astucia para burlar las normas y los controles; ya sea por tierra o por mar o por aire o hasta por debajo de la tierra.

Además la marea humana es ya tan desbordante en el ámbito global que prácticamente se formarí­a un nuevo paí­s del tamaño de Francia -demográficamente hablando-, hay más de 66 millones de refugiados deambulando por el mundo, segíºn la ACNUR.

A COLACIí“N

Los grandes lí­deres hablan del cambio climático, disertan de las acciones en comíºn a desarrollar cuando se trata del terrorismo; de los desafí­os de la democracia y la gobernabilidad en los tiempos de Twitter y Facebook, buscan consensos en muchas aristas de delicado calado global.

¿Y cuándo será atendida fehacientemente la tragedia de la inmigración en todas sus vertientes ilegales y de explotación mercantil del ser humano? Hay un ocioso desperdicio de recursos píºblicos en una persecución incesante, que contiene pero no elimina el problema; con vallas cortapiernas en España o minuteman en Estados Unidos o cualquier otro artilugio perverso, solo se contiene pero la gente seguirá arriesgando¦ intentándolo.

Es menester que los lí­deres globales celebren un gran cónclave a fin de establecer una serie de pautas de acción primero para proteger los derechos humanos de los inmigrantes porque la vida es un derecho inalienable y si ésta corre peligro tienen derecho a ser refugiados y asilados.

Cada paí­s debe estructurar un programa de asilo y acogida que permita una real inserción social, lingí¼í­stica, laboral y de usos y costumbres en el nuevo paí­s. Hay que hacerlo y pronto, no son fantasmas son seres humanos de carne y hueso sufriendo muchí­simo.