¡Pobres jóvenes pobres!

Las cifras son escandalosas y llaman poderosamente la atención: el 59.9 por ciento de los jóvenes mexicanos vive en la pobreza, y los que trabajan ganan entre 1 y 3 salarios mí­nimos, insuficientes para mantener una familia y cubrir sus necesidades apremiantes.

¿Qué falla entre ellos? ¿Su formación? ¿La falta de oportunidades?

Muchos son los factores que pudiéramos analizar, pero estamos ciertos de que el problema es un cí­rculo vicioso: a los jóvenes no se les dan grandes oportunidades laborales porque no tienen experiencia, y no tienen experiencia porque no tienen oportunidades laborales para adquirirla.

Salvo los juniors de la polí­tica que alcanzan sueldos insultantes, diputaciones o senadurí­as, coordinaciones en oficinas gubernamentales y más, los demás están cortados con la tijera de la dificultad económica.

Y pudiéramos decir que es un problema en Tamaulipas el tener jóvenes preparados para enfrentar los retos laborales y que no tienen oportunidades, pero no: es un problema nacional, y los afectados están por doquier. No se vale que haya brillantes personas supeditadas a una recomendación o un padrinazgo de esos dudosos; ya estamos cansados de ver muchachitos inestables, incapaces y prepotentes en varias oficinas de todo nivel. Ya es hora de que los gobernantes busquen entre nuestra juventud gente con capacidades reales y no disfrazadas del apellido paterno¦ o materno.

Era curioso: llegaba tal persona a una posición, como por arte de magia su hio o hija ocupaba un alto cargo, presumiéndose sus habilidades no manifiestas, pero sí­ una gran prepotencia y autosuficiencia no comprobada. Los juniors han hecho muchí­simo daño a nuestro paí­s, y lo siguen haciendo, por lo que se torna urgente una medida justa que haga que se otorgue un puesto laboral a quien lo merece realmente.

Nosotros vivimos esa discriminación hacia la juventud en carne propia, cuando no llegaron las oportunidades que sí­ estaban con otros cuyo íºnico mérito era haberse rozado con la gentuza que estuvo en el poder y envenenó al sistema polí­tico tamaulipeco.

Como que ya es hora de buscar que estén en los cargos los mejores, y no porque hayan estado en campaña entregando pegatinas o blandiendo banderitas se les tenga que dar trabajo.

Muchos de ellos piensan que por haberse œfletado en el sol durante la campaña merecen el cargo, y no por sus habilidades y capacidades. En ellos, gente vituperada, humillada y ninguneada por una decrépita clase polí­tica, habí­a jóvenes muy valiosos que hoy en dí­a siguen sin empleo porque no son hios de tal y cual, porque no tienen esa œtarjetita tan necesaria.

Serí­a muy interesante ver que realmente se presenten a laborar esos capaces de entregar su iniciativa, su creatividad, su responsabilidad y fuerza juvenil a u puesto laboral, y conjugarla con la experiencia de quien ya está en la íºltima etapa de su vida.

Porque dar oportunidad a los jóvenes no quiere decir que tengamos que echar a los viejos o maduros: todos tenemos derecho a trabajar y vivir dignamente: no solo ellos o nosotros: las oportunidades deben ser para jóvenes hombres y mujeres, adultos, adultos mayores, técnicos y profesionistas con niveles de licenciatura, maestrí­a y doctorado: todos por igual, de acuerdo a sus capacidades y talentos, como debiera de ser justamente necesario.

Y nuestras autoridades pueden comenzar por establecer esa lí­nea que debe permear entre la justicia y la decencia, entre el reconocer la fuerza y empuje de cada quien y otorgar lo que se merece. Dejemos a un lado el compadrazgo e influyentismo que nos inunda inclusive en medios, y hagamos de nuestros jóvenes verdaderos valores de su actividad y profesión, que seguramente dignificarán a sus padres, su estado y a sí­ mismos.

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