Amigo de los periodistas

A mi regreso del DF en 1986, fue la primera mano que estreché aquí­ y él era un jovencillo atento, platicador y amigable que se rozó mucho con el periodismo y, desde ese entonces, se podí­a notar que por sus venas corrí­a la sangre de un polí­tico, pero guardo el momento para correr el telón.
Desde los 16 años y en las pláticas con sus amigos periodistas, se percibí­a que lo suyo, en un futuro, era convertirse en un polí­tico de peso, por eso por su boca escapaban palabras claras y sendas propuestas sobre lo que se vislumbraba para Tamaulipas, claro, por el bien de quienes habitamos en este frondoso pedazo norteño.
Y se alejó del periodismo y se aferró de la mano de las juventudes prií­stas para internarse en actividades polí­ticas que se fueron acomodando a su paso y que aprovechó bien porque su corazón se lo exigí­a.
A los 17 años se corto el ombligo y partió al Distrito Federal para estudiar y para crecer internamente, donde se empezó a codear con importantes figuras del PRI nacional, entre ellos el malogrado candidato a la presidencia, Luis Donaldo Colosio.
El es una persona inquieta que odia depositar su peso corporal en un confortable sillón, más bien es un hombre de campo, porque no pierde el momento para acercarse a la población y abrir un diálogo que no está exento de bromas y chascarrillos.
Más tarde, como premio a su ingenio por acercarle adeptos al PRI, se convirtió en delegado del tricolor en estados como Nayarit y Tabasco, donde entrego buenos resultados, lo que hizo que su fama se fuera para arriba como la espuma.
Y aquí­, en Ciudad Victoria, Tamaulipas, fue candidato a regidor en la administración de Carlos Castro Medina y, luego, se internó en el camino del servicio píºblico, por ejemplo en la titularidad de un departamento que se dedica a abatir el rezago en educación básica, donde actuó con mano blanda o dura, segíºn el caso que paso por sus manos.
En ese lugar dejo huella, al grado de que aíºn cuando han pasado varios años el personal de ese departamento pregunta dónde está, porque nunca se mareo, tampoco le gano el complejo de un cacique y, mucho menos, el de un dictador en el área educativa.
Aun se habla de él y, muy bien, incluso una persona del sector educativo le arrancó un pedazo a la famosa y bella canción del uruguayo, Mario Benedetti, œTe quiero. Se la dedica sobre todo pues en su letra dice: œPorque sois pueblo, te quiero.
Y trabajó en el ayuntamiento con el ex alcalde, Miguel González Salum, en la Dirección de Giras de Eugenio Hernández Flores, a decir de muchos el gobernador más querido que ha tenido Tamaulipas, y en otras cosas más, que han contribuido a que madure y a que vaya en serio para que se hagan realidad a esta altura sus aspiraciones.
Su nombre es CESAR ENRIQUE GARCIA CORONADO, quien está dispuesto a levantar la mano para llegar a la dirigencia del PRI en Tamaulipas.
En estos momentos es Delegado de la SCT en San Luis Potosí­ pero, es seguro que desde aquel lugar ve con tristeza que su partido en Tamaulipas está de cabeza, por lo que está dispuesto a intervenir para que mediante varias cirugí­as las heridas, cicatricen.
Tal vez el error del PRI de Tamaulipas fue cerrarse a la comunicación y prometer más de lo que tení­a en la mano, por eso se amerita sangre nueva, sangre joven, para que se sacude el lodo y logre hacer suyo la mayorí­a de las diputaciones locales que estarán en juego.
Ciudad Victoria y el área rural de Tamaulipas, le deben mucho a CESAR porque canalizó recursos para el mejoramiento de caminos y carreteras, algo que tal vez muchos de sus paisanos desconocen.
El se apunta y no pierde la esperanza de que le haga justicia la revolución.
Y no precisamente, la francesa.

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