Banorte: œhágale como quiera y el cinismo

Dice la Real Academia del término usura: œinterés ilí­cito que se llevaba por el dinero o el género en el contrato de mutuo o préstamo o œinterés excesivo en un préstamo

El término se ha empleado históricamente para señalar a esos individuos que lucran con la necesidad de otros y ofrecen préstamos con intereses demasiado altos, como sucede en algunos bancos nacionales y extranjeros.

Hoy, los bancos no son solo préstamo: sus acciones tan diversificadas y tecnificadas nos permiten hacer uso de sus recursos para cubrir muchas necesidades cotidianas.

Sin embargo, hay bancos que no entienden lo que es el trato al cliente, como sucede con el que negativamente se ostenta como œEl Banco de México, y que responde al nombre de Banorte, sinónimo de trampa, ilegalidad, usura, burocracia bancaria, mal trato, falta de educación y desinterés hacia el cliente, como mí­nimos calificativos.

Hay constancia de casos en los que la banca de referencia hace uso ilegal del dinero de sus usuarios y nadie se da por enterado o nadie quiere solucionar el asunto; uno de ellos, data del mes de noviembre de 2017, y los œejecutivos locales dicen que no han recibido respuesta, y al cliente le responden: œHágale como quiera. Así­ de cí­nicos, desvergonzados y de faltos de criterio, como sucede en la sucursal de la calle Juan B. Tijerina y Aldama, donde un individuo de nombre Leopoldo Pérez Garcí­a, con las í­nfulas de cualquier patán con cargo, trata al cliente y no entiende el beneficio de contar con cuentas oficiales que les pasaron a ese banco, haciendo todo cuanto le es posible por ahuyentar al cliente cotidiano que, si bien es cierto, no maneja millones, es importante saber que por miles de esos clientes el banco se mantiene y es lo que es.

Quien haya ido a tratar con el gerente Pérez sabrá que entendemos la misma actitud que otros clientes que se van hablando cosas solo negativas de la institución por la falta de respuesta a sus necesidades e inquietudes.

En mala hora el gobierno estatal decidió cambiar sus cuentas a ese banco, dicen los burócratas que han sido objeto de fraudes, malos manejos de sus cuentas, clonaciones y más, y recibido por respuesta las palabras de el gerente Pérez: œhágale como pueda.

Gente con ese tipo de trato no cabrí­a ni en el departamento de intendencia, porque seguramente al tomar el trapeador harí­an una labor tan sucia como la que hoy refieren al frente de tan importante sucursal.

Las quejas no se pueden elevar, porque nadie da la cara: los directivos de Banorte están escondidos en el anonimato que proporciona la banca en lí­nea: nadie de los que contestan puede dar un nombre, los que revisan siempre están ocupados o en junta, y total, una persona o nombre de Banorte no existe.

Pareciera que lo manejan máquinas y el ser humano no existe.

Casi un año de una gestión de trámite, y Leopoldo Pérez argumenta que œno ha recibido respuesta de sus superiores, cuando, si usted viera la reclamación que hicieron, reirí­a y se indignarí­a al ver la falta de capacidad, talento, instrucción, educación y modos que tienen estas personas, porque muchos œejecutivos son igual de mal empleados que su jefecito que no sabe lo que es el cliente.

Es impensable qué sucederí­a si un banquero de antes os viera y supiera su forma de atención: seguramente los echarí­a a la calle sin menores oportunidades siquiera.

Pero lo grave es que os que pagamos estas anomalí­as somos los usuarios que forzosamente tenemos trato con este banco, llamado malamente el œBanco de México, porque en sus postulados habla de promover nuestro paí­s, pero en la práctica es todo lo contrario: quedar mal con el cliente, pisarlo, aplastarlo y hacerle sentir la autoridad del patán que se ostenta como ejecutivo bancario.

Ojalá los pusieran en su lugar -la calle- y el banco nos trate como lo que realmente somos para una institución que, de alguna manera u otra, jinetea nuestro dinero para hacer el suyo.

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