China y Japón, ¿amigos?

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Si algo ha hecho posible la asunción de Donald Trump a la Casa Blanca es que hasta los polos opuestos en la geopolí­tica actual empiezan a buscar alianzas y nuevos canales de entendimiento, a manera de desmarcarse, respecto del discurso incendiario que pretende desmontar el multilateralismo.
Hasta la canciller germana Angela Merkel se ha acercado por conveniencia a su homólogo ruso Vladimir Putin; las dos Coreas, viejas antagonistas desde 1953, trabajan por un acuerdo de paz y de vinculación; Israel por vez primera desde que se creó como Estado ha buscado un acercamiento con Omán (paí­s que no lo reconoce como tal) en aras de encontrar un punto de entendimiento para la paz en Medio Oriente; y lo inimaginable también ha sucedido con el más reciente acercamiento bilateral de comercio e inversiones entre Japón y China.
Al menos en apariencia ha quedado atrás el distante encuentro en 2014 entre el presidente chino Xi Jinping y el primer ministro japonés Shinzo Abe durante la Cumbre de la APEC; en el photocall del evento que tuvo como sede Pekí­n, el apretón de manos entre ambos mandatarios si bien fue cortés no dejó de ser distante e impostado.
En la APEC, los dos convinieron en trabajar por reforzar y relanzar sus relaciones bilaterales¦. hasta ese momento sin mucha prisa; pero Trump ha cambiado el ritmo de los tiempos en parte por las sanciones de 250 mil millones de dólares impuestas a 6 mil 213 artí­culos y mercancí­as importadas desde China.
Hace unos dí­as, el presidente Abe fue recibido con honores en una visita oficial en Pekí­n¦ hací­a siete años que ningíºn otro lí­der de su paí­s habí­a acudido a China, y llevaban años esquivándose. œQuiero comenzar una nueva era para Japón y China con el señor Xi, dijo ante la prensa.
Para su anfitrión es una oportunidad œpara no amenazarse ni agredirse y fundamentalmente para œmantener una relación entre China y Japón estable a largo plazo, algo que beneficiará también a la estabilidad de la región.
Bajo ese marco acordaron: 1) Mejorar la cooperación en financiación, innovación o propiedad intelectual; 2) coadyuvar a la desnuclearización de la Pení­nsula de Corea; 3) avanzar en proyectos de infraestructura; 4) fueron signados 500 acuerdos entre empresas chinas y niponas; y 5) recuperación del mercado cambiario de divisas entre ambas naciones.
A COLACIí“N
Este es el relato en carne viva de cuando David se enfrentó a Goliat y terminó conquistándolo y ocupándolo a lo largo de 14 años desde 1931 hasta 1945.
Además es la prueba de que en una guerra no siempre gana el que tiene mayor población ni mucho mayor territorio: Japón es tan pequeño que su territorio cabrí­a veinticinco veces en China, no obstante, ni su extensión geográfica ni su densidad demográfica fueron óbice para dominar “contra todo pronóstico- al gigante asiático.
La realidad es que las heridas de la guerra siguen supurando agriamente en pleno siglo XXI: Alemania, una nación democrática, cada año pide perdón a los judí­os por el Holocausto.
Empero, no son los íºnicos agraviados, miles de millones de chinos rememoran de generación en generación la devastación nipona en su territorio, una historia escrita, letra a letra, con sangre y lágrimas derramadas por cientos de miles de civiles masacrados por el Ejército Imperial Japonés.
En Asia Oriental, se pretende que los libros de texto y de Historia no escondan el dolor infligido contra terceros paí­ses por apetitos de ambición y de avaricia; durante décadas China ha protestado porque considera que los libros de Historia de los escolares japoneses no testimonian ni plasman fehacientemente todo el daño en devastación territorial y destrucción de la vida humana provocados por Japón en las guerras inmediatas pasadas del siglo XX.
China ha reclamado siempre la matanza en Nanking de más de 300 mil civiles, no obstante, Japón reconoce que fueron 250 mil soldados chinos caí­dos en batalla; aunque hace más de una década, el gobierno de EU desclasificó sendos archivos en los que, segíºn la prensa china, refieren a dicho episodio con datos de medio millón de civiles œexterminados salvajemente por los nipones.
Durante la guerra con China y su ocupación desde 1937 hasta 1945 no hizo falta que los japoneses liderados por el emperador Hiroito edificasen campos de exterminio, como los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, porque ni siquiera se tomaban con miramientos clasificar a la población.
Nanking es la piedra angular en las relaciones diplomáticas entre China y Japón, es la amargura, la impotencia, la rabia y el desconsuelo de varias generaciones. ¿Podrá China finalmente dejarlo atrás?