Que impere el orden

Triste, muy triste ver hechos como los que se suscitaron este lunes por la madrugada, cuando habitantes de una zona del centro del paí­s pretendiendo rescatar a un delincuente golpearon, vejaron, incendiaron patrullas y más, en aras de lograr su cometido. El resultado: policí­as heridos y algunos de gravedad.

No es defensa a un grupo siempre atacado: los policí­as existen porque se requiere que haya cuerpos de seguridad. En ese sentido, somos bastante injustos.

Vemos cuando hay manifestaciones y más, que los cuerpos de seguridad acuden con su escudo y a veces con un tolete, pero nada de armas, y se enfrentan a verdaderos delincuentes que los atacan con barrotes de fierro, piedras, boes de aerosol improvisados como soplete y más.

El argumento es que se tiene el derecho de manifestarse, y se condena a los œsalvajes uniformados que pretenden imponer orden. Los golpean, y cuando ellos empujan¦ son unos bárbaros y peor aíºn: unos auténticos gorilas.

¿Es equitativo?

Lo de San Juan este lunes obedeció a una persecución de un delincuente y no a un operativo. Sucede como con los huachicoleros: que se de tiene a un ladrón de combustible y del patrimonio nacional, y acude la población. Su rescate y defensa. Y esos que acuden y vandalizan patrullas y policí­as son los mismos que critican la falta de autoridad para defenderlos.

Como que estamos mal, y por eso nuestro muy querido México se duele y se batalla para vivir dentro de un ambiente de justicia total.

Tenemos gobernantes que saquean a los estados y se les deja ir por œerrores de procedimiento cuando su fortuna mal habida es manifiesta; delincuentes que son atrapados in fraganti, y de la misma manera, con ridí­culas multas se les libera, y así­ sucede todo el tiempo.

Pero no se le ocurra pasar una luz roja, porque los diligentes nos detienen e infraccionan.

Es necesario que todos, absolutamente todos los miembros de la sociedad tengamos conciencia de lo que es la ley y la justicia, y en esa medida, responder.

No podemos confiar en cuerpos de seguridad que abusan, pero tampoco podemos permitir que se cometan actos de vandalismo contra ellos.

Es natural, claro, cuando tenemos autoridades que no nos responden adecuadamente. Es como cuando alguien va a interponer una demanda al Ministerio píºblico, y lo primero que le dicen es œ¿seguro? Porque va a salir en los periódicos, villando el derecho a la privacidad de las demandas, desde el mismo escritorio de la autoridad.

Otros somos influyentes y prepotentes y gritamos, ofendemos y amenazamos, al fin que tenemos cuates en el nivel de autoridad superior, y a los elementos los amenazamos hasta con cesarlos.

Entonces, como que va siendo tiempo de respetar las leyes, de hacer que la autoridad lo haga, y exigir energí­a y que cesen esos abusos de bloqueos, vandalización de bienes de seguridad y de elementos, que ya estamos hartos de ese tipo de tonterí­as, propias de un mundo subdesarrollado.

Merecemos algo mejor, y para lograrlo tenemos todos que actuar y exigir: queremos autoridades que se respeten y den a respetar, que no abusen con quien no lo merece y sean más enérgicos con quien deban; queremos ciudadanos que sepamos cuimplir los ordenamientos legales en todo momento y lugar, y asumamos la consecuencia de nuestros errores cuando hay que pagar infracciones o recibir otro tipo de castigo legal.

Todo, dentro del marco de la ley, y podrí­amos comenzar, por ejemplo, evitando que miles de automóviles circulen de manera ilegal en nestro suelo.

Porque las placas apócrifas de UCD, ONAPPAFA y ahora hasta de la CCI son violatorias de toda legislación actual.

Queremos respetar, pero que nos respeten, pues.

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