Agitación bursátil en la City

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Ayer, la Bolsa de Londres cayó 3.15% y un dí­a anterior cedió 1.44%, estos dí­as previos a la votación en la Cámara de los Comunes del próximo 11 de diciembre anticipan el maremoto por venir para la muy obstinada primera ministra Theresa May aferrada al mástil del Titanic, camino de hundirse en las aguas profundas del Mar del Norte.
A menos de una semana de la votación del acuerdo del Brexit alcanzado entre May y la Unión Europea (UE) ella sigue diciendo que es la mejor negociación que œsalvará muchos empleos y que Reino Unido recobrará la potestad sobre del flujo migratorio, el control de sus finanzas y de su comercio.
Sigue insistiendo hasta el cansancio (los británicos y los residentes extranjeros deben estar hartos de tanta perorata) tras más de dos años de esta pesadilla, que œno habrá un segundo referéndum, que no habrá marcha atrás, que no dilatará las votaciones y que llegará al 11 de diciembre aunque sea arrastrándose.
¡Vaya semana! el poder de la premier se ha ido desmontando ladrillo por ladrillo: primero, Westminster se organizó contra ella y los legisladores presentaron un documento que la nombra en desacato.
Nunca antes en la historia polí­tica inglesa, un primer ministro habí­a sido señalado en desacato y todo porque May no entregó toda la documentación del acuerdo del Brexit, ocultó información; y si no la presente al completo antes del próximo martes podrí­a meterse en serios problemas ella y el grueso del Ejecutivo.
Por si fuera poco, los legisladores aprobaron una enmienda para quitarle el poder de decisión a Downing Street y a todo el Ejecutivo en caso de que no prospere el acuerdo; y si la votación es desfavorable el destino del Brexit descansará a partir de entonces en manos del Legislativo.
Hay tanta presión en el ambiente que ayer, la primera ministra reconoció por vez primera en una entrevista en la BBC, que el Brexit puede frustrarse, puede no hacerse realidad.
A COLACIí“N
En la Unión Europea (UE) también están temblorosos porque sin el acuerdo alcanzado el pasado 13 de noviembre, el escenario puede ser demasiado convulso en un año electoral: en mayo hay elecciones para el Parlamento Europeo y si el Brexit se sale de control será electoralmente muy malo.
Quedarí­a una ruptura dura y sin acuerdo o bien que como ya atisba May el Brexit quede frustrado, ¿hay forma de perdonar a los británicos y que permanezcan en el club europeo?
Sí­, la hay, tanto la Comisión Europea como el Consejo Europeo han dejado siempre abierta las puertas para dicha posibilidad, y el lunes 10 de diciembre, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea se pronunciará al respecto de si permitirá que, de forma unilateral, Reino Unido revierta el Brexit nada más retractándose.
Entre perdonar a la segunda economí­a de Europa¦ a dejarla ir, se prefiere lo primero: buscar una reconciliación en momentos hilarantes para los europeos y sus canales de entendimiento; en tiempos ideológicamente difí­ciles y complejos con las ultraderechas resurgiendo e inflamando nacionalismos recalcitrantes.
Ultraderechas que no quieren la unidad europea, que detestan a la UE, que condenan la utilización del euro y que desean recuperar su soberaní­a a toda costa.
El Brexit ya cumplió dos años desde aquel referéndum maldito y no ha hecho más que ocupar tiempo y espacio en las discusiones europeas, en los medios de comunicación, en las decisiones de los inversionistas que no saben si invertir en la economí­a inglesa mañana o hasta que acabe 2019 para ver cómo queda la ruptura o la no ruptura.
Desde luego la tensión en los ciudadanos europeos que viven allende el Canal de la Mancha y cuyas vidas y trabajos penden de la mentalidad obtusa de una ruptura innecesaria en tiempos de lobos feroces como China, Rusia y Estados Unidos dispuestos a devorarse a los paí­ses pequeños.
Como dijo el escritor peruano Mario Vargas Llosa, ¿qué quedará de Reino Unido después del Brexit? Quedará œun paisito y una profunda herida europea en un cónclave que después de la Segunda Guerra Mundial no ha hecho más que luchar andamio por andamio para construir un largo periodo de paz entre paí­ses que históricamente se han destruido entre sí­. El Brexit es una puerta al infierno.

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