¿Multas elevadas?

El tema ha dado para muchas tardes de café. Recordamos hace años un regidor del PRD -el de antes- se quejaba cuando la administración estatal pensaba modificar leyes a manera de que se pagaran multas más elevadas por manejar en estado de ebriedad, y recordamos como si hubiera sido ayer la cara de enojo que puso cuando sugerí­amos, en aquel entonces, multas de por lo menos diez mil pesos por ese ilí­cito.

œ¿Estás loco?, -dijo- como crees que la gente, en la situación que estamos en el paí­s en general pueda pagar ese tipo de multas?

-œEs que la gente no tiene por qué pagar multas, contesté.

En pocas palabras: somos y hemos defendido la tesis de que las multas por ilí­citos graves deben ser sujetas a tarifas muy elevadas, de forma tal que desalienten a los demás a seguirlas cometiendo.

El ejemplo más burdo es el hecho de que, imagine usted que lo detienen y trae aliento alcohólico y es sujeto a una revisión, y el alcoholí­metro marca intoxicación en la sangre por alcohol: ¿Qué procede? Que se le castigue por irresponsable, por ser una bomba de tiempo, una mina en una guerra, porque está más que comprobado que quienes manejan sin estar en sus cinco sentidos son un peligro para ellos, los que los acompañan y muchos más.

Si viéramos las estadí­sticas de Tránsito, nos espantarí­a la cantidad de accidentes que se registran por la imprudencia de muchos, pero por causa del alcohol¦ miles de muertos en los íºltimos años, y lo peor es que se llevan en la jornada a alguien o dejan una familia destrozada, acaban con el patrimonio y sueños de muchos.

No tenemos, sencillamente, por qué manejar ebrios. Así­ de sencillo.

Y en ese sentido, bueno fuera que todos entendiéramos, pero habemos algunos que ni con unas clases intensivas aprendemos a ser responsable: esos hay que educarlos a como dé lugar para que estén preparados para vivir en comunidad.

Es por esa razón que nos parece, a tí­tulo personal, una magní­fica idea, aunque ya algunos piensan que con multas más elevadas, los agentes alejados del cum0lmiento de su deber pedirán más dinero.

Si no cambiamos la idea, nunca vamos a salir del agujero en que vivimos.

Se trata de mejorar, de denunciar lo que está mal, de exigir ser escuchados, pero también de cumplir.

Muy sencillo: ¿le gusta tomar? Tome, pero no maneje: busque un conductor designado o alguien que le apoye, o pida un Taxi y asunto arreglado: no se arriesga, no nos arriesga a los demás, y no colabora en las estadí­sticas mortales y de accidentes que, sinceramente, son alarmantes.

Y es ahí­ donde se debe meter mano dura, rí­gida, y ser inflexible, sin condonación de ninguna í­ndole, e inclusive, podrí­a considerarse como hacen algunos paí­ses desarrollados que acompañan la fuerte multa con trabajo comunitario.

Alguien propuso hace mucho que la licencia tuviera puntos como sucede en España, donde cada infracción te quita algunos hasta que quedas descalificado para conducir y los castigos son severos para quien llega a ese punto.

Es muy importante, en estos tiempos de posadas y festejos varios, considerar la posibilidad anterior: dejar el auto en casa y divertirse en forma segura para quien gusta del alcohol.

Miles de victorenses agradecerí­amos un reglamento muy estricto, y créannos: si alguna ocasión lo toman por sorpresa y le aplican una multa de 10 o 15 mil pesos por borracho, seguros estamos que en la vida volverá a manejar en ese estado, porque, tristemente, cuando nos pegan en el bolsillo es cuando reflexionamos bien.

Serí­a un buen reglamento y seguros estamos que nos ayudarí­a a bajar los í­ndices de accidentes, sobre todo en fines de semana.

El alcohol y el volante nunca se han llevado, tengámoslo en cuenta.