Grandes ausencias en Davos

La cita anual de Davos, la que reíºne a los empresarios más ricos del mundo, a la crema y nata del capitalismo junto con un buen níºmero de lí­deres polí­ticos, este año será bastante desangelada.

A la reunión del 22 al 25 de enero en el bello pueblecito blanco de las montañas alpinas, un lugar tí­pico de esquiadores, no asistirán ni Trump, ni Macron, ni May, ni Jinping e incluso López Obrador tampoco acudirá.

Podemos decir que esta vez el protagonista no es la guerra comercial que lleva varios meses en evolución y ha eclipsado los íºltimos foros globales y multilaterales tampoco una disputa entre el protagonismo del presidente Donald Trump en su desafí­o a China, lo es la enorme cantidad de problemas internos en diversos paí­ses lo que ha marcado la agenda prioritaria para muchos de esos lí­deres que estarán ausentes.

Davos, que tiene su antí­tesis en los foros de Brasil, analizará esta semana con los billonarios y millonarios más importantes del mundo el impacto de la inteligencia artificial en la producción y en la vida de los seres humanos; los efectos del cambio climático; el arte de la gobernanza y de la economí­a verde.

Prácticamente desde que existe dicho cónclave en 1991 se marca de manera temprana el resto de los meses por venir, pero en esta ocasión distará mucho de ser así­ porque 2019 ya nació totalmente contaminado de la vorágine maldita del año pasado: el Brexit y su culminación así­ como los roces en la aldea global producto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

Con estos dos temas clave, a lo largo del año no se espera otra cosa de impacto mayor salvo un magno atentado terrorista o que, por ejemplo, Trump deje de ser presidente; ya sea que la primera ministra británica renuncie o caiga del poder derivado de la presión del Brexit.

Y también hay que decirlo: es la primera vez que tantos lí­deres polí­ticos han renunciado ir a Davos porque tienen que atender de forma inminente e inmediata la presión interna en sus propios paí­ses.

Por ejemplo, Trump mantiene el cierre del gobierno más largo de la historia de la democracia norteamericana, este martes 22 cumplirá un mes de parálisis y más de 800 mil trabajadores afectados y todo porque el inquilino de la Casa Blanca está empecinado en obtener el dinero que desea para la construcción del muro con México y desde luego no le salen las cuentas con el presupuesto.

La falta de entendimiento con el Congreso (dominado ahora por los demócratas y con Nancy Pelosi a la cabeza) es completamente absoluto y está en peligro mucho más que el dinero del muro, también la ratificación del nuevo acuerdo comercial con México, Canadá y Estados Unidos.

La crisis polí­tica en la Unión Americana es inédita también veremos cuánto tiempo resiste Trump cada vez más solo rodeado íºnicamente por los suyos de su familia, pero con un grupo de colaboradores en constante renuncia y rotación.

El desastre de la gestión polí­tica del gobierno trumpista contrasta con el efecto económico cuyas medidas cortoplacistas están dándole resultado al magnate estadounidense¦ insisto en lo más inmediato porque lo que se busca es el efecto electoral.

Trump siempre ha estado en permanente campaña polí­tica, y hasta el momento, a pesar de ser señalado de œmentiroso estos dí­as también le crece la presión interna ante nuevas revelaciones de la trama rusa en las elecciones presidenciales.

A COLACIí“N

Tampoco viajará a Davos el presidente galo Emmanuel Macron está atendiendo desde el Elí­seo un fuego social que no se apaga, una hoguera que lo ha sacado momentáneamente “desde poco más de dos meses-, de la tribuna europea con su discurso de más unidad.

Con el pasado fin de semana, van diez sábados consecutivos que los llamados chalecos amarillos han salido a protestar en las principales avenidas, no nada más de Parí­s sino de toda Francia; ni la nieve, ni el frí­o, ni la Navidad ni el aumento de 100 euros en el salario mí­nimo, ni la promesa de Macron de hacer plebiscitos y referendos para los grandes temas de polí­tica laboral, económica o social los han regresado a sus casas.

Trump irónico ha jugado a su favor con la situación francesa y Macron intenta a todas luces controlar la situación, impedir que siga creciendo más el movimiento humano en las calles que ya diversos analistas equiparan a las protestas de 1968.

Por su parte, la primera ministra británica Theresa May tampoco viajará a Davos, ella ya tiene el incendio en casa desde hace dos años y no puede ni apagarlo ni controlarlo. Debe atender la urgencia de elaborar un nuevo acuerdo de divorcio con la UE para el Brexit. Las ausencias de lí­deres polí­ticos en Davos revelan lo delicado que será 2019.