¿No se rajan?

Agresivo, populista, fuera de lugar.

Es así­ como muchos tamaulipecos califican el eslogan del œnuevo PRI que pretende reconquistar lo que durante siete décadas detentó, y que le permitió a muchos de sus distinguidos miembros vivir una vida indigna, inmerecida, llena de lujos y prebendas que solamente quien desví­a recursos puede lograr.

Y no es que digan que no es cierto, porque lo anterior está a la vista de todos: dice un viejo refrán que todo se puede ocultar, menos la riqueza y lo¦ ya sabe usted, y en este caso, los que eran comparados con las œperras flacas de la polí­tica y que repentinamente subieron como la espuma sobre todo en cuestiones económicas no pueden ocultarse Todo Tamaulipas sabe quien ha tenido œrepentinos enriquecimientos y la forma en que los han obtenido, aunque legalmente no se les ha podido -querido, deberí­a decir- comprobar nada.

Hoy, ese œnuevo PRI nos dice que no se raja, y que nos va a responder. ¡Qué bueno que así­ sea!, como sucedió cuando los muchos aumentos a energéticos y servicios, a impuestos y a las cifras de la delincuencia que han dejado más hogares enlutados que una guerra mundial.

Qué bueno que hoy no se rajan y œahora sí­ nos van a procurar como mexicanos, y nos tomarán en cuenta en las elecciones y en la repartición de posiciones polí­ticas, en las que hay mucho qué tomar en cuenta y desgraciadamente no se hace adecuadamente.

Muy positivo el que no se raje un partido que disfrazado de popular ha dado la espalda a miles de mexicanos que esperábamos que, siendo México una nación tan rica en recursos, pudiéramos salvar tantas crisis. Hoy que han cambiado su estatus, se dan cuenta que no deben rajarse, y estar acordes a las exigencias sociales.

Vino la presidenta nacional del PRI a Tamaulipas y dijo muchas cosas, como las que hemos escuchado de parte de algunos miembros de ese instituto polí­tico en la entidad, y que añoran aquellos tiempos en que, además de gobernar, tení­an acceso a muchos privilegios que moralmente siempre sembraron duda en la comunidad, gracias al descaro de personajes como los Deschamps, los Duarte y muchos nombres que amplí­an una larga lista de personajes cuya honorabilidad está en tela de duda.

Hoy, el PRI se levanta y quiere hacer ruido y volver a tener la confianza ciudadana, a lo que nos preguntamos: ¿Por qué habrí­amos de darles la confianza si ya nos fallaron?

¿Merecen otra oportunidad? El grave asunto es que los institutos polí­ticos nos han quedado a deber mucho a los ciudadanos, y en Tamaulipas a veces no quisiéramos ver ese descarado cambio de camiseta, donde uno se va con otro y luego con otro, engrosando el caldo de un par de vividores que se han adueñado de los partidos, tal y como sucede a nivel nacional.

No: no tienen credibilidad, y nos atrevemos a sugerir que ninguno de los partidos existentes la tiene, porque todos han quedado a deber a la ciudadaní­a, y es tiempo que entiendan que ya lucraron con nosotros pero que difí­cilmente volverí­amos a caer, gracias a que somos, hoy en dí­a, una sociedad mejor informada gracias a muchos de los adelantos tecnológicos que se vislumbran mediante recursos como las redes sociales.

Es más difí­cil engañarnos, aunque no imposible, y el nuevo PRI, el que no se sabe rajar, seguramente estará preparando una buena estrategia para recuperar un poco de lo mucho que ha perdido en los íºltimos años, local y nacionalmente, y piensa que la memoria de los probables electores es demasiado corta, y por ello podremos perdonar tanto agravio que hemos padecido.

Es tiempo entonces de que no se rajen, que le entren directo al toro por los cuernos, y que recuerden que los agraviados, los burlados y los engañados tampoco nos sabemos rajar, y en ocasiones sacamos ese valor que tanta falta hace, pero que pone las cosas en su lugar.