El fracaso de Trump

No es sólo que Donald Trump haya fallado con Corea del Norte es que, desde el año pasado, el mandatario estadounidense dejó al desnudo su incapacidad de diálogo con su homólogo ruso, Vladimir Putin y desde luego, con el dictador norcoreano Kim Jong-un.
El inquilino de la Casa Blanca ha demostrado que es un mal negociador, un mal diplomático y una persona incapacitada para encontrar puntos de comunión con otros lí­deres y gobernantes a fin de destrabar y sobre todo descongestionar la presión geopolí­tica que en parte, él mismo, ha provocado.
Ha pedido reunirse con Putin y lo hizo en Helsinki el verano pasado, una cita que pude cubrir en vivo como corresponsal y a la que arribamos con muchas expectativas pero salimos de Finlandia con las manos vací­as. Trump ha ido por la foto con el lí­der del Kremlin, sin llevar bajo el brazo, ninguna petición en concreto a favor de lograr un reequilibrio pací­fico de fuerzas.
Lo hizo también con Jong-un en Singapur, de hecho, ese encuentro fue primero al de Helsinki; y a pesar de anunciarse con bombos y platillos, y de que tras amenazarse e injuriarse mutuamente por Twitter ambos gobernantes lograron reunirse y verse cara a cara¦ tampoco se avanzó en algo en concreto.
Lo más chocante es la valoración infantil que hace Trump de las cosas que él realiza, prueba más que refutable de que el presidente estadounidense tiene un grave problema de percepción de la realidad: para él la reunión con Putin fue un tremendo éxito en tiempos en que las relaciones entre Rusia y Estados Unidos están más gélidas que en toda la Guerra Frí­a.
Después con Jong-un se deshizo en elogios desde œel gran lí­der con œun tremendo potencial aunque tampoco su labia enfermiza destrabó el punto muerto y Corea del Norte sigue estando en su particular órbita de acción; salvo que entabló una reconciliación histórica con Corea del Sur que pende de un hilo porque el sátrapa norcoreano quiere que salgan los 28 mil 500 soldados estadounidenses asentados en la nación vecina.
Y quiere, por supuesto, que Washington le levante toda la larga lista de sanciones económicas, comerciales, financieras, de inversiones y polí­ticas que le asfixian desde hace años.
Ha dado muestras de querer un cauce pací­fico, ha accedido a diversas peticiones de la Unión Americana pero las pláticas están encalladas en un asunto vital: Trump quiere la desnuclearización total, pruebas fehacientes, inspectores de la ONU y de las agencias calificadas in situ; su íºnica base de información es la CIA y las imágenes de satélite que les han permitido hacer un mapa preliminar acerca de dónde están geográficamente ubicados los centros de acopio del material nuclear, las dependencias donde fabrican el arsenal y los almacenes donde los guardan. Pero una cifra exacta de qué y cuántas bombas nucleares tiene el régimen de Pyongyang es una absoluta bruma.
Un quid pro quo natural en toda negociación, sin embargo, uno no se fí­a del otro por más alabanzas del pelirrubio, el heredero de la dictadura quiere hechos fehacientes.
Por eso ha fracasado el más reciente tíªte í  tíªte en Hanói, de hecho, la conversación iba truncada desde el inicio: Trump quiere erigirse como un adalid del unilateralismo y está demostrando con sus sonoros chascos en la arena internacional por qué hoy más que nunca, el cauce del multilateralismo es la íºnica opción real para sostener la paz.
A COLACIí“N
Ni Rusia se fí­a de la palabra de Trump ni Corea del Norte. Basta con ver lo qué ha hecho con el caso de Irán, el paí­s de los ayatolás tras más de cinco años de negociaciones con Estados Unidos en la época del presidente Barack Obama, gracias a la mediación de la ONU y de la Unión Europea (UE) logró signar (Viena 2015) un Acuerdo Nuclear que permití­a levantar el programa nuclear iraní­ a cambio de levantar las sanciones económicas; restringir el uranio enriquecido; no a los reactores de agua y de plutonio; y la constante inspección del Organismo Internacional de la Energí­a Atómica (OIEA).
Un total de cinco potencias y una organización supranacional quedaron como aval de dicho documento: Francia, Reino Unido, Rusia, China, Alemania y la UE.
Sin embargo, Trump lo rompió en mayo del año pasado, y reinstaló las sanciones económicas y de toda í­ndole contra Irán que entraron en vigor desde septiembre¦ y es inaudito porque Irán estaba cumpliendo con lo pactado.
¿Qué quiere lograr? í‰l pretende hacer con Rusia, Irán y Corea del Norte su propio ensayo de director corporativo de una multinacional ignorando que en polí­tica se requiere la prestidigitación polí­tica y peor todaví­a ignorando que es gracias al cauce multilateral que todo acuerdo tendrá mayor probabilidad de triunfo.
El futuro de una posible desnuclearización real con una rebaja de la tensión entre Corea del Norte y Estados Unidos sólo será posible en una mesa oval con la ONU y varios paí­ses interlocutores, y como testigos de fe de un documento firmado por todas las partes. Trump nos está haciendo perder el tiempo creyendo que suma votos para su reelección. En geopolí­tica, la palabra es un suspiro en el viento.