Arrebatos multicolores

De todo como en botica.

Dentro de la mal llamada œclase polí­tica, porque, reiteramos: ni tiene clase ni sabe hacer polí­tica, pero bueno, supongamos que existiera, y dentro de ella hay gente afí­n a un sinníºmero de ideologí­as, corrientes, grupos y afiliaciones diversas. No tiene que ser, aunque podrí­a considerarse ideal, que todos los de un partido piensen y decidan igual<: la democracia nos permite tener un poco de todo sin necesidad de arrancarse el cabello en un arranque de ira. Y vemos que para la lucha que inicia desde tiempo atrás en busca de la gubernatura de Tamaulipas, hay prospectos blanquiazules del PAN, tricolores del PRI, Color amargura de Morena, Rojos del PRD y así­, hasta llegar a aquellos satélites del sistema que sirven para nada y pars enriquecer a cierto níºmero de dirigentes y nada más. í‰stos íºltimos, vividores de la polí­tica. Leí­mos un documento en el que las autoridades competentes ponen un œhasta aquí­ a precandidatos de Morena que buscaban ser nominados, pero que hoy, legalmente, están fuera del proceso. También hemos seguido noticias de otros partidos donde se pone de manifiesto la lucha por el poder -mas no por servir a los demás- existente, a grado tal que los œtiradores ya comienzan su guerra sucia sobre el tema. Vemos en todos los institutos polí­ticos, sin excepción, as guerras sucias tan comunes en un grupo que aparenta ser honorable, y también, la guerra ideológica, de trayectoria y de otros factures que desarrollan quienes son honorables. Y entonces, el proceso se pone más interesante para los morbosos que buscan leer siempre noticias de enfrentamientos, pleitos y traiciones; insistimos en que es lo más comíºn en los partidos, pero hay quien hace bien su lucha para ser nominado y posteriormente, convencer al electorado y ganar. Entran en juego estrategias de comunicación de masas que hoy en dí­a están rebajadas a una mí­nima cuenta de Whats App, donde forman un grupo al que le mandan todo lo referente a campañas y sus ambiciones, sin asegurar que se vayan a leer. Otros, un poco más tradicionalistas y profesionales, establecen estrategias de comunicación con periodistas, medios y más, aunque les han vendido la idea de que hoy no hay que pagar por las campañas y todo se hace en redes, mediante noticias inventadas, mentiras, chismes y todo eso que antaño era la caracterí­stica de los lavaderos comunitarios. Lo curioso es que se sienten comunicadores, estableciendo como prioridad el silencio: de sus jefes hacia la prensa y de ellos hacia los periodistas, a los que hay que convencer para obtener espacios y noticias que ayuden. Se ha perdido la visión periodí­stica de una campaña, porque hoy contratan a un œmilenial que cree que sabe mucho porque tienen muchos contactos en Facebook o sabe armar grupos en Whats App, siendo que no aprendió el arte de tratar a la gente, ese que muchas cosas dejó a los polí­ticos de antaño. Y no deben de salir con que ya estamos viejos y pensamos como viejos al descalificar a este tipo de comunicadores. Hoy, se requiere de una verdadera estrategia de comunicación que acalle los rumores, fake news y chismes que circulan por las redes sociales. Ya no es tiempo de engañar o manejar falsos discursos, pero tampoco supeditarse a redes y un móvil frí­o e insensible: se requiere de comunicadores verdaderos que ayuden a conseguir las metas. Y dejar a un lado esos arrebatos: unir ideologí­as o propósitos al menos como partido, y luchar juntos contra los otros partidos. Pareciera que le lucha más grande se presenta dentro de las mismas filas. Es tiempo que sepan hacer polí­tica, unir para ganar, y dejar a un lado todos esos arrebatos que parecen más un pleito de adolescentes o de comadres, para convertirse en verdaderos aspirantes a cargos para servir a los demás.