Desde que tenemos memoria recordamos que en el aspecto político ha habido siempre gente qe piensa diferente a nosotros: ha habido simpatizantes del PRI, PAN, PRT, PT, PC, MC y hoy, de ese grupo que ha rayado en la intransigencia llamado Morena.
Amigos de una u otra ideología o simpatizantes de cualquier instituto siempre han tenido sus razones -muy respetables- para pensar de esa forma, distinta muchas veces, pero en nada criticable, aunque no coincidamos en casi todas als cosas.
La diversidad es uno de los grandes tesoros que tiene el ser humano, y debemos hacerla valer.
No cocibe el columnista que sus conocidos y amigos, a los que se les conoce como œChairos en forma afectuosa o peyorativa -dependiendo de su uso- se molesten y emitan pensamientos que rayen en el odio, y que descalifiquen todo lo que pensamos. Hemos visto que esa intransigencia está llegando a niveles preocupantes, porque está polarizando a una nación que lo que menos requiere es más pleitos y enconos.
Y decimos que es grave, porque no aceptan comentarios o señalamientos. De todos es sabido que hay leyes para todo y que se deben observar; de todos es sabido que México tuvo como evento un par de encuestas que se llevaron a cabo con toda la ilegalidad posible, que hubo una compra muy grande de transportes para combustible que no fueron licitados, y el hecho de hacer esas observaciones no quiere decir que estemos en contra o seamos enemigos: tenemos derecho a pensar diferente.
Si somos afines a una corriente política es aceptable, siempre y cuando ésta no promueva la violencia y no sea causal de actos fuera de la ley.
No entendemos, por ejemplo, el hecho de que los agentes de tránsito no hagan cump.ir la ley en las escuelas cuando todos se estacionan en cualquier espacio, afirmando que no pueden contener la ilegalidad, o tampoco entendemos por qué la autoridad permite que automóviles de contrabando circulen on los mismos derechos que los que si pagaron sus impuestos correspondientes.
Pensar distinto no nos hace enemigos, y eso debe quedar muy claro.
Amigos que son ciegos y fervientes simpatizantes de quien ganó la elección presidencial nos tildan de enemigos por no coincidir. ¿Y el respeto a los demás? No entendemos que haya tanto odio hacia los que no coincidimos en las formas en que se hacen muchas cosas, y nada tiene de malo, sino por el contrario, pero debe respetarse este tipo de pensamientos.
Y México está sembrando mucho odio: ya no queremos escuchar a un presidente que todos los días se queja de algo o alguien, que desela a algíºn enemigo de sus pensamientos y lo ataca, cuando el presidente debiera ser el principal promotor de la cordialidad ciudadana.
Un presidente debe pugnar por la unión entre todos sus gobernados y dejar a un lado los pretextos para no cumplir sus promesas, y explicar sinceramente lo que está haciéndose o dejando de hacer, sin pensar que quien lo señala es su enemigo.
Es hora de sumar por México y dejar los odios a un lado, porque de otra forma vamos a acabar matándonos unos a otros, y eso no es lo que el país requiere.
Basta ya de odios e intransigente petulancia y soberbia por haber ganado una elección: alguien tenái que ganar y es muy normal el que suceda. Lo que no es normal es que se ufanen de ello y que quieran imponer su voluntad a como dé lugar. Haber ganado la elección no los hace absolutos ni poseedores de la verdad absoluta: se ganó o se perdió, y a seguir la vida y el desarrollo con los demás, coincidan o no con nuestra forma de pensar.
Requerimos unidad en México, y esa solo la puede fomentar la clase gobernante. Al menos, si no hacen lo que deben, que pugnen porque estemos unidos y no nos acabemos matando unos a otros. México no merece eso.
Dentro de la mal llamada œclase política,