Credenciales œpatito

El término es muy comíºn entre nosotros, y se emplea para calificar a todo lo que huela a falsificación, trampa o algo ilegal.í§Así­ surgen los taxis œpatito que son vehí­culos sin licencias autorizadas, o como las organizaciones œpatito que se dedican a engañar a miles con una falsa promesa de una supuesta legalización que no llegará, ni bailándole a Obrador en el Zócalo.

Y lo œpatito hace mucho daño y lo sabemos: atenta contra la economí­a formal, la de los que pagan impuestos, tienen empleados y los cubren con prestaciones, utilizan los canales de distribución idóneos o adecuados y van derramando en el proceso de fabricación o elaboración del producto hasta su entrega final, recursos para beneficio de muchos, pero muchos mexicanos.

Y bueno, no es fácil, pero debiéramos todos procurar transitar dentro de la legalidad. El tema de los vehí­culos es muy difí­cil porque surgen defensores de los pobres que dicen que es necesario, a lo que el columnista se pregunta que si el que no tienen dinero tiene derecho a infringir la ley, ¿cuáles son los derechos del que sí­ paga impuestos?

Suponemos que aquí­ en estos casos es que todos seamos medidos con la misma vara, y que haya castigos cuando se requiera en forma equitativa, y no íºnicamente para los chivos expiatorios.

La ley debe ser la ley, y punto.

Y los concesionarios de transporte píºblico se quejan de que hay muchos individuos que transitan con credenciales de estudiante falsas para pagar menos el precio del pasaje tal y como está estipulado, lo que merma sus ganancias, segíºn argumentan.

Piden algo que garantice que los beneficiarios de esta prestación serán verdaderos estudiantes, y solicitan probablemente el que haya una credencial íºnica.

El problema no es la credencial, porque nunca faltan los tramposos que las falsifican, y los choferes no tienen el tiempo ni la preparación necesaria para detectar una credencial falsa y diferenciarla de las legales.

Pedro Garcí­a Silva, dirigente de los carcachas rojas -solo así­ se les puede llamar- hace ver esa afectación y compromete a la autoridad para que haya legalidad en esto.

Se pueden instrumentar sistemas, pero cuestan dinero, y la verdad es que pagarle un sistema de éstos a esas unidades que se caen de viejas y destartaladas como que duele.

Sí­ hace falta más conciencia, y no es pretexto la situación económica, porque la crisis la vivimos todos en nuestra propia dimensión. Hacer trampa no es el mejor antí­doto para sacar avante a México en estos momentos.

Podrí­a ser un convenio con transportistas que arreglen esas carcachas, capaciten a sus choferes, y a cambio, la autoridad haga el esfuerzo por dignificar las rutas y establecer sistemas adecuados, aunque seguramente eso tendrá qué esperar, porque a decir verdad, en la administración de Victoria no se ve para cuando dispongan de un peso del dinero publico en bien de los demás: se ha caracterizado por su falta de probidad.

Mucho se puede hacer cuando la autoridad y las partes en conflicto se sientan a platicar, y el del transporte píºblico es un problema que año con año da de qué hablar. Es necesario ya encontrar soluciones, y en ese sentido, que se pueda hacer justicia a un gremio que ha sido vapuleado con pagos, con calles en pésimo estado que repercuten en el estado fí­sico de sus unidades, apatí­a de las autoridades, cobro de piso y demás.

Como que ya es hora de que se vea por ellos, y que éstos se pongan la pila y todos dispongamos lo que nos corresponde por tener un buen sistema colectivo y píºblico de transporte urbano en la capital del estado, que, realmente, lo merecemos y se requiere en forma más que urgente: hay miles de estudiantes que claman estos beneficios y cientos de concesionarios ¿Qué falta entones?

Luego de unos dí­as impredecibles,