Señalética deficiente

Entre los aspectos que deben mejorarse en las grandes y pequeñas ciudades, es la forma en que la autoridad nos pueda apoyar para trasladarnos adecuadamente y respetar los bandos de policí­a y buen gobierno -si es que aíºn existen- para poder considerar una convivencia tranquila y acorde a las necesidades de todos.

Y hace poco tiempo se puso de moda el término œseñalética, que no es más que tener señales adecuadas para cada necesidad, que nos permitan darnos cuenta de estas situaciones íºnicas para poder respetar, observar o considerar lo que se nos dice.

Hay un código de señalética en el mundo que nos habla de señales de un mismo color y con dimensiones y figuras estándar, es decir, iguales en cualquier parte.

En ese sentido, recordamos cuando la fuente del paseo Méndez fue instalada, alguna autoridad tuvo la ocurrencia de instalar un tope a la altura de la calle Democracia sin decir nada previo, sin señalarlo y más: las groserí­as y más no fueron pocas para la autoridad, una autoridad que no tuvo empacho en avisar: œhabrá necesidad de detenerse ahí­ o algo por el estilo, considerando que antes quien rodeaba el mismo tení­a preferencia vial.

Los brincos en el automóvil fueron muchos y las suspensiones afectadas más.

Hoy se repite la historia, porque nuestras autoridades desde hace varios trienios no se han dado a la tarea de sustituir las señales dañadas en rumbos determinados, lo que ha ocasionado que por consiguiente no se observe la ley adecuadamente, ya que no hay nada que indique tal o cual situación.

No son capaces de instalar in disco con la palabra œALTO en una esquina, o un lí­mite de velocidad: ya no digamos otros temas que debieran estar bien representados en las señales de la ciudad, y que para ello hay un departamento a quien se le paga muy bien para que esté al corriente. Nada funciona así­.

Tenemos topes por doquier, instalados a capricho de una o dos personas y de acuerdo con las necesidades de sus amigos, que son simplemente una mancha de asfalto corriente sin tono ni nada, y que provoca muchos daños a los vehí­culos, tema que no interesa a una autoridad que ha sido rebasada por la ciudadaní­a, y cuyos objetivos son muy ajenos a servir con eficiencia y honestidad.

Urge que alguien en la autoridad municipal pusiera orden en este rubro descuidado totalmente. Antes existí­a alguien encargado de lo que llaman œingenierí­a de tránsito, sin embargo, con la mecánica actual, no hay quien tenga siquiera conocimiento de cuántos focos y de qué watts se requieren para un semáforo. Así­ de ineficientes.

La ciudad, como todo, tiene necesidades y es necesario acordar con quien maneja las directrices y el dinero lo que se debe gastar, en donde y cuando, para que funcione adecuadamente. No somos un pueblo o rancho que no tiene ni calles, aunque por el estado en que se encuentran pareciera, ni tampoco donde haya dos o tres vehí­culos: tenemos miles que necesitan ordenarse, y esa es la función de la autoridad.

Presumiblemente, hay un Cabildo que tiene funciones diversas, y ahí­ hay un sí­ndico y un regidor que debieran atender estos temas, pero están tan ocupados en la grilla y en la sucesión que se les olvida lo que deben hacer, ya que solamente se acuerdan de sus cargos cuando el presidente les ordena votar tal o cual tema. Difí­cil, triste, pero cierto: cual marionetas de titiritero grotesco.

Como que es tiempo de asumir su función, y en el caso de las señales de tránsito que debe haber, podrí­a la gente hacer una tarea sincera y profesional, a forma de que nos pudiéramos sentir orgullosos de la autoridad que tenemos.

Como que es tiempo de reconocer que hay necesidades ciudadanas y no todo en la vida es baile de zumba: hay que actuar con responsabilidad, con honorabilidad y eficiencia y una honestidad probada, lo que todos pedimos a gritos.

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