El agua: tarea de todos

En plena caní­cula, hemos experimentado en Ciudad Victoria aguaceros que han azotado partes de la ciudad en forma aleatoria, pero que nos ponen de manifiesto la fuerza de la naturaleza en este sentido, y nos dicen que debemos estar prevenidos para cualquier situación.

Ya las redes sociales, esas grandes chismosas de lavadero cibernético nos muestran fotografí­as y videos de calles anegadas, llenas de agua y problemas de inundaciones, aunque a fuerza de ser sinceros, no son tan graves como en otros sitios del paí­s o el extranjero, donde las aguas se llevan todo tipo de progreso, viviendas e infraestructura existente, dejando a su paso devastación, pérdidas materiales y humanas y un sinníºmero de problemas.

Pero los problemas del agua no surgen solos y eso tenemos que considerarlo puntualmente: las inundaciones son producto de avenidas caudalosas de agua, tormentas, trombas¦ y la mala infraestructura citadina que propicia que haya esos encharcamientos mayíºsculos, provocados por la negligencia de la autoridad o el exceso de la naturaleza, dependiendo de las cosas.

Cuando la madre naturaleza nos entrega miles de litros no hay nada qué hacer más que esperar a que pasen las lluvias y tratar de arreglar lo que se ha destartalado; en caso contrario, cuando se trata de problemas provocados por la infraestructura, lo primero que podemos hacer es culpar a la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Victoria, aprovechando que su ineficiencia es mayíºscula y se escudan en una administración deficiente, mala, incompetente y corrupta.

Pero no es así­: la culpa es compartida.

Nos ha tocado ver calles que tienen un mundo de basura, entre la que se reíºnen miles -millones- de hojas que no son recogidas por los departamentos de limpieza y parques y jardines, en una clara muestra de ineficiencia burocrática, culpa de un alcalde que no tiene el menor asomo en cumplir. Sin embargo, este señor, amante de los bailes y las tablas gimnásticas nada tiene que ver con las toneladas de basura que se recogen en esos momentos, y que provocan que las alcantarillas se taponen y el agua no se pueda ir.

Es un congestionamiento de desperdicios que usted o yo tiramos en una calle y se va juntando, hasta hacer esas montañas que provocan que el agua no se vaya, se almacene equivocadamente y vengan las inundaciones.

Luego vemos al pobe camión Vactor trabajando horas extras para trtar de conjurar el cochinero que nosotros mismos provocamos, y que, en forma irresponsable exigimos a un alcalde que no nos ayuda mucho, para pedirle que no haya inundaciones. ¿Con qué cara pedimos que nos apoye si no somos limpios y ordenados?

El problema, insistimos, es de todos: los que tiramos un papelito, una colilla de cigarro, los que dejamos fuera las bolsas de basura para que se las lleven animales y las destruyan, desperdigando la basura por la calle, los que no tenemos un ápice de conciencia para que la ciudad esté limpia y que, aunado a la mala administración municipal, tengamos que soportar inundaciones producto de estos aspectos que pueden ser prevenibles si todos hacemos lo que nos toca.

La presidencia municipal, a través de sus departamentos correspondientes, limpiando las calles y recogiendo a tiempo la basura; los ciudadanos, sin tirar desperdicios en las calles y sacando la basura en las horas indicadas por la autoridad, y entonces sí­, podemos disminuir considerablemente los riesgos de inundaciones que pueden ser graves y afectar enormemente la economí­a familiar.

No tenemos buena autoridad, pero no le carguemos todas las pulgas a ese perro. Es importantí­simo tomar conciencia de la labor que hagamos cada uno de nosotros para poder enfrentar el problema que implica la lluvia y la basura.

Exijamos a la presidencia municipal, pero antes cumplamos con lo que nos toca.

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