Vuelta a la Luna y conquista de Marte

A lo lejos, allá en el cosmos, todo parece tener un orden perfecto, aunque el universo está aíºn lleno de interrogantes que los seres humanos pretenden responder afanosamente.

La conquista del espacio no podrí­a entenderse sin los avances de la ciencia y de la tecnologí­a, dos binomios unidos ejes del progreso de la humanidad, tanto en la Tierra como más allá de la exósfera.

Por primera vez hace 58 años una nave espacial con un hombre abordo, Yuri Gagarin, se puso en órbita desde la URSS y realizó un vuelo de 108 minutos; efectuó una íºnica órbita alrededor de la Tierra fue una proeza que marcó un parteaguas para la industria aeroespacial.

En ese entonces la Guerra Frí­a estaba en el ámbito de la geopolí­tica y la geoeconomí­a empero también tení­a la mirada en el cielo, en ser capaces de llegar más allá a lo lejos y tanto como las estrellas.

Al mes siguiente de la hazaña del joven Gagarin con la Vostok, la NASA tras corregir sus errores matemáticos, lanzó con éxito una nave con el comandante Alan Shepard en un vuelo balí­stico suborbital.

Siguió en febrero de 1962 con otro vuelo con el comandante John Glenn que dio la vuelta a la Tierra con el Mercury Friendship 7, mientras la URSS a pesar de haber sido pionera en traspasar la órbita terrestre parecí­a rezagarse.

El éxtasis llegó el 16 de julio de 1969 con el lanzamiento del Apolo 11 con los tripulantes Buzz Aldrin, Michael Collins y Neil Armstrong, la ingenierí­a estadounidense estaba a punto de lograr lo inimaginable: conseguir un alunizaje exitoso y poner al ser humano como conquistador de la Luna.

Cuatro dí­as después, el 20 de julio del mismo año, las imágenes en blanco y negro (a veces borrosas con cierta falta de nitidez) mostraron a Armstrong bajando de la nave y caminando sobre del suelo lunar; la bandera norteamericana evidenció la égida supremacista.

A cincuenta años de distancia de ese momento histórico que marcó para siempre a la generación del Baby Boom, la gran pregunta qué la gente se hace en la plenitud del siglo XXI y de cara al 2020, es por qué después de 1972 se pararon los viajes a la Luna frenándose en seco los programas relacionados con la vuelta del hombre al satélite natural.

œOtras cinco expediciones de la NASA llegaron allí­ en los años siguientes, hasta diciembre de 1972, cuando Eugene Cernan cerró el ciclo de los alunizajes. Después de él, ningíºn ser humano ha vuelto.

A COLACIí“N

Medio siglo después se abre una nueva ventana de oportunidad para la conquista del espacio, y primordialmente para la vuelta del ser humano a la Luna, es uno de los objetivos focales de Donald Trump.

El mandatario estadounidense se comprometió a iniciar una era de exploración a fin de recuperar el predominio de su paí­s en el espacio y se lo ha tomado muy en serio porque ha dicho que quiere seguir siendo presidente para œen un plazo de 4 a 5 años atestiguar desde la NASA una misión a la Luna.

œPara honrar a aquellos que nos han precedido y para el mejoramiento futuro de toda la humanidad, nos comprometemos a iniciar una nueva era de exploración, extendiendo nuestro espí­ritu pionero a los confines más lejanos del cosmos, afirmó el pelirrubio.

Tiene tantas o más ambiciones que el entonces presidente John F. Kennedy obsesionado por ganarle a los rusos en el dominio del universo y, primordialmente, ser los primeros en pisar la Luna.

Trump ya signó un decreto que instruye a la NASA para desarrollar todo el programa necesario para volver, de hecho, llega hasta el 2030 con una misión a Marte.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales