Al filo del pasado

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Ayer se conmemoró el 80 aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial, con la invasión Nazi en Polonia, y el bombardeo a la localidad de Wielun; la Luftwaffe descargó contra la población civil las primeras bombas de lo que marcarí­a uno de los capí­tulos más negros de la Historia de la Humanidad.

Bastante negro subrayó por Twitter Ursula von der Leyen, presidenta electa de la Comisión Europea, que tomara posesión de su cargo el próximo 1 de noviembre justo un dí­a después de que Reino Unido active el Brexit el 31 de octubre a las 23 horas.

Homo homini lupus. Ocho décadas después tenemos una paz abigarrada a veces cuesta distinguirla entre tanto atropello y sufrimiento porque su ausencia deja entre los seres humanos un enorme pesar.

Amarga lección que los ciudadanos de este mundo sigamos siendo juguetes rotos al arbitrio de los planes de la élite en el poder, de aquellos que toman esas decisiones que alteran el rumbo de los acontecimientos.

Si bien concluyó la Segunda Guerra Mundial aíºn queda viva la memoria en diversos de sus sobrevivientes, en 2019 somos el resultado de esa devastación que permitió a los vencedores erigir una nueva arquitectura internacional.

Interesante: de los paí­ses vencidos, Italia, Japón y Alemania, los tres forman parte en la actualidad del G7, el club más rico de las poderosas democracias del planeta; tenemos que Alemania, que quedó derruida hecha cenizas al finalizar el conflicto el 2 de septiembre de 1945, hoy es una potencia.

Los tres paí­ses han tenido las bases económicas para reponerse ví­a sus procesos de industrialización, perdieron una gran guerra, indemnizaron y quedaron destruidos, sin embargo, estos perdedores resurgieron como el ave Fénix.

Eso es para mí­ lo más llamativo, me pregunto con ese potencial, ¿qué hubiera sido de ellos y del mundo de haber sido los vencedores? Sin obviar el retorno de los viejos tiempos como si fuera ese viento maligno incapaz de irse para siempre con el renacer de la extrema derecha europea.

La ultraderecha cobra una fuerza inusitada, lo hace en Italia y en Alemania, y en Francia así­ como en otras partes de una Europa letraherida fragmentada en su Estado Benefactor y temerosa ante el creciente poder de Rusia y el desprecio de la Casa Blanca con Trump al frente de sus tradicionales aliados.

De hecho, Trump está molesto con la arquitectura mundial resultante del final de la guerra, no le parece cómo funciona el multilateralismo ni muchos de sus organismos internacionales.

Por lo pronto, la Organización Mundial del Comercio (OMC) será reformada ya existe un consenso en el G7 y lo han aceptado China, India y Rusia.

A COLACIí“N

Otra lectura casual de estas ocho décadas tiene que ver la transformación geopolí­tica de un mundo que inicialmente quedó escindido entre dos bandos: capitalistas y comunistas dando paso a la llamada Guerra Frí­a entre norteamericanos y rusos.

Desde la caí­da del muro de Berlí­n, el 9 de noviembre de 1989 y la desintegración de la URSS el 26 de diciembre de 1991, el capitalismo norteamericano se erigió -sin parangón- en el gran triunfador de una posguerra oscura.

La ideologí­a del capitalismo, la competencia, la libertad económica han dado paso a la guerra de los mercados pero sin el antagonismo ideológico entre el capitalismo y el comunismo como sucedí­a en antaño.

Ochenta años después se ha terminado la bipolaridad pero se han abierto nuevos frentes porque el imperialismo estadounidense tiene varios y fuertes competidores como lo son China e India. El mundo orbita en medio de una serie de fuerzas centrí­fugas y centrí­petas que mantienen a la paz al borde del precipicio llegamos con muchos focos calientes y desbordantemente preocupantes a un aniversario en el que pedir perdón no le devuelve la vida a la gente inocente masacrada por gobernantes turbados de narcisismo y de poder. Apelo a la inteligencia para no volver a destruirnos otra vez.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales