INDIGENTES: Entre drogas, duendes y fantasmas

Nuevo Laredo, Tamaulipas.-Erika Leal Palacios, tiene 39 años de edad y desde hace 30 es parte de ese grupo de 60 indigentes que deambulan por calles de esta ciudad, a veces drogados, a veces ebrios, a veces enfermos e incoherentes a causa de enfermedades mentales nunca tratadas que los tienen convertidos en parias al borde de la locura¦y de la muerte.

Así­ vive Erika, una robusta mujer originaria de Monterrey, quien duerme, come y hace su vida cotidiana en la banqueta de una tienda ubicada sobre la avenida Madero y su cruce con la calle más importante de la ciudad, la avenida Vicente Guerrero, siempre postrada sobre un viejo y sucio colchón donado por personas.

Muy cerca están la presidencia municipal y el sistema DIF municipal, cuya mí­stica es la atención de los más necesitados, pero este grupo vulnerable no es atendido de manera adecuada, tal vez porque no quieren ser atendidos o porque no hay recursos ni programas destinados a ellos.

œYo soy de una colonia que está por la carretera del libramiento a Saltillo, en la Lincoln, explica de manera clara esta mujer, quien accede de manera amable y sonriente a la entrevista, pero sin dejar de masticar la envoltura sucia y vací­a de un caramelo.

Sus padres y parte de su familia están en Monterrey, de donde salió hace muchos años, y aunque dice que
vienen ocasionalmente a verla para llevársela, se niega por estar muy a gusto en esta ciudad, aunque por vivir en la calle señala que se da cuenta de muchas cosas que pasan.

œUsted sabe cómo está aquí­ la cosa¦está dura, porque nadie puede venir a vernos ya que nos estiran para otros lados. Me vine porque me gusta Laredo y aquí­ estoy desde los 9 años, explica sin dejar de masticar la envoltura del caramelo.

Unos tí­os viven en la colonia Mirador, pero dice que no vive con ellos por ser muy ˜delicados™ al no dejarla salir a la calle.

Sin embargo, esa lucidez fue momentánea ya que de pronto cambió el sentido de su plática al mencionar que no le gusta vivir en una casa porque tiene tendencias al suicidio, razón que le motiva a seguir de paria en las calles de la ciudad.

Erika tiene de pareja a un hombre que ˜vive™ con ella pero que desde muy temprano se va a lavar carros y le provee de alimentos, por lo que en ocasiones junta hasta 500 pesos diarios, dinero que le sirve para comprar comida y gastarlo en su vicio.

Pero también ˜convive™ con otras seis personas en la misma banqueta, indigentes y enfermos como ella, cuatro hombres y una mujer.

Drogas y alucinaciones

Así­ vive esta joven mujer que aparenta estar sana pero que carga con una mórbida obesidad y una enfermedad mental nunca tratada, lo que le provoca alucinaciones y delirio de persecución debido en parte a su enfermedad mental, y en parte a las drogas que consume desde hace mucho tiempo.

Comenta que ocasionalmente renta un cuarto, pero no dura mucho tiempo ya que la inestabilidad provocada por su estado mental, le obliga a salir de nuevo a las calles a vagar y a conseguir la droga que le hace sentir bien.

œVendo mazapanes, limpiando vidrios, lavando carros, pero no quiero regresar a mi casa ni que me lleven al albergue porque cierran muy temprano las puertas, y no me gusta estar encerradas, explica mientras con su mano derecha señala el albergue municipal, a escasos 10 metros de donde ella se encuentra.

Acostada y cubierta con una sucia frazada, Erika continíºa con su plática, a veces líºcida y a veces incoherente, debido a que dice que padece de insomnio agudo, por lo que por las noches bebe seis cervezas y ocasionalmente se droga con solventes que compra quien sabe dónde, pero que agudizan su enfermedad mental.

œCon el dinero que saco como, lavo las cobijas y La ropa, además pagamos los gastos para trapear las banquetas y barrer la calle, que necesita jabón y detergente, señala tras explicar que nunca ha estado bajo tratamiento médico debido a su evidente estado mental inestable, aunque dice que no está enferma.

La narrativa de Erika iba bien, hasta parecí­a una plática con una personas normal, pero dio un giro brusco y casi imperceptible, al pasar a una estado de incoherencias y alucinaciones, debido a que inhala el gas de algunos solventes, quí­micos y aerosoles que consigue.

œHecho el solvente en un bote y es puro espray con cerveza, y lo hago para poder dormir porque hay mucho demonio que anda por aquí­ en las noches y no me deja dormir. Son muchos demonios que se aparecen y andan en la calle penando y se me aparecen y se me echan encima y no me dejan dormir, señala ya con la mirada perdida.

Comenta que esos que llama demonios brincan sobre su cama y le impiden pararse y ahuyentarlos, alucinaciones que muestran su estado mental deteriorado.

œSolo me cubro la cara y se van solos como los duendes, son muy traviesos como las almas que penan y
andan muy cerca, insiste son moverse del viejo colchón, pero sin dejar de masticar la envoltura del caramelo.

Para apaciguar su estado mental dice que consume mucha cerveza y solventes cada tres dí­as, lo que le tranquiliza.

La mitad son foráneos

Así­ como Erika, la mitad de esos 60 indigentes que hacen de las calles su hogar, son de otras ciudades pero que son traí­dos por desconocidos, quienes los abandonan sin atención alguna, y uno de los lugares más frecuentados por ellos es la banqueta en donde ˜vive™ Erika, de acuerdo al comentario de Omar
Enrí­quez, director de protección civil.

Explica el funcionario que muchas de estas personas son indigentes sanos y sin comportamientos erráticos, aunque basta estar con ellos unos minutos para darse cuenta que son inestables mentalmente, pero muy pasivos.

œNo podemos pedirles una identificación, aunque no la tienen, ya que violarí­amos sus derechos humanos, solo los invitamos a que pasen al albergue, pero no quieren y se quedan en este lugar, explica Enrí­quez.

Todos son adultos y entre ellos son 15 las mujeres detectadas por este organismo municipal.

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