En medio de esta emergencia por el virus COVID-19, a veces tengo la impresión de que, la Organización Mundial de la Salud (OMS) está rebasada por la avasallante realidad.
El organismo fundado el 7 de abril de 1948 requiere de una readecuación en sus protocolos y capacidad de gestión, bastante cuestionable ha sido su
intervención en el caso del í‰bola en ífrica que tanto daño ha provocado con devastadoras consecuencias considerando que el virus surgió en 1976 en Zaire -hoy en día Repíºblica Democrática del Congo- y que, hasta 2015, fue puesta en marcha una vacuna.
Yo, al menos, cuando escucho a Tedros Adhanom, titular de la OMS, no sé si echarme a correr o buscar un diccionario de jeroglíficos para decodificar qué es lo que realmente quiere decir.
Este lunes escuché en streaming la comparecencia más reciente de Adhanom luego de que este fin de semana, Italia se convirtió en el foco del coronavirus más efervescente de Europa.
Hasta el momento hay 326 casos de contagio y van once fallecidos en el país de la bota, con once localidades en cuarentena más de 50 mil habitantes confinados hasta descartar casos de COVID-19.
Giuseppe Conte, primer ministro italiano, habla de un caso de negligencia acerca del supuesto paciente cero: un hombre de 38 años que se sintió mal y llegó al sistema píºblico de salud y fue diagnosticado con una gripe comíºn. Al final, terminó contaminando a toda su familia y a muchos personas con las que tuvo contacto.
Después del estado de alerta en Italia, la OMS ha salido a dar la cara y el mensaje de Adhanom no puede ser más confuso¦ él intenta llamar a la calma empero logra precisamente todo lo contrario: hacernos sentir confundidos y endebles.
Adhanom evitó hacer una declaración de pandemia ante el avance del coronavirus más allá de Wuhan, China dado que ya está presente en 28 países con 2 mil 174 casos confirmados; en voz del titular de la OMS, esta circunstancia actual va más allá de hablar de una pandemia, si bien rehusó -hasta el momento- a declarar la pandemia.
Empero, siguió hablando, y unas cuantas frases después de afirmar que su tasa de mortandad es muy baja œde entre 2 a 4 personas en Wuhan y afuera de 0.7 por persona aceptó que œeste virus tiene capacidad pandémica y pidió entonces al mundo, a los gobiernos y a las personas que se preparen para enfrentar una œeventual pandemia.
A COLACIí“N
Este nuevo virus transmitido también de un animal a un ser humano nos deja como lección que œel virus del miedo avanza más rápido que cualquier enfermedad y que las redes sociales todo lo potencian.
El COVID-19 también desnuda que la OMS debe tener mayores atribuciones para crear verdaderos protocolos de actuación ante la expansión de un virus, de una bacteria o de cualquier enfermedad que masivamente suponga un peligro para la gente.
¿Y si, como circulan por allí los teóricos de la conspiración, el coronavirus fuera parte de una guerra bacteriológica fabricada en un laboratorio de EUA? No solo se pierden vidas humanas sino que se daña a la economía, muchas personas se arruinan porque el miedo aleja las compras, los viajes, las inversiones¦
No hay, a la fecha, un gran y íºnico protocolo de actuación a nivel internacional para frenar la expansión de este enemigo invisible y ya llevamos seis crisis virales masivas¦ y no existe un cortafuegos efectivo.
La OMS tiene que atreverse a formular un acuerdo en el que los gobiernos acepten una línea comíºn de cómo enfrentarse de forma unificada para atajar el avance de enfermedades desconocidas minimizando los daños humanos y relativizando las pérdidas materiales. ¿Qué va a suceder cuando el desafío sea luchar contra una virus potencialmente mortal?
Mientras unos países cierran fronteras como Rusia y anuncian controles; y otros reaccionan poniendo en cuarentena a localidades, pueblos, ciudades, hoteles y hasta barcos; muchos otros países ni siquiera han puesto en vigor ningíºn tipo de control. Llama mucho la atención¦