Recoge basura desde hace 15 años, y no le teme al coronavirus

Nuevo Laredo, Tamaulipas.-Todas las mañanas y desde hace 15 años, Marí­a de Lourdes Gutiérrez Garza, de 56 años de edad, se levanta a las 6 de la mañana para esperar en una de las calles de la colonia en donde vive, Los Olivos, el camión de la empresa Veolia, que las trasladará a las calles del centro en donde tomará su carrito recolector de basura e iniciar su cansado turno a una temperatura que ya supera los 32 grados centí­grados.

Así­ es su rutina cotidiana de todos los dí­as, pero lo hace con amor porque de ello vive aunque el salario que le paguen sea el mí­nimo establecido por la Ley, œpero que le hago si es un trabajo como cualquiera, y además me pagan, expresa en tono conformista porque sabe que a su edad no podrá tener otro empleo, más que el de barrer las calles de la ciudad.

–œ¡¡Huuu¦trabajo así­ desde hace quince años¦y sí­ tengo miedo de eso que llaman coronavirus, pero es poquito porque tengo que trabajar, expresa con una sonrisa mientras toma su carrito y esboza una enorme sonrisa que expresa su alegrí­a de tener un trabajo mientras decenas de personas lo perdieron debido a la pandemia.

Ella tiene tres hijos pero ya son grandes, dice esta menudita mujer de aspecto muy humilde y rasgos autóctonos del sur del paí­s.

Su caminar es rápido, como si tuviera prisa por termina antes de tiempo su jornada laboral, pero camina sin quejarse porque sabe bien qué calles tomará para barrerlas, aunque señala que su área es de la presidencia municipal hasta la plaza Hidalgo, muchas calles que tiene que barrer y dejar limpias, como lo hace desde hace cinco lustros.

œTengo un salario mí­nimo, y me mantengo con eso y con las propinas que me da la gente, pero todos me tratan muy bien porque hago las cosas bien, dice entre broma y seriedad, porque el dinero que le pagan le alcanza para comer y vivir una vida tranquila y sin los pesares que pueden dejar la abundancia y los excesos.

Marí­a forma parte de un ejército de trabajadores de limpieza que todos los dí­as se enfrentan al fuerte calor, cansancio excesivo, enfermedades por tener contacto con bacterias de todo tipo, y ahora con el riesgo de ser contagiados por el COVID-19, pero a ella no le importa más que cumplir con su honesto trabajo.

œMe da gusto trabajar en esto porque tenemos que llevar algo de dinero a la casa para comer, y todos tenemos que salir a las calles¦porque si estamos en nuestras casas nadie nos va a dar para comer, replica con gracia.

–¿Y no tiene miedo de un contagio? Se le preguntó

–œ..pues que sea lo que Dios quiera, porque si malo tiene que pasar¦pos pasará, pero nadie nos hemos enfermado de eso.., dijo mientras tomaba su carrito recolector de basura y se alejaba apresurada por la calle Ocampo rumbo a la plaza Hidalgo.