Cubhaití: La otra migración

Las crisis políticas y sociales que ocurren en varios países de América Latina, tienden a avanzar con tonos de violencia y represión insospechables que pensamos ya habían sido superados desde hace mucho. Las protestas en Cuba contra el gobierno de Díaz Canel; los brotes de violencia en Haití por el asesinato del presidente JovenalMoïse; las manifestaciones en Nicaragua contra el gobierno de Daniel Ortega por suprimir la libertad de expresión; las inconformidades sociales contra el presidente de El Salvador NayibBukele por limitar el ejercicio de los derechos humanos; la incapacidad del presidente de Honduras Juan Orlando Hernández por no detener la violencia de las pandillas que obligan al éxodo de sus habitantes, además de la mano dura de Nicolás Maduro en Venezuela, son clara muestra de que algo ocurre en el subcontinente americano,

Sin duda son una llamada de atención a la democracia y a los gobernantes de esos países, pero más al gobierno de Estados Unidos, en donde su presidente, JoeBiden, hasta este momento ha hecho caso omiso a los graves problemas que representan para su país los conflictos ocurridos apenas hace unos días en Cuba y en Haití.

Biden se había desentendido hasta ahora de lo que ocurre en estos dos países, debido a que toda su atención gira en torno la hegemonía hemisférica que se ha visto trastocada por los embates económicos y políticos de China y de Rusia, países que le disputan el control mundial, y que le roban toda su atención.

Y no es que se repita la historia de los años 70’s y 80’s,cuando por situaciones provocadas por las dictaduras militares en algunos de esos países, las inconformidades terminaron en guerra civil y masacres, lo que no es deseable.

Sin embargo, vemos que debido a esas condiciones, miles de ciudadanos están saliendo de sus países como migrantes desplazados que huyen de la violencia, la pobreza, las persecuciones, el desempleo y la crisis generaliza que los obliga a migrar.

Cientos, tal vez miles de haitianos, cubanos y centroamericanos ya se arremolinan en la frontera de Guatemala con México, en Chiapas, para solicitar asilo o permiso de libre tránsito, y seguir su camino a la frontera norte de México, en busca de la ansiada visa humanitaria o el asilo político en Estados Unidos, por mejores condiciones de vida.

Pero la crisis de Cuba y de Haití no figura aún en los planes de Biden, aunque de un momento a otro deberá atenderla porque la presión de los republicanos para imponer mano dura en Cuba y de resolver las dudas que giran en torno al asesinato de Moïse en Haití, dejan mal parada su administración, por aquello de que se presume que fue orquestado por la misma CIA.

Biden está preocupado y muy ocupado para atender una pandemia que parece escapar a su control, de tratar de hacer que los republicanos se sumen a su proyecto de no confrontación y de alianza, de lograr un acuerdo nuclear con Irán y con Corea del Norte, pero no debe ni puede ya soslayar el serio riesgo que significan Cuba y Haití para su democracia y la seguridad nacional de su país.

Ello debido al inminente estallido migratorio que se avecina con la salida de miles de cubanos y de haitianos; los primeros apoyados por el ala más radical de los cubanos que radican en Florida, y los segundos por el intento de llegar a Estados Unidos, ya sea cruzando el Caribe hasta la Florida, o por México a través de su frontera norte.

Como sea, este archipiélago es ya un asunto más que debe preocupar a Biden, porque Haití en los últimos años se ha convertido en un importante corredor de drogas, que utilizan los traficantes para llegar a la Florida a través de Cuba, aunque  un segundo corredor utilizaría a México, saliendo de Haití hasta Venezuela y Bolivia, y de allí posiblemente a Nicaragua y Honduras.

Ante esta difícil disyuntiva, el liderazgo de Biden está a prueba, y estos retos significan para su gobierno el tener que decidir si continuar con la política de indiferencia y no intervención heredada de Obama, o darle seguimiento a la política dura de Trump en cuanto a una mayor injerencia en los asuntos de Cuba con el endurecimiento del bloqueo y el apoyo a los grupos radicales de Florida y en la misma isla.

Con Haití su política sería la de una intervención subrepticia con el argumento de sofocar las rebeliones sociales mediante ayuda humanitaria, y cortar la ruta del narcotráfico a su país.

Sin embargo, ambos escenarios se ven lejanos, ya que intervenir en Cuba provocaría una inmediata reacción de China y de Rusia, lo que no es conveniente cuando Estados Unidos padece una severa crisis de salud y con los recuerdos frescos de las revueltas sociales que terminaron con la toma del capitolio, por lo que la opción más cerca sería tal vez el endurecimiento del embargo, y de esa manera fortalecer las inconformidades en la isla para debilitar la fortaleza del régimen castrista de Díaz Canel.

Pero la ayuda humanitaria con medicamentos y vacunas contra el COVID, así como el apoyo con tecnología para que los cubanos tengan acceso a Internet, sería la medida más viables en estos momentos, para detener una nueva ola migratoria que amenazaría su frontera sur y pondría en grave riesgo la seguridad nacional de México, por sus implicaciones en materia de salud debido al COVID, y por la incapacidad del gobierno mexicano por atender las necesidades de esta nueva ola de migrantes.

Además, esta situación se agravaría debido a que Estados Unidos aún mantiene vigente el Título 42 impuesto por Donald Trump, y que hace que los indocumentados sean deportados de inmediato por cuestiones de seguridad nacional, dada la amenaza que representa el COVID-19 para su país.

Así, migración y pandemia deberán estar en la agenda principal de Biden, y quiera o no, deberá darles la prioridad que hasta el momento no les ha dado, con una reforma migratoria más integral y más justa, con una política de salud más abierta y dispuesta hacia Cuba y Haití, aunque para ello tenga que colocar en segundo plano por el momento, el asunto de la hegemonía hemisférica y mundial, y renegociar los acuerdos con China, Rusia y Corea del Norte el asunto de los armamentos nucleares.