-Karla y Adriana trabajan en mundos diferentes, casi opuestos.
Nuevo Laredo, Tamaulipas.-Una es policía, la otra barrendera; una es joven…la otra no tanto, y aunque no se conocen, ambas trabajan duro para salir adelante muy a pesar de los riesgos que cada una enfrenta día a día ante las adversidades y los peligros de su propia actividad laboral.
Karla Carrera tiene 32 años y es policía desde hace cinco años, un oficio que pese a los riesgos y peligros que encierra, era un sueño y una vocación que desde niña perseguía porque siempre admiró el uniforme y la disciplina que encierra de manera casi mítica para ella.
“Yo admiraba a los policías desde que era niña, y desde entonces quise ser policía, hasta que en el 2018 me enteré de la convocatoria y me inscribí, pero grande fue mis sorpresa cuando me enteré que había sido aceptada”, dijo esta joven y atractiva mujer, cuyos atributos físicos son bien disimulados por un uniforme bien puesto e impecablemente lucido.
Antes de ser policía Karla era empleada en el sector salud de Tamaulipas, en uno de los 43 municipios de la entidad, y aunque no le iba tan mal, la ‘cosquillita’ de ser policía no la dejaba en paz, y así fue por varios años hasta que decidió atender la solicitud y se inscribió.
“Así fue como me eligieron para pertenecer a la corporación”, explica en detalle al iniciar la charla con cierta incomodidad y desconfianza, tal vez por no estar acostumbra a ser entrevistada, pero fue tal la insistencia que accedió a detallar en poco tiempo parte de su vida como policía estatal.
Y es que la admiración por los policías era tanta que no se quitaba de la mente el portar algún día ese uniforme que a veces le quitaba el sueño y que deseaba portar con la gallardía y el orgullo con que hoy lo hace.
Pero no es la única mujer dentro de la corporación, dice que son muchas y que cada vez son más, “ es algo admirable el valor y la valentía que se tiene para andar y pertenecer a la policía. Para la familia está el riesgo de saber que andamos patrullando los municipios”, explica con un orgullo que no puede disimular esta policía esposa y madre de dos hijos.
A Karla la envían a varios municipios de vez en cuando, y en algunos el riesgo es mayor que en otros, porque dice que vive el día a día, “porque salimos de casa y no sabemos si vamos a regresar porque el peligro está en todos lados”, explica con mucha naturalidad.
A pesar de la inseguridad que prevalece en algunos municipios, dice que a las mujeres se le ve con mayor confianza y aceptación que a los hombres, tal vez por su naturaleza, y porque su don de servicio es mayor que el de los nombres cuando se trata de servir y ayudar a las personas.
Entre sus mayores satisfacciones está cuando los niños se le acercan para admirarla y tocarle el uniforme, lo que llena de orgullo a esta valerosa mujer que en el marco del Día Internacional de la Mujer, ni marcha, ni protesta, ni grita, ni pinta bardas…ni tampoco reprime a quienes se manifiestan por la desigualdad existente aún entre los hombres.
La acompaña un policía varón, y juntos caminan y vigilan que todo estén orden pero Karla se dio unos minutos para acercarse a la plaza cívica de la presidencia municipal, y tomarse unas fotos ante el mural emblemático de este día, que fue colocado en los jardines de la plaza cívica.
-El diario barrer de Adriana.
Entre risitas nerviosas y evasiva para la foto, Adriana es una mujer madura que trabaja desde hace doce años para la empresa Veolia, antes Setasa, barriendo calles y calles en un horario de las 6 de la mañana a las dos de la tarde. Un trabajo agotador que tiene su recompensa cuando se trata de cobrar el salario mínimo que esta mujer gana por dejar limpias las calles que los ciudadanos ensuciamos.
Tiene 55 años de edad, pero a diferencia de la policía Karla, ella no carga un fusil sino una escoba que toma con fuerza para dejar limpias calles y banquetas de basura que gente inconsciente arroja en vez de depositarla en contenedores y botes destinados para ello.
Es ama de casa, pero antes de enrolarse en el ejército de Veolia, trabajaba en una maquiladora, y luego limpiando casas como empleada doméstica, pero decidió emplearse barriendo calles, por lo que todos los días un vehículo de la empresa la recoge al igual que a otros compañeros suyos, cerca del hospital del Imss.
“De ahí salimos cerca de 40 empleados para que nos distribuyan a diferentes calles que tenemos que barrer”, dice desenfado y en un tono de voz que indica que ya está acostumbrada esta rutina, aunque dice que trabaja desde los 20 años de edad.
La vida fue cruel para esta mujer que tiene un hijo que la abandonó al ser madre soltera, situación que le impidió estudiar debido a que la vida no le dio esa oportunidad.
“Fui bien burrita en la primaria…y solo tengo un hijo que no trabaja…pero tampoco o mantengo porque no sé nada de él”, señala a la par de una sonora carcajada que le deja ver sus ya destemplados dientes que contrastan con su buen humor.
Para ella no existe un Día Internacional de la Mujer, porque todos los días son iguales, sin prisas, sin ambiciones, sin metas, y sin protestas, porque si lo hace, de seguro la despiden, “pero como estoy sola tengo que trabajar en las calles…”, señala mientras toma con fuerza su escoba y se retira discretamente del reportero para continuar con su rutinaria labor.


