El escenario global está completamente enrarecido, no había terminado de reconectar y restablecer las cadenas productivas y de distribución afectadas por las cuarentenas y estados de alarma impuestos por diversos países en la pandemia para frenar la velocidad de contagio del SARS-CoV-2 y ahora, la invasión de Rusia ordenada por el dictador Vladimir Putin, contra Ucrania, un país libre y soberano ha desencadenado una ola de sanciones comerciales, financieras, económicas, aeroespaciales. Ucrania está ocupada en la invasión y Rusia vetada por las sanciones mientras Occidente también empieza a recibir represalias rusas.
Apretar el botón energético para ahorcar más al Kremlin y hacerle reaccionar para que frene la invasión y las muertes de civiles, es la nueva decisión tomada por el presidente estadounidense, Joe Biden, empecinado en evidenciar a Putin como un paria, según sus palabras.
De forma histórica, el pasado martes 8 de marzo, el mandatario norteamericano vetó las compras de petróleo y de gas ruso en su país, tras la insistencia del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, indignados ambos por la reciente muerte de cientos de civiles que huían con sus maletas y sus mascotas en ciudades como Irpin y Járkov, en un intento de alto al fuego, para establecer corredores seguros para la salida de civiles y que las tropas rusas no respetaron. Los fotoperiodistas, corresponsales y valerosos periodistas ucranianos -además de bloggers- siguen mostrando al mundo las atrocidades, el genocidio, perpetrado por Putin en Ucrania.
Recientemente Biden dijo que Estados Unidos produce más crudo que todos los países europeos juntos y que está desarrollándose una estrategia de largo plazo para reducir la dependencia de la energía rusa.
También se ha sumado al boicot Reino Unido: el primer ministro, Boris Johnson, que espera dejar de comprarle barriles de crudo a Rusia a finales de 2022.
Las tornas están cambiando, la invasión orquestada por el sátrapa del Kremlin, terminará moldeando un nuevo equilibrio de fuerzas geopolíticas, geoeconómicas y geoestratégicas. Y acelerará la transición energética hacia las renovables.
Por lo pronto está sirviendo de aliciente para desatascar varios conflictos enquistados: una delegación de EU negocia en Venezuela el retorno del petróleo de dicho país a los mercados internacionales y hay acercamientos en EU e Irán para rescatar un acuerdo sobre su programa nuclear que permita a dicha nación volver a los mercados.
Hasta el momento, la Unión Europea (UE) no se suma al veto energético porque depende un 40% del gas ruso, de acuerdo con datos de la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente. A Rusia, la UE le paga 118 mil millones de dólares diarios por ese suministro de gas. La Comisión europea busca una la cuadratura del círculo mediante una estrategia para reducir esa dependencia en dos terceras partes en un año. Por lo pronto llama a la puerta de Noruega, Argelia y Azerbaiyán.
También el 30% del carbón en la UE viene de Rusia y por compras de petróleo, la Organización Ecologista Transport & Environment señala que el club europeo paga 285 millones de dólares diarios por importaciones de crudo; entre el 4% y 8% del suministro de petróleo a Europa pasa por oleoductos desde Rusia.
Occidente está tomando una serie de decisiones arriesgadas para castigar a Putin por atacar a Ucrania, se busca acorralar a la economía, a su presidente, a sus ministros, a los oligarcas, crearle una asfixia que muerda.
A COLACIÓN
Tocar esta vez el petróleo y el gas ha cerrado filas políticas en Estados Unidos: por vez primera esta decisión, durante la gestión de Biden, contó con el apoyo mayoritario tanto de republicanos (incluyendo a los que votaron a Trump) como de todos los demócratas de su partido.
En las encuestas más recientes en la Unión Americana, una publicada por el Wall Street Journal refiere que el 79% de los estadounidenses “apoya la prohibición de las importaciones de petróleo ruso”. El 77% de los republicanos, junto con el 72% de los republicanos que afirman volverán a votar por Donald Trump en 2024, concuerdan con las decisiones de Biden de prohibir las importaciones de petróleo ruso.
Otra encuesta de la Universidad de Quinnipiac, realizada entre el 4 y el 6 de marzo, reveló que el 71% de los norteamericanos está dispuesto a pagar más alto el precio de la gasolina como consecuencia del veto: “El 62% de los republicanos y el 82% de los demócratas están a favor”.
El inquilino de la Casa Blanca, según la Universidad de Quinnipiac, ha subido cinco puntos porcentuales desde enero, en ese entonces solo el 33% de los estadounidenses aprobaban su gestión.
Aunque la Encuesta Nacional de NPR/PBS News Hour/Marist le da a Biden un incremento de ocho puntos, tras su discurso acerca del Estado de la Nación en el que defendió los valores de la libertad y la democracia frente a la tiranía, la opresión y la invasión ejercidas por Putin. La guerra juega tradicionalmente un papel de influencia decisiva en el votante promedio norteamericano. Como en toda guerra hay ganadores y perdedores