Un grito en la oscuridad

La muerte y posible homicidio de la joven regia Debanhi puso en evidencia lo que desde hace años viene padeciendo nuestro país en materia de inseguridad: Que el sistema de justica mexicano ya es además de obsoleto, inoperante e injusto. ¿Por qué una joven mujer tenía que morir para destapar la podredumbre y la incapacidad que prevalece entre las autoridades responsables de investigar, detener y enjuiciar a quienes violen las leyes? ¿Y más a quienes abusen y asesinen a mujeres indefensas?.

Debanhi no tenía que morir para obligar a las ineptas autoridades judiciales a investigar casos que estaban archivados y que gracias al ‘sacrifico’ de esta jovencita, familiares y amigos de otras cinco mujeres desaparecidas en Nuevo León hayan sido localizadas, sí, pero muertas, al igual que decenas que están desaparecidas por todo el territorio nacional, ante la indolencia de autoridades, y el dolor mancillante de sus familiares que ruegan por encontrar aunque sean sus cuerpos.

Pese a lo que diga el presidente López Obrador, de que en México han disminuido los homicidios y la violencia, la realidad le da una bofetada, ya que de acuerdo a la Secretaría de Seguridad Pública Nacional, marzo fue el mes más violento de este año y desde que el presidente tomó posesión del cargo, la mitad de la inseguridad y la violencia se concentran en solo seis Estados, de todos los homicidios cometidos en el país.

Se trata de Guanajuato (766), Michoacán (756), Edomex (629), Baja California (593), Jalisco (468), y Sonora (488); y aunque las cifras tal vez no sean más que números, en la realidad con que sea uno solo es más que suficiente como para preocupar a las autoridades y a la sociedad misma, la que se siente indefensa y muy insegura de caminar en las calles, de acudir a un cajero automático, o de caminar por las noches, percepción social que es mucho más alta durante este sexenio que en el sexenio anterior, de acuerdo a una encuesta reciente elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi).

En lo que se refiere a asesinatos de mujeres, el año pasado fue el más violento contra las mujeres, con una cifra nada honrosa para el presente gobierno federal, al haber acumulado mil cuatro muertes de mujeres, la cifra más alta en este sexenio. Muy a pesar de que López Obrador diga lo contrario, y en comparación con el último año de Peña Nieto, es más alta que las 917 muertes de mujeres en ese año.

Tal vez por ello el Comité Contra las Desapariciones Forzadas de la ONU haya ‘recomendado’ al presidente López Obrador que atienda más este rubro, toda vez que al 26 de noviembre del año pasado este organismo documentó 95 mil 121 desapariciones forzadas en México, 112 durante la estancia de tres días de este comité.

Es por ello que la muerte de Debanhi no debe quedar impune, y tampoco la muerte de las mil cuatro mujeres que fallecieron o fueron asesinadas ante la tibieza del presidente López Obrador por minimizarlas. Pero Debanhi con su muerte ha lanzado un fuerte Grito en la Oscuridad, a ver si a partir de este doloroso acontecimiento las autoridades investigan mejor y hacen mejor su trabajo.

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El presidente López Obrador está jugando una carta muy peligrosa y delicada al exhibir públicamente a los diputados que se opusieron a él y a su Reforma Eléctrica, y lo peor es que los califica ante la opinión pública como traidores a la patria, un concepto tan subjetivo y tan impreciso, que la sola voz del presidente la da la validez oficial suficiente como para que el sentido común y la opinión pública lo tomen como verdadero, lo que está generando una peligrosa polarización social que puede terminar con actos violentos contra quienes se opongan a las decisiones del presidente, no a la Patria, no a la Nación, no a la República, no al País, sino a las decisiones de un gobernante obcecado, terco, rencoroso, cínico, irónico y vengativo.

Todas las reformas propuestas por el presidente López Obrador son buenas, siempre y cuando sus decisiones hayan sido tomadas bajo el consenso, el acuerdo y los puntos de vista de todos los legisladores, estén o no de acuerdo, porque en un régimen democrático como el mexicano, no estar de acuerdo es parte de la libertad de expresión.

Pero tal parece que en este régimen presidencialista los desacuerdos son tomados como no estar de acuerdo con la Patria, cuando en realidad no se está de acuerdo en la forma en que se toman las decisiones.

Los diputados opositores a la Reforma Eléctrica, sean del partido que sean, opositores o no, no deben ser señalados con calificativos que denostan su integridad y su calidad moral, así pertenezcan al ala más radical de la derecha, o a la izquierda más recalcitrante.

El ser exhibidos públicamente los diputados opositores en las redes sociales no solo es un acto denigrante, sino que muestra también de manera pública el bajo nivel de conciliación,  de ética y de moral de quienes lo hacen.

Tal parece que estamos en un lamentable proceso de regresión social cuando deberíamos ya estar en un nivel democrático de un país en el que la toma de decisiones debe hacerse de manera civilizada y no arcaica, pero lamentablemente cuando pensábamos que la era del PRI y del PAN autocráticos había terminado con la asunción de un presidente demócrata, vemos que la democracia representativa que había quedado atrás, cedió su lugar a una autocracia en ciernes.

¿En dónde está la democracia participativa? ¿En dónde y en qué momento el pueblo participa en la toma de decisiones? No basta con que el pueblo acuda a las urnas a votar por una decisión ya tomada de antemano. Una democracia participativa debe ser fincada con base en la democratización de la sociedad civil, es decir, no solo con darle el poder al pueblo, sino darle las herramientas necesarias y suficientes para que ese poder se ejerza de manera consciente e inteligente.

Tal parece que del intelectual orgánico al que tanto hace alusión  el presidente López Obrador, estamos pasando a la etapa del político orgánico, es decir, de los políticos que simpatizan más con las decisiones políticas del presidente en turno, que con las necesidades sociales de la población. ¿Será?