El título de hoy es referido al retorno de esta pluma a la mesa de opinión. Después de unos días de descanso y ahora con mayor ánimo para continuar, sobre todo para aquellos lectores a quienes les provoca reflexión, análisis de la política nacional con repercusiones locales.
Indudablemente que el tema central de hoy no puede ser distinto al despliegue de seres humanos concentrados en la capital del país este domingo 27 de noviembre, por la convocatoria que lanzó el presidente López.
En un primer momento se puede afirmar que La Marcha en favor de AMLO, fue un evento pensado, calculado para un público meta. Es decir, para los clientes de la llamada 4T.Por cierto, según las encuestas publicadas en diferentes espacios de Internet, la mayoría de los mexicanos aprueban en poco más del 60%, la política impuesta por el originario de Macuspana, Tab.
Los analistas nacionales del tema político-presidencial coinciden en que La Marcha de López Obrador fue una acción gubernamental, donde pulularon miembros de la burocracia federal, de algunas entidades federativas, alcaldías (antes municipios y/o delegaciones políticas) y desde luego empleados del gobierno de la CDMX.
No es de sorprenderse que, como en el viejo estilo Tricolor, -por cierto, que vivió más de 70 años gobernando a los mexicanos-se utilizó la estrategia de ‘invitar’ a las organizaciones sociales, sindicales, deportivas, comerciales, etc., para hacerse presentes en La Marcha del 27.
Las Marchas del 13 y la del 27 tienen orígenes muy comunes pero muy distintos. Porque en la primera, fue con el objetivo de defender el trabajo del Instituto Nacional Electoral (INE) y por consecuencia, se protestó por la amenaza de su desaparición. La Segunda tiene como objetivo ‘demostrar’ la fuerza del gobierno federal y la aceptación de la política AMLO.
Además de los convocantes y participantes, las concentraciones tienen orígenes muy distintos, porque en la primera, fueron organizaciones civiles, mientras en la segunda, es el gobierno, por lo tanto, el día 13 es notoria la espontaneidad y la segunda, como en todos los años, el acarreo.
Un detalle más: La del 13, los participantes asistieron con sus propios recursos, incluso los que llegaron a la CDMX tuvieron que respetar la supuesta “contingencia ambiental” que llevó al doble no circula… Por si fuera poco, quienes no tuvieron o se vieron imposibilitados para acudir a la capital del país, se organizaron en sus propias entidades donde se manifestaron. Mientras en la del 27 los convocados no pagaron el transporte.
Hasta el momento de escribir este espacio, desconozco de reportes oficiales o periodísticos, de que La Marcha del 27 se haya replicado en alguna otra ciudad, pueblo, ranchería o ejido de este México nuestro.
Admito que ambas marchas fundamentalmente fueron actos de masas organizados por la sociedad civil y el Estado mexicano. Aclaro que en ambos eventos masivos la asistencia haya sido espontánea de unos y hubo mexicanos de los ¿tres? sexos, que acudieron convencidos de lo que estaban viviendo.
Por lo pronto el mexicano, más común que corriente, es quien determina lo que sigue, porque la finalidad última de ambas marchas, es el primer domingo de junio del 2024, donde se elegirá presidente sustituto.
Cierro este espacio con la pésima noticia local anunciada por Televisa del Golfo, donde se transcribe el comunicado de la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villarreal, de Nuevo Laredo, donde la inseguridad hace presa a los habitantes de aquella frontera, cuando recomienda no salir de sus casas y la suspensión del transporte público.
En un comunicado de la Federación de Cámaras de Comercio de Tamaulipas, estimó “…que la violencia en Nuevo Laredo, Tamaulipas el día de hoy, generó pérdidas de 100 millones de pesos solo en el rubro de comercio y servicios”, por lo que Julio Almanza Armas, presidente de la FECANACO, hizo un llamado al Gobierno Federal y del Estado para restablecer el orden y gobernabilidad en esa frontera.