-Salen varios camiones repletos de migrantes.
Nuevo Laredo, Tamaulipas.-Luego de dos semanas de permanecer en esta frontera esperando que sus peticiones de asilo humanitario en Estados Unidos sean atendidas, la esperanza de cientos de migrantes se esfumó de golpe, y poco a poco abordan varios autobuses con destino a Monterrey, en donde su destino será incierto porque no saben si allí los dejarán a su suerte, o si serán enviados a otras fronteras.
Y es que hace una semana el gobierno norteamericano a través de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), sin dar explicaciones suspendió todo trámite para los migrantes por esta frontera, por lo que el Instituto Nacional de Migración (INM) en coordinación con Protección Civil municipal, acordaron el traslado de los casi mil 700 migrantes que se encuentran en la plaza Morelos.
Entre mentiras y verdades a medias los migrantes son llevados a varios autobuses foráneos, y a decir de ellos, se los llevarán aunque sean pocos los que quieran,porque existe la consigna que entre el domingo y el lunes esa plaza esté completamente libre de migrantes.
Tres autobuses llenos son el testimonio del desalojo; a un lado el titular de Protección Civil, Humberto Fernández Diez de Pinos dialoga con funcionarios del organismo federal mientras algunos migrantes intentan saber el destino que les espera una vez que aborden los camiones.
“Nos piden el apoyo porque prefieren ir por Matamoros porque allí hay 500 citas liberándose diarias, y aquí solo 50, por lo que van a Monterrey con destino a Matamoros, y es el apoyo que nos pidieron”, expresó el funcionario.
Otro autobús se va a Piedras Negras en donde se expiden 350 citas diarias, y aunque la mayoría prefiere quedarse aquí para esperar que atiendan sus solicitudes de asilo, el lunes10 de julio la plaza Morelos deberá estar libe de migrantes.
El drama
Danyla es colombiana y tiene los ojos llorosos porque no desea abordar el autobús. Viaja al lado de su pareja Jhonyquien es de Venezuela, pero tuvieron que dejar a sus dos hijos en Colombia para realizar este penoso viaje luego de vender todo lo que tenían, su casa, sus pertenencias y su lánguida esperanza de una vida mejor que en cualquier momento puede quedar trunca.
Titubeantes esperan afuera de uno de los autobuses. No quieren irse porque prefieren esperar aquí a que les llamen, pero las posibilidades son pocas porque ya no hay citas.
“Nos dijeron que nos llevarán a Monterrey y que allí nos dejarán en las calles, y que cada quien le haga como pueda.¿Y adónde quieren que nos vayamos si ya no tenemos nada, ni siquiera dinero?”, es la razón por la que no se quieren ir.
Brenda viajó sola desde Honduras al lado de sus tres pequeñas hijas, de 9, 5 y dos años. Es una robusta mulata que salió el 15 de mayo de su país, pero debido a que la mayor tiene una enfermedad que requiere de transfusiones de sangre, su peregrinar fue todo un sufrimiento.
“Tuve que caminar mucho con mis hijas, sufrir la lluvia y el sereno, dormir en las calles fue mucho sufrimiento porque pasamos mucha hambre hasta tener los labios rotos por la sed, y mis hijas sufrieron demasiado para poder llegar hasta acá. ¿Y todo para qué?”, cuestiona mientras a su lado los funcionarios de migración y de Protección Civil ventilan su destino.
Los pies de las tres niñas, con laceraciones y golpes que curaron con el tiempo muestran los avatares de su peregrinar, pero Brenda lamenta que se la tengan llevar en contra de su voluntad a Monterrey. “Yo no me quiero ir y no me quiero mover, porque aquí ya estoy a un paso (del puente) y llegué aquí con el problema de mi niña que necesita transfusión de sangre”, explica la mujer.
De país en país hasta contar 7, Junior viajó desde Venezuela sufriendo vejaciones, extorsiones y muchos peligros en la temida selva del ‘Darién’, la que tardó tres días en cruzar no sin antes afrontar los riesgos de bandas de criminales que lo asaltaron, pero dijo que al llegar a Guatemala la situación fue peor con algunos policías y agentes de migración, que también lo extorsionaron para poder avanzar, y que lo mismo ocurrió en Tapachula.
Lamentó que al llegar a Matamoros no hubo apoyo para los migrantes, por lo que se trasladaron a Nuevo Laredo debido al rumor de que ya estaban dejando pasar, “y nos dijeron autoridades municipales que vinieron a esta plaza que después del cuatro de julio que iban a tramitar 150 personas, pero desde entonces no ha pasado nada. Fueron puras mentiras”, señaló.
Maríaviajó con su familias desde Venezuela, y aunque ya tiene una cita que tramitó en la aplicación CBP One, tiene miedo de que se la lleven en los camiones a Monterrey, pero más temor le causa quedarse en Nuevo Laredo a esperar la fecha para la entrevista en Laredo, Texas, porque no tiene en donde quedarse si el campamento es desmantelado en estos días.
Allí están los migrantes, dentro de improvisados refugios, bajo lonas que no pueden cubrir su miseria ni el sofocante calor que los deshidrata.
Así narran su drama estos migrantes que durante meses, semanas y días caminaron desde sus países de origen en un Vía Crucis que aún no termina, pero que amenaza con convertirse en una crisis migratoria que puede desbordar la capacidad del gobierno mexicano si no atiende rápido y con recursos una necesidad que comparte con Estados Unidos, país que se niega a reconocer su responsabilidad.



