El país se convulsiona en una tormentosa espiral de violencia e inseguridad en casi todos sus rincones, con secuestros, asesinatos, enfrentamientos, balaceras y todo tipo de atrocidades cometidas por delincuentes que hacen lo que quieren gracias a que en México existe un gobierno federal indolente, tolerante, incapaz e ineficaz para el combate a una inseguridad que ya es galopante y aterradora.
El secuestro y posterior liberación de Yolanda Martínez, alcaldesa de Cotija, Michoacán, en Zapopan, es solo una muestra de ello, ya que previamente existen cientos de actos delictivos que marcan a México como uno de los países más peligrosos e inseguros del mundo tanto para la sociedad civil como para funcionarios, políticos, empresarios y periodistas; y el ejemplo más reciente es el homicidio del periodista Jesús Gutiérrez, ocurrido el domingo 24 de septiembre, una víctima colateral de la inseguridad que priva en Sonora. Uno más entre los 28 periodistas asesinados entre el 2022 y lo que va de este año. ¡Todos impunes!
Esto representa ya una severa crisis de inseguridad que acumula en este sexenio más de 162 mil homicidios y más de 26 mil desaparecidos en el sexenio más violento e inseguro en la historia del país.
Pero a esta crisis de inseguridad y social se suma otra crisis no menos brutal: La crisis migratoria, que por su envergadura y sus consecuencias nada halagüeñas, avizora convertirse en una de las más severas crisis humanas y de movilidad social de su historia, porque se define por la incapacidad de solución tanto en México como en Estados Unidos.
De acuerdo a la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), una crisis migratoria se puede definir por la generación de movimientos humanos tanto al interior como al exterior de un país, los que pueden ocasionar severos cambios en la movilidad social y en la estructura social interna de un país, cuyos gobernantes de ven incapaces para brindarles seguridad, empleo, alimento y alojamiento.
Pero actualmente es un fenómeno más complejo y a muy grande escala, debido a que ahora lo integran personas más jóvenes; profesionistas, mujeres con niños, embarazadas, familias y niños no acompañados con un muy alto grado de vulnerabilidad.
Todos ellos son afectados por situaciones diversas, como la raza, la cultura, el género y, más recientemente, por conflictos sociales y naturales como las guerras, las invasiones armadas, las persecuciones políticas e incluso, el cambio climático y el uso irracional de recursos naturales como el agua, los bosques y los alimentos.
Y todos ellos a la vista de los gobiernos y de quienes lucran con el tráfico humano, y al estar en situación irregular en un país que no es el suyo, son prácticamente invisibles y por lo tanto muy vulnerables a todo tipo de atropellos como la trata, el trabajo forzado, sin derechos de ningún tipo y expuesto siempre a las agresiones, las humillaciones, las detenciones y las deportaciones.
Esta situación de invisibilidad obligada es una clara violación a los tratados y convenciones internacionales sobre derechos humanos, que han sido firmados por México y por Estados Unidos, países que violan de manera constante acuerdos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, y los Estatutos de Refugiados firmados en la Convención de Ginebra en 1951 y 1967.
Es por ello que la regularización de las migraciones debe estar garantizada por las naciones afectadas por este fenómeno, y deben brindar todas las facilidades para su integración, socialización y registro en las sociedades a las que llegan. Esto se refleja de manera clara en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible recién suscrito por varios países, cuyo objetivo es evitar la polarización social tomando como pretexto o argumento las migraciones irregulares.
La semana pasada la secretaria de Relaciones Exteriores de México, Alicia Bárcenas, reconoció en la sede de Naciones Unidas que cada día ingresan al país 9 mil migrantes de diferentes nacionalidades que se sumarán a los miles que ya están en el país desde hace tiempo.
Y no es para menos que las puertas que abrió el gobierno del presidente López Obrador a la migración internacional, haya provocado que arriben miles de migrantes de todas partes del mundo.
Hay registro de migrantes de países tan lejanos como Izbekistán, Georgia, Ucrania, China, Sri Lanka, Medio Oriente, África y Asia, que se suman a los que ya hay y que juntos, viven y si acaso sobreviven en las condiciones más apremiantes y angustiantes que podamos imaginar.
Ante esta inevitable realidad, la crisis migratoria está latente en todos los rincones del país; en el sur por las estampidas humanas que tratan de evitar ser detenidos por agentes de migración y la Guardia Nacional, en el centro son llevados por delincuentes en camiones cerrados por pagos de 6 mil hasta 12 mil dólares en peligrosos y mortales viajes a la frontera norte de México.
En el centro del país hay varados miles de debido a que la empresa Ferromex detuvo el tránsito de sus trenes convertido ya en la nueva ‘Bestia’, ahora vigilada por agentes del INM y de la Guardia Nacional, lo que hace más peligrosa su aventura de llegar al norte, en donde les esperan semanas de angustia, suplicio y terror al ser de nueva cuenta víctimas de la inseguridad y de la delincuencia organizada o no.
La migración ya es un asunto muy grave y se seguridad nacional para México y para Estados Unidos, y la nueva oleada migratoria integrada en su mayoría por venezolanos, se enfrenta a situaciones de mayor riesgo y peligrosidad, sobre todo después de haber terminado el Titulo 42.
La OIM reconoce números récord de migrantes en México, con una mayor diversidad de nacionalidades que pagan más dinero a los traficantes por llegar a la frontera norte de México, lo que ocasiona debates discriminatorios en el Senado estadounidense, y ha logrado que los republicanos consigan que México acepte a migrantes capturados en suelo norteamericano para ser deportados con dinero mexicano a sus países de origen o al sur de México para expulsarlos a su vez a Guatemala, sobre todo migrantes de Cuba, Venezuela, Haití y Nicaragua.
Para ello México dispone de al menos 34 mil elementos de la Guardia Nacional para contener en el sur los flujos migratorios, 4 mil más que al iniciar este año, los que se concentran en las dos fronteras del país, en particular en los municipios de Matamoros, Reynosa, Piedras Negras, ciudad Juárez y Tijuana, en donde los migrantes viven ya una tragedia que de no ser atendida y resuelta pudiera profundizar aún más las otras crisis. ¿Usted que piensa amigo lector?
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Hasta mañana