Acapulco

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Para muchos mexicanos mayores de edad, el nacimiento del bello y paradisiaco puerto turístico de Acapulco, fue gracias al patrocinio del presidente mexicano, de origen veracruzano, Miguel Alemán Valdés (1946-1952).

Los biógrafos del veracruzanoaseguran es parte de ‘Los Cachorros de la Revolución’, clasificación ideada por Don Vicente Lombardo Toledano, además de caracterizar su gobierno por la creación de Ciudad Universitaria (UNAM), industrializar al país, aunque también hubo nepotismo y corrupción en su gobierno.

Alemán Valdés también fue empresario relacionado con la comunicación y las letras, cuando fue miembro de las academias de la lengua de México, España, Colombia y Nicaragua; recibió el grado de doctor honoris causa de varias universidades nacionales y extranjeras.

En la década de los años sesenta Acapulco dio a México la categoría de internacional en el turismo, pues personas de todas partes del planeta se recrearon en la bahía de ensueño, donde la inversión no se conformó con instalaciones de 5 estrellas, sino que llegaron a Gran turismo con eventos del mundo del espectáculo en todas sus fases, así como del comercio, las finanzas y hasta educativos.

Los empresarios de Acapulco también invirtieron en el turismo popular, sin perder de vista la clase adinerada, pues el gran lujo de zonas como la diamante jamás se descuidó y también la parte residencial para la clase privilegiada nacional y extranjera, de tal suerte que usted puede conocer desde la misma bahía las residencias.

Acapulco fue tan popular, que en los sesenta, setenta y hasta los ochenta, las lunas de miel de los recién casados eran el pan nuestro de cada día de los hoteleros de dos a 5 estrellas y más. Además de los paseos y centros nocturnos o antros que han sido famosos por el tipo de clientes que reciben.

Desde luego… hasta que nació en Quinta Roo, el nuevo centro turístico internacional, Can Cun, que también se le indilga a un grupo de inversionistas liderados por el presidente Luis Echeverría Álvarez (1970-19976).

Volviendo a las Costa del Pacífico, a los acapulqueños inesperadamente el Huracán Otis llegó y pegó muy fuerte ese fatídico de 24 de octubre, aunque autoridades meteorológicas de Estado Unidos aseguran que lo pronosticaron desde 48 horas antes.

La periodista mexicana Fernanda Familiar, reportó desde el hotel Gran Turismo, sede de un Congreso Mundial, que por un mensaje de texto una amistad le recomendó salir del puerto porque iba a pegar un huracán categoría 5… no hizo caso. No creyó.

Sin poder computar los daños materiales y humanos de las zonas turísticas y mucho menos de áreas populares en colonias y barrios habitacionales, las interrogantes nacionales siguen sin encontrar respuestas concretas, por ejemplo, en el número de fallecidos, turistas y vecinos desaparecidos, viviendas dañadas. Se manejan números distintos, depende la fuente.

También la información oficial sobre la visita presidencial o dela gobernadora local, Evelyn Salgado,cuando se supo que el inquilino de Palacio Nacional, prefirió viajar por carretera que por helicóptero y lo mismo la titular del Ejecutivo del Estado.

El peligro que representaba el paso del huracán Otis por las costas del pacífico, denota que actuaron tarde y mal, que cayeron en una cruel omisión y esta posibilidad se refuerza cada día si se toma en cuenta la información generada por el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos y las cronologías hechas por periodistas como Sandra Romandía Vega y Peniley Ramírez.

La lección de ayuda, de solidaridad en los mexicanos se torna cada día más difícil, por las lecciones golpeadoras que nos ha dado la televisión nacional, cuando en otros tiempos se descubrieron bodegas enormes con alimentos donados y utilizados por corruptos políticos para propaganda partidista.

Lo muy malo en esta lección fue darnos cuenta que con las donaciones vamos ayudar a ladrones de tiendas, a saqueadores del comercio organizado, que bajo la triste imagen de pobreza y desastre aparece la de una policía, un ejército complaciente del robo, del saqueo.

Desde luego con la tragedia de Acapulco, quedó claro la incapacidad de un gobierno federal y estatal no solo de usar información eficaz, oportuna, exigentede la cooperación nacional, insistente en el descrédito a grupos y ataquea periodistas, sino también cómplice de los que estiran la mano.