Mientras Estados Unidos redefine sus zonas de influencia, a Rusia le perjudica perder un aliado en América Latina. Hace no tanto, en octubre pasado, Venezuela invitó a Rusia para llevar a cabo ejercicios militares conjuntos para proteger las costas venezolanas; y, hasta Maduro, llegó a ofrecer su país para instalar una base militar rusa.
Tras la captura de Maduro y de su esposa, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso pidió su liberación: “Hacemosun llamamiento firme al liderazgo estadounidense para que reconsidere esta postura y libere al presidente legítimamente elegido de un país soberano y a su esposa”.
En un mensaje aparte, el ministerio informó que el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, habló por teléfono con la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, y le expresó su solidaridad frente a la agresión armada.
“Rusia seguirá apoyando la línea seguida por su liderazgo bolivariano para defender los intereses nacionales y la soberanía del país”, afirmó el Ministerio de Asuntos Exteriores. E instó a la moderación y advirtió contra una mayor escalada.
Otro hecho, igualmente destacado por los medios de comunicación europeos es el contexto bajo el que se desarrolló la Operación Resolución Absoluta: la periodista Cate Cadell, del Washington Post, reveló que el ataque nocturno de Estados Unidos contra Venezuela y la captura de Maduro, se produjo apenas unas horas después de que un enviado especial chino se reuniera con el líder venezolano para reafirmar el apoyo de Beijing al régimen chavista.
“Poco antes de que se desarrollara el ataque sorpresa estadounidense, una delegación de funcionarios chinos llegó a Caracas, encabezada por el enviado especial de Beijing para asuntos latinoamericanos y caribeños, Qiu Xiaoqi, quien se reunió con Maduro para discutir las crecientes tensiones con Estados Unidos”, refirió Cadell.
También hablaron de ampliar los acuerdos energéticos y la cooperación Venezuela-China. El gobierno del presidente chino, Xi Jinping, es uno de los aliados más fuertes del régimen de Maduro y durante la última década ha proporcionado ayuda económica, financiera y comercial a Venezuela y es uno de los principales clientes del petróleo venezolano. Decenas de cargueros chinos recalan en la terminal naviera de José cargando los suministros energéticos venezolanos que ahora quedarán interrumpidos tras la intervención militar de Estados Unidos.
Menos de siete horas después de esta reunión bilateral, Maduro y su esposa, fueron detenidos y llevados al portaaviones USS Iowa Jima para ser entregados ante la justicia norteamericana y encarcelados en Nueva York.
Mediante un comunicado de prensa, el Ministerio de Asuntos Exteriores chino condenó dicha acción: “China está profundamente consternada por el flagrante uso de la fuerza por parte de Estados Unidos contra un país soberano y su ataque al presidente de un país; y lo condena enérgicamente. Este tipo de comportamiento hegemónico de Estados Unidos viola gravemente el derecho internacional, infringe la soberanía de Venezuela y amenaza la paz y la seguridad en América Latina y el Caribe”.
A COLACIÓN
A estas alturas, nadie sabe en Europa, cuál será el destino de Venezuela y de los venezolanos en el extranjero: son casi 8 millones los venezolanos lejos de su país y que en su momento decidieron huir de la persecución, miseria y las atrocidades cometidas por el régimen chavista cuya dictadura se ha prolongado ya 25 años en el tiempo.
Hace unos días hablé al respecto con el político venezolano Julio Borges, exiliado en Madrid y quien fungió como presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela (de 2017 a 2018). En su opinión, su país ha iniciado una transición irreversible, impulsada por dos hitos determinantes.
“El primero, es la culminación de una gesta cívica sin precedentes el pasado 28 de julio de 2024. El segundo, es la deriva del propio Nicolás Maduro, quien al elegir la violencia, el hermetismo y el control del crimen organizado, selló el desenlace de su gestión”, recalcó.
Borges descartó cualquier peligro de guerra civil en Venezuela, al tiempo que recalcó la necesidad de que la transición se fundamente en el reconocimiento de la soberanía popular expresada en las urnas y en el liderazgo legítimo que de ella emana.
Nadie sabe hasta el momento qué papel jugarán en esta transición tanto el presidente electo Edmundo González también refugiado en España como la premio Nobel de la Paz, María Corina Machado.
Las propias declaraciones de Trump han suscitado muchas dudas al respecto de si considerará a Corina Machado dentro de la ecuación de la transición. Borges cree que cualquier intento de figuras como Delcy Rodríguez por retener el control es solo una fase de un proceso que desembocará inevitablemente en elecciones generales para renovar todos los poderes. ¡Ojalá y suceda así!