Mientras Trump amenaza con imponer nuevas sanciones arancelarias a todos los países que se opongan a sus planes de apropiarse Groenlandia, prácticamente Europa ha entrado en modo pánico. En estos momentos diversos contingentes militares de Dinamarca, Francia, Alemania y Suecia vuelan hacia Groenlandia bajo la llamada Operación Resistencia Ártica.
España está analizando enviar tropas también para participar en dichos ejercicios militares mientras la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, pide tranquilidad y destaca que la OTAN en su conjunto debería asumir la defensa de Groenlandia como un eje de seguridad en común.
Eso sería claro, lo plausible y lo deseable. Y, por supuesto, lo lógico si partimos de que Estados Unidos es miembro de la OTAN y a los países a los que está amenazando verbalmente con imponerles nuevas sanciones son sus históricos aliados.
Pero Trump lo está volando todo por los aires y Groenlandia es ya dinamita pura. No son pocos los países aliados que están pidiendo la suspensión de la próxima asamblea de la OTAN, el 7 y 8 de julio en Turquía, si el mandatario norteamericano no cesa sus amenazas de apropiarse a como dé lugar de la gran isla de hielo y encima hasta castigar a sus aliados con más aranceles.
Aquí en Europa están en shock: la falta de propuestas vitales por parte del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, es vista como una auténtica ausencia de liderazgo y un deleznable sometimiento a Washington.
¿Qué espera Rutte para convocar una reunión de urgencia de todos los aliados de la OTAN en Bruselas con Trump incluido? ¿Qué espera para proponer un amplio programa de defensa usando el paraguas de la Alianza para reforzar la seguridad y defensa de Groenlandia?
Esa ausencia de propuestas solo denota el jardín lleno de espinas sobre el que transitan los europeos: en una encrucijada, en la que pasado mañana, la Alianza que nació en 1949 podría ni siquiera llegar en pie para finales de 2026.
En lo personal me parece sospechoso el cambio de rumbo en la Casa Blanca, a raíz del encuentro de Trump con el dictador ruso, Vladimir Putin, en Anchorage el 15 de agosto del año pasado.
Un vis a vis con su equipo más cercano, sin casi prensa y encima en una base militar inaccesible. ¿De qué hablaron Trump y Putin? Porque tal parece que dialogaron repartirse el mundo en una especie de “tú te quedas con Venezuela, Cuba, Nicaragua y Groenlandia” y “yo con Ucrania, los Bálticos, Moldavia y los países de Europa del Este que pueda recuperar”. Y, por supuesto, Israel controlará Gaza y seguirá con su proceso de colonización de Cisjordania con la mirada puesta en que caiga lo más pronto posible el régimen de los ayatolá que son el principal enemigo de Israel.
Que Estados Unidos se reparta el mundo con los rusos para dejar fuera de la ecuación a China es lo que más desean los estrategas norteamericanos, pero los supremacistas de la Casa Blanca no pueden creer que China quedará fuera de esta aritmética imperialista.
Y, desde luego, sería un error pensar que en África ningún país moverá ficha. Que no lo hará Marruecos, protegido por Estados Unidos o que Egipto o Sudáfrica o Argelia no lo intentarán.
A COLACIÓN
Me atrevo a decir que hay un plan deliberado para volar por los aires a la OTAN. Ya lo intentó Trump en su primer mandato, cuando amagó con retirar a su país y presionó y presionó para que los aliados aumentasen su gasto en defensa.
Los países europeos están gastando como nunca en defensa y comprando muchas armas estadounidenses para alegrar a Trump y a sus amigos. Ya no hay el pretexto de si no gastan… me voy.
Ahora es Groenlandia. Y, Trump, no ha pedido a la Alianza planes de disuasión, ni defensa, que le sale más barato al Pentágono que la OTAN pague por ello a que, solo sea Estados Unidos, el garante de la seguridad de los groenlandeses.
Así es estimado lector, ¿lo pilla? Lo que Trump quiere es destruir a la OTAN usando a Groenlandia de pretexto… sino hay OTAN, no hay forma de que Ucrania sea miembro algún día. Tampoco hay manera de que los aliados europeos acudan a activar el Artículo 5 de la defensa colectiva si, por ejemplo, Putin ataca a los Bálticos: tanto Estonia, como Lituania, como Letonia han venido advirtiendo que el Kremlin prepara un ataque, una vez controle a Ucrania.
El paraguas de la OTAN les da un respiro. Pero esto podría esfumarse para beneficio de Putin que hasta el momento, no ha movido un solo dedo, para defender a Maduro o a Jamenei. La cadena de acontecimientos podría ser funesta: Trump se queda sí o sí con Groenlandia; la OTAN vuela por los aires y los europeos, como dicen en España, estarán con el culo al aire. Y, Putin, con sus mapas analizando por dónde iniciará la próxima invasión. Piensa mal y acertarás…